Esta es la historia de un hombre que pasó de la gloria absoluta de los estadios y los hoteles de cinco estrellas a ser arrojado a la calle con sus maletas en la mano. Un hombre que vivió atrapado en una jaula de oro y terminó pagando el precio más caro que se puede pagar en esta vida: su propia dignidad y estabilidad financiera durante décadas. Hoy hablamos de José Manuel Estrada Calzada, aunque todo el mundo lo conoce como Pipi Estrada.

No se trata solo de la biografía de un famoso de la televisión. Es un descenso brutal a los infiernos del sensacionalismo, una travesía llena de sombras infantiles, deudas millonarias y escándalos sexuales que marcaron el rumbo de la crónica social en España. Para comprender a Pipi, debemos viajar a la Asturias de finales de los años 50.
Infancia en Gijón: hierro, salitre y una mirada inquieta
Nació el 12 de marzo de 1957 en Gijón, un rincón del norte donde el mar Cantábrico golpea las rocas con fuerza y el humo de las chimeneas industriales se mezcla con el olor a salitre. Pipi creció en una familia humilde, marcada por la cultura del esfuerzo. Su padre trabajaba en la siderúrgica Ensidesa, y aquel ambiente de metal, fuego y horarios estrictos forjó en José Manuel una dualidad: disciplina y un fuego interno que siempre amenazó con romper la estabilidad convencional.
Desde niño, Pipi sabía que quería algo más que ser un engranaje más de Gijón. Su mundo debía ser más grande, lleno de luces, no de sombras de fábrica. Y aunque nadie en su barrio sospechaba que aquel niño de mirada despierta se convertiría en rostro de escándalos nacionales, los primeros indicios de su inquietud eran evidentes.

Durante su adolescencia coqueteó con la fe católica y, por un tiempo, llegó a considerar seriamente ingresar en un seminario. Sin embargo, aquella vocación no nacía de la devoción, sino del deseo de aventura y estatus que percibía en la institución eclesiástica. Como muchas de sus ilusiones tempranas, esta también se desvaneció cuando los placeres mundanos llamaron a su puerta: la música, la noche y la compañía de las mujeres le resultaron más atractivas que la austeridad del altar.
Detrás de esa fachada de rebeldía se escondía un dolor profundo. A los 13 años, mientras estudiaba en un colegio de jesuitas, Pipi sufrió abusos sexuales por parte de un educador. Este trauma dejó una fractura emocional profunda, provocando incluso enuresis nocturna durante años y moldeando su necesidad de búsqueda constante de validación externa, de aplausos y experiencias intensas.
De la ingeniería a la radio: los primeros pasos en Madrid
A pesar de su tormento interior, Pipi intentó cumplir con lo que la sociedad y su padre esperaban de él. Se matriculó en ingeniería industrial, pero su verdadera vocación estaba en la comunicación. Durante el servicio militar en Madrid a finales de los años 70, trabajó como disc-jockey, donde comenzó a tejer una red de contactos que más tarde le abriría las puertas de la radio profesional.
Fue allí donde conoció a Jesús Hermida, quien quedó impresionado por su carisma y cultura musical, y le dio su primera oportunidad profesional en Radio 80. También fue en esta etapa cuando su amigo Gaspar Rosetti le dio el apodo que lo acompañaría de por vida: Pipi, por su energía indomable y su pelo algo alborotado.

Pipi se convirtió en parte del equipo de José María García en Antena 3 Radio, un entorno donde las jornadas eran extenuantes y las broncas memorables. Fue en este ambiente extremo donde Pipi se curtió como periodista, ganando acceso a vestuarios, aviones privados y conversaciones de máximo nivel en el fútbol español.
Durante este tiempo, contrajo matrimonio con Teresa Viera, quien sería su brújula durante 25 años. Juntos adoptaron a su primer hijo, Francisco, y más tarde nació Borja, completando una familia que parecía sólida, mientras Pipi seguía arrastrando las secuelas de su pasado y la necesidad de intensidad que lo caracterizaba.
La caída: escándalos, rupturas y deudas
El equilibrio se rompió en 2003, cuando una infidelidad salió a la luz. Pipi se lanzó al mundo mediático de Terelu Campos, entrando en las tertulias más feroces de la televisión española. La relación con Terelu se describió como una “jaula de oro”, donde su libertad estaba severamente limitada.
El escándalo del pim pam pum, grabado en una discoteca, marcó el fin de su carrera como periodista deportivo serio. Tras su ruptura con Terelu en 2006, se encontró en la calle con sus pertenencias empaquetadas, y en 2007 publicó unas memorias eróticas que lo condenaron a pagar una indemnización millonaria, provocando un colapso financiero que duraría más de una década.
Durante ese tiempo, Pipi sobrevivió trabajando apenas para cubrir la deuda y enfrentando el desprestigio público. Su relación con Miriam Sánchez y el nacimiento de su hija Miriam le dieron un respiro, aunque la presión económica y mediática volvió a tensar su vida personal.

El regreso y la redención
Tras años de ostracismo, Pipi regresó a la televisión en 2022 con Sálvame, buscando redención económica y mediática. Aunque más maduro, todavía debía enfrentarse a dramas familiares y al deterioro de su pareja Miriam Sánchez. Finalmente, en 2024 logró saldar su deuda con Terelu y Hacienda, y en 2025 ofreció un perdón público a Terelu, reconociendo sus errores y cerrando un capítulo doloroso de su vida.
Hoy, Pipi Estrada, con más de 60 años, mira al espejo y ve las marcas de una vida vivida al límite. Desde el hierro de Gijón hasta los focos de la televisión, su historia es un relato de luces y sombras, de éxito y caída, de abuso y resiliencia. Es la historia de un hombre que construyó su propia jaula y pasó décadas buscando la llave para salir, pagando con su reputación un precio que ninguna cantidad de dinero podría compensar.
Su vida nos deja lecciones sobre la fama, la fragilidad de la reputación y los límites de la venganza personal. Pipi Estrada es un ejemplo vivo de cómo la intensidad, el dolor y la búsqueda de reconocimiento pueden moldear, y a veces destruir, una existencia entera.