♌ Yeison Jiménez: del origen humilde al imperio de la música popular colombiana

De los barrios más humildes de Manzanares, Caldas, a llenar estadios, realizar conciertos internacionales y convertirse en uno de los artistas más amados por todo un país. Yeison Jiménez no solo es reconocido como una de las voces más importantes de la música popular colombiana, sino también como un símbolo de perseverancia, disciplina y visión empresarial.

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Su historia marcó la infancia y juventud de miles de colombianos, y su legado trasciende la música: es la representación de alguien que se negó a repetir los ciclos de violencia, pobreza y frustración que lo rodearon en su niñez. Yeison Jiménez no solo cantó para quienes aman el licor y la cantina, sino también para quienes encontraron en su voz un refugio emocional.

Nacido en Manzanares, Caldas, su infancia estuvo marcada por una profunda paradoja. Contrario a lo que muchos creen, Yeison no creció inicialmente en la pobreza. Su familia atravesó una etapa de estabilidad económica, ya que su padre manejaba varios negocios familiares y empresas que generaban buenos ingresos.

Sin embargo, ese equilibrio se rompió abruptamente. Su padre cayó en el alcoholismo, las infidelidades y la violencia intrafamiliar, lo que provocó una fractura emocional definitiva en el hogar. La familia pasó de ser un ejemplo de estabilidad a vivir la precariedad. Su madre decidió abandonar la casa junto a sus hijos y mudarse a Manizales para empezar de nuevo.

En Manizales, Yeison creció rodeado de un entorno hostil: crimen organizado, armas, homicidios y dinámicas ilegales eran parte del paisaje cotidiano. Sin embargo, él mismo ha contado que nunca se sintió parte de ese mundo. Nunca se vio como un criminal ni se dejó seducir por el dinero fácil. Su única obsesión era encontrar una salida distinta.

Bogotá, Corabastos y la forja del carácter

El siguiente giro llegó cuando la familia decidió trasladarse a Bogotá. Se establecieron en el barrio Patio Bonito, y Yeison comenzó a trabajar desde muy joven en Corabastos, la principal plaza de mercado de la capital.

Madrugaba todos los días para pelar, cargar y vender aguacates; organizaba costales, cargaba bultos y con el tiempo llegó a ser jefe de puesto. Por las tardes asistía al colegio. Todo lo hacía con un objetivo claro: ayudar económicamente a su madre.

Esa etapa explica mucho de su mentalidad futura. Aunque siempre fue empleado, entendió cómo funcionaba una estructura de trabajo, la importancia de la logística y la disciplina. Años después, cuando llegó la fama, su obsesión no sería solo cantar, sino construir empresa.

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La fe y el sueño de cantar

Desde pequeño había cantado en festivales, pero en Bogotá decidió apostar en serio por la música. En su historia aparece constantemente un elemento clave: la fe. Yeison ha relatado que su cercanía a la iglesia y la participación en retiros espirituales le ayudaron a replantear su rumbo personal y emocional, convirtiéndose en parte fundamental de su discurso y su identidad pública.

El camino, sin embargo, estuvo lejos del glamour. Sus primeros años estuvieron llenos de presentaciones mal pagadas, humillaciones, incumplimientos y promesas vacías. Intermediarios le prometían cambiarle la vida entre tragos, solo para ignorarlo al día siguiente.

Con discos en una bolsa, recorría bares pidiendo permiso para cantar al menos una canción. A veces lo dejaban; otras veces le cerraban la puerta en la cara. Esa montaña rusa emocional forjó un carácter que nunca se rindió.

El primer golpe y el punto de no retorno

Su carrera discográfica tomó forma con el álbum Con el corazón, Volumen 1 (2013). Yeison entendía que un solo éxito no bastaba: quería vivir de un repertorio, no de un hit pasajero. Su primera grabación, Te deseo lo mejor, fue parte de un proceso artesanal de acumulación de canciones hasta construir un debut sólido.

El verdadero punto de no retorno llegó con El Aventurero. La canción lo convirtió en un símbolo del género, sonó en todas las emisoras del país y alcanzó cientos de millones de reproducciones en plataformas digitales. A partir de ahí, Yeison dejó de ser solo un cantante con fanáticos para convertirse en un artista que movía taquillas, viajes y multitudes.

La música popular dejó de ser únicamente cantina para convertirse en arena, ciudad grande y producciones de alto nivel.

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Estadios, cifras y poder real

El crecimiento fue medible. Logró noches consecutivas con boletería agotada en grandes arenas del país, lo que abrió el camino para llenar estadios. Decenas de miles de personas pagando una boleta para verlo cantar confirmaron que Yeison Jiménez ya era una industria ambulante.

Su música cruzó fronteras, con conciertos en Ecuador, España y Estados Unidos. En 2021 se convirtió en jurado del programa Yo Me Llamo, ampliando su alcance a públicos que no consumían exclusivamente música popular.

Durante años sostuvo una agenda extenuante, llegando a realizar presentaciones casi a diario, incluso viajando por tierra para cumplir compromisos privados. En sus primeras etapas, llegó a cobrar cifras modestas; en su etapa de consolidación, una sola presentación alcanzó valores propios de artistas internacionales.

El empresario detrás del artista

Yeison Jiménez entendió temprano que la fama sin estructura es efímera. Su empresa principal, dedicada a espectáculos, producción y bienes raíces, llegó a manejar activos multimillonarios. Cerca de 150 personas trabajaron directa o indirectamente para sus negocios.

Su visión empresarial se extendió a bares, merchandising, ganadería, criaderos de caballos de paso fino y proyectos agroindustriales con proyección internacional. Su patrimonio no se concentró únicamente en lujos, sino en activos reales y diversificados.

Lujo, pasiones y contrastes

Amante de los caballos y los vehículos de alto desempeño, su garaje incluyó camionetas y motos de alto valor, muchas de ellas con fuerte carga sentimental. Sin embargo, siempre afirmó que su mayor inversión estuvo en caballos de alto linaje.

Su historia también tiene contrastes: fue víctima de estafas millonarias en negocios privados, demostrando que incluso los empresarios experimentados pueden enfrentarse a los riesgos del mundo real.

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Familia y legado humano

Más allá de la riqueza, Yeison fue reconocido por su generosidad y sentido de familia. Asumió como propias a las hijas de su esposa y formó un hogar que siempre presentó como su mayor orgullo.

La historia de Yeison Jiménez no es solo la de un artista exitoso. Es la de un niño que vio caer a su familia, de un joven que trabajó madrugadas enteras cargando bultos, de un hombre que fue humillado antes de ser ovacionado y de un empresario que entendió que el verdadero poder no está solo en la fama, sino en la estructura.

Yeison Jiménez representa la posibilidad de romper el destino impuesto, de transformar el dolor en disciplina y de construir un legado que va mucho más allá de una canción.

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