“Me ha tocado ver partir muchas figuras hermosas de la música. Y ahora otra vez. Mañana yo grababa canción con Yeison…”. Con estas palabras, cargadas de dolor e incredulidad, varios artistas del género popular expresaron el vacío que dejó la inesperada muerte de Yeison Jiménez. Su partida no solo apagó una voz fundamental de la música popular, sino que dejó a toda una generación de colegas y amigos sumida en el duelo.

La noche en que debía celebrarse la música se transformó en un escenario de lágrimas. Las luces estaban encendidas, los instrumentos listos, pero faltaba la voz que todos esperaban escuchar. Yeison no estaba, y su ausencia se sintió más fuerte que cualquier aplauso. Sus canciones siguieron sonando, pero ya no se cantaron igual. Esta vez, la música popular no celebró: lloró.
En pleno concierto, varios de sus colegas decidieron rendirle un homenaje que nadie tenía preparado. No fue planeado ni ensayado; fue un acto espontáneo, nacido desde lo más profundo del alma. Algunos intentaron interpretar sus canciones, pero la voz se les quebró antes de terminar la primera estrofa. Otros prefirieron tomar el micrófono, respirar profundo y hablar entre lágrimas del hombre que conocieron más allá del escenario: un ser humano bueno, leal, guerrero, amigo incondicional y padre ejemplar.
“Un ser humano guerrero, guerrero, guerrero. Lo conozco desde sus inicios. Que Dios lo tenga en su gloria”, se escuchó decir a uno de los artistas, mientras el público acompañaba con silencio respetuoso y aplausos cargados de nostalgia.
Jessie Uribe, visiblemente afectado, compartió uno de los momentos más duros de la noche al revelar que precisamente al día siguiente tenía previsto grabar una canción con Yeison. Se trataba de una colaboración junto a varios artistas de la música popular, dedicada a la Selección Colombia.
“Mañana yo grababa canción con Yeison… ya lo teníamos listo”, dijo, con la voz entrecortada. El proyecto quedó en pausa, como si el tiempo mismo hubiera decidido detenerse ante la magnitud de la pérdida.

Giovanni Ayala tampoco logró continuar. Frente al público, las palabras se le ahogaron en la garganta y fueron las lágrimas las que hablaron por él. “Que Dios lo tenga en su gloria, coleguita Yeison”, alcanzó a decir antes de quebrarse por completo.
Luis Alfonso recordó a Yeison como lo que fue para muchos dentro del gremio: un hermano de camino. Con palabras serenas, sabias y llenas de respeto, le dedicó una canción en su memoria, dejando claro que hay amistades que ni siquiera la muerte logra silenciar.
Silvestre Dangond, fiel a su manera de despedir a quienes ama, dedicó Blanco y Negro, la canción con la que suele decir adiós a sus amigos. Su mensaje fue tan poético como profundo:
“Querido amigo, vas a verdaderamente vivir, porque después que uno se muere, se vive. Y vas a vivir, Yeison”.

La despedida estuvo cargada de nostalgia, gratitud y un silencio que lo dijo todo.
Bless también aprovechó su concierto para enviar condolencias a la familia, amigos y seres queridos del artista, recordando que el legado de un músico no se mide solo en premios o éxitos, sino en las huellas que deja en quienes compartieron su camino.
Sin embargo, uno de los momentos que más conmovió al público no ocurrió sobre el escenario. Fue la imagen de Nico, el caballo de Yeison, solo, sin su amo. Para muchos, ese animal reflejaba un dolor imposible de explicar con palabras: la ausencia de quien fue su compañero de vida. Porque, como dicen, a veces el silencio de un animal dice más que mil palabras.
Yeison Jiménez no estuvo esa noche en el escenario, pero estuvo presente en cada lágrima, en cada canción inconclusa y en cada corazón que entendió que la música popular perdió una voz, pero ganó una leyenda.