⚠️🎬💔 Del aplauso al silencio absoluto: la historia oculta de Narciso Busquets que pocos se atrevieron a contar
Desde principios de la década de 1930, el cine mexicano vio surgir a toda una generación de actores infantiles que irrumpieron en la pantalla como un pequeño ejército de talento.
Muchos cautivaron al público antes incluso de entender el peso de los aplausos, convirtiéndose en rostros inolvidables de la época de oro del cine.
Entre ellos, un rostro que sobresalió por su sensibilidad y belleza expresiva fue el de Narciso Busquets.
Nacido en Orizaba, Veracruz, se le atribuye una fecha de nacimiento entre 1929 y 1931, aunque la mayoría de las fuentes sitúan su nacimiento en septiembre de 1931.
Provenía de una familia profundamente artística; su padre, Joaquín Busquets Padrosa, era un reconocido actor de teatro y cine.
Desde muy pequeño, Narciso mostró un talento notable, siendo un excelente dibujante y un estudiante disciplinado.

Su llegada a la pantalla grande no fue planeada; ocurrió casi por accidente.
Mientras su padre filmaba “Águilas frente al sol”, el equipo de producción llevó a Narciso al set cuando aún era un bebé.
La actriz Hilda Moreno, protagonista de la película, se encariñó con él y sugirió que se escribiera una escena especial en la que Narciso apareciera en sus brazos.
Ese breve momento marcó el inicio de una vida ligada a las cámaras, los escenarios y los estudios.
La actuación pronto dejó de ser una coincidencia para convertirse en vocación.
A medida que crecía, también lo hacía su vínculo con su padre.
Sin embargo, la tragedia se acercaba rápidamente.
En diciembre de 1942, Joaquín Busquets falleció, y Narciso, con apenas 11 años, se encontró solo en el mundo.
Con su madre ausente y su hermana viviendo en otro lugar, el niño quedó de pronto huérfano.
Tras el funeral, se fue a vivir con su tía Mercedes, un cambio que marcó una profunda ruptura emocional en su vida.
A pesar de la pérdida, Narciso regresó al trabajo en 1943, participando en la película “Amanecer”.
Estos papeles confirmaron que ya no era visto solo como un actor infantil, sino como un intérprete capaz de profundidad emocional y disciplina.
La escolarización formal nunca formó parte de su vida, pero su amor por la lectura lo convirtió en un lector voraz, lo que le ayudó a afinar su comprensión del carácter y el diálogo.
Entre los 7 y los 14 años, Narciso Busquets apareció en la asombrosa cifra de 57 películas.
A lo largo de su carrera, participó en más de 100 producciones, compartiendo pantalla con muchas de las grandes estrellas del cine mexicano.
Sin embargo, la vida de Narciso estuvo marcada por responsabilidades muy por encima de su edad.
A principios de la década de 1940, cuando su padre comenzó a padecer graves problemas de salud, Narciso asumió el papel de cuidador.

La carga fue pesada, pero no detuvo su carrera.
En 1941, apareció en “Ay, Jalisco, no te rajes”, una película que se convirtió en un clásico del cine mexicano.
Su trabajo en esa cinta le valió un reconocimiento del Sindicato de Periodistas Cinematográficos de México, confirmando que no era solo un niño talentoso, sino un actor serio por derecho propio.
Poco después, asumió sus primeros papeles protagónicos, y la crítica elogió su profundidad emocional y su presencia natural en pantalla.
Sin embargo, detrás de ese éxito creciente, la tragedia lo acechaba.
La muerte de su padre dejó una huella permanente en su vida y su carrera.
A pesar de su creciente éxito, Narciso Busquets llevó una vida marcada por la tristeza y la soledad.
Al momento de su muerte, el patrimonio de Narciso se estimaba como modesto, probablemente entre 500,000 y un millón de dólares.
A diferencia de muchas figuras del espectáculo, su riqueza no se midió en mansiones ni lujos, sino en trabajo constante, respeto profesional y un legado cultural.
Narciso Busquets falleció el 14 de diciembre de 1988 a los 59 años de edad, y su muerte se atribuyó a causas naturales relacionadas con complicaciones de salud.
No hubo grandes homenajes públicos ni espectáculos mediáticos, solo reconocimientos discretos de colegas que lo recordaron como una de las voces fundamentales del doblaje en México y como un sobreviviente silencioso de la época de oro del cine.
A pesar de su creciente éxito, Narciso Busquets se retiró discretamente del foco público, eligiendo la estabilidad y la privacidad por encima de la fama.
Quienes lo conocieron lo describían como un hombre disciplinado, reflexivo y profundamente comprometido con su oficio, incluso cuando las cámaras ya no estaban encendidas.
En sus últimos años, Narciso disfrutó de la lectura, la escritura y el cine clásico, manteniendo un fuerte vínculo con el teatro, al que asistía como espectador incluso después de retirarse de la actuación.
Su historia es un recordatorio de que detrás de cada figura pública hay una vida llena de sacrificios, luchas y tragedias que a menudo permanecen ocultas.

La vida de Narciso Busquets, marcada por el abandono y la responsabilidad desde una edad temprana, es un testimonio de la resiliencia humana y el poder del arte para trascender las dificultades.
Su legado, aunque a menudo olvidado, sigue vivo en la memoria de quienes aprecian el cine y el doblaje en español.
La voz de Narciso resonará siempre en el corazón de aquellos que crecieron viendo sus películas y escuchando su trabajo en la radio, recordándonos que la grandeza no siempre se mide por la fama, sino por la dedicación y el amor por el arte.