🚨🕯️🔥 El adiós que nadie quiso escuchar, la despedida silenciosa que dejó preguntas abiertas y el detalle íntimo que marcó los últimos días de una voz irrepetible en México
Cristina Romo Hernández nació en Guanajuato el 13 de septiembre de 1941.
Desde joven, mostró una profunda pasión por la literatura y la comunicación, lo que la llevó a estudiar letras hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Su carrera comenzó en revistas y periódicos, pero su verdadero hogar profesional se encontró en la televisión, donde se convirtió en una figura icónica en Canal 11.
Su estilo sereno y su habilidad para escuchar la llevaron a crear programas que no se centraban en el espectáculo, sino en las historias de la vida cotidiana.

En 1978, Cristina lanzó “Aquí nos tocó vivir”, un programa que se convirtió en un archivo vivo de la historia emocional y social de la Ciudad de México.
A diferencia de otros programas, que se enfocaban en celebridades, Cristina se dedicó a dar voz a panaderos, vendedores ambulantes, migrantes y personas mayores, aquellos que a menudo quedan fuera de los titulares.
Su enfoque humanista y su capacidad para conectar con la gente hicieron que su programa resonara profundamente en la audiencia.
La primera transmisión se emitió el primero de mayo de 1978, y desde entonces, Cristina se convirtió en un puente entre la vida cotidiana y la televisión.
A lo largo de los años, su trabajo fue reconocido internacionalmente, y en 2010, “Aquí nos tocó vivir” recibió una placa de la UNESCO, destacando su importancia en la documentación de la vida en la capital.
Pero más allá de los premios, lo que realmente definió a Cristina fue su compromiso inquebrantable con las historias de los demás.
En 1997, amplió su trabajo con “Conversando”, donde entrevistó a figuras de la literatura, el arte y la política, siempre con el mismo respeto y atención que dedicaba a los habitantes de la ciudad.
A pesar de su éxito, Cristina nunca buscó ser el centro de atención.
Su humildad y su deseo de escuchar a los demás la convirtieron en una figura querida y respetada.
En una entrevista en 2013, reflexionó sobre su carrera y el paso del tiempo, expresando que no le dolía envejecer porque había dedicado su vida a un sueño que sabía que nunca terminaría de cumplir.
“Mientras esté aquí, estoy cumpliendo mi destino”, dijo con una sinceridad que resonaba en su audiencia.

Sin embargo, el 1 de diciembre de 2021, Cristina anunció su retiro de la televisión en un episodio de “Conversando”.
Sin dramatismos ni detalles médicos, sus palabras fueron un eco de su carácter: “La vida me está enfrentando a algo serio, algo que debo resistir y aprender a afrontar”.
Esta despedida, cargada de simbolismo, dejó claro que su ausencia no sería temporal.
Detrás de ella había un profundo dolor, uno que había llevado en silencio.
Cristina había perdido a su esposo, el poeta José Emilio Pacheco, en 2014.
Su muerte dejó una marca indeleble en su vida, y aunque nunca intentó ocultar su duelo, lo transformó en palabras.
En su carta “El viajero eterno”, Cristina compartió su anhelo y fe, expresando que la muerte de su amado había dejado un vacío que nunca podría llenar.
La conexión entre Cristina y José Emilio era más que amor; era una unión intelectual y cultural que influyó en su trabajo y en su vida cotidiana.
La noticia de su muerte, a los 82 años, llegó como un golpe devastador para la comunidad cultural de México.
Su hija, Laura Emilia Pacheco, reveló que su madre había sido diagnosticada con cáncer de manera repentina, lo que explicaba la urgencia de su despedida.
“No estaba cansada, estaba enferma”, recordó Laura, subrayando el hecho de que Cristina nunca deseó dejar su programa.
La televisión había sido su refugio, su lugar de fortaleza, y su ausencia se sintió en cada rincón del país.

Cristina pasó sus últimos días rodeada de su familia, en su propia cama, cumpliendo su deseo de no morir en un hospital.
Su muerte fue coherente con la forma en que vivió: íntima, digna y alejada del espectáculo.
Laura Emilia habló sobre las dificultades que enfrentaron durante su enfermedad, cuestionando la desigualdad en el acceso a la atención médica y reflexionando sobre las injusticias que su madre había documentado a lo largo de su carrera.
La pérdida de Cristina Pacheco dejó un vacío en el periodismo cultural mexicano que será difícil de llenar.
Su legado perdura no solo en sus programas, sino en las vidas que tocó y en las historias que ayudó a contar.
La forma en que escuchaba y daba voz a los olvidados se convirtió en un acto de resistencia y empatía en un mundo que a menudo ignora las luchas cotidianas.
El impacto de su partida se sintió en todos los rincones de la cultura mexicana.
Escritores, políticos y figuras públicas expresaron su tristeza y admiración por su trabajo.
La candidata presidencial Claudia Sheinbaum y la secretaria de cultura, Alejandra Frausto, recordaron su capacidad para ver lo extraordinario en lo cotidiano y su dedicación a dar voz a aquellos que rara vez eran escuchados.

Cristina Pacheco no solo fue una periodista; fue una pionera que transformó el periodismo en México.
Su dedicación a la verdad, su respeto por la humanidad y su habilidad para escuchar la hicieron única.
En un mundo donde la superficialidad a menudo reina, su legado nos recuerda la importancia de la empatía y la conexión humana.
Aunque su voz se ha apagado, su espíritu vive en las historias que contó y en el impacto que dejó en la sociedad.
Cristina Pacheco será recordada no solo por su trabajo en la televisión, sino por su compromiso inquebrantable con la verdad y la dignidad de la vida humana.