📱 ¡Impactante! Los efectos devastadores de las pantallas en el desarrollo emocional de tus hijos: lo que Marian Rojas Estapé nos advierte
Marian Rojas Estapé inicia su charla con una declaración contundente: “Las pantallas están causando daños profundos en el cerebro de los niños”.
Desde el primer momento, su mensaje es claro y directo, sin adornos ni eufemismos.
Nos invita a reflexionar sobre cómo la sobreestimulación que proviene de la exposición constante a dispositivos electrónicos está afectando la forma en que nuestros hijos sienten, se concentran y se relacionan con el mundo.
Este no es un problema menor; es una crisis que está afectando a generaciones enteras.

A medida que avanza la charla, Rojas Estapé comparte testimonios de padres que llegan a su consulta con una mezcla de emociones: cansancio, tristeza y culpa.
Muchos se sienten perdidos, incapaces de entender por qué sus hijos ya no juegan como antes, por qué no los miran a los ojos cuando les hablan o por qué parecen estar constantemente irritables.
Con empatía, la especialista explica que estos padres aman a sus hijos y se esfuerzan por brindarles lo mejor, pero intuyen que algo ha cambiado, algo que no pueden identificar del todo.
La clave, según Rojas Estapé, radica en la rutina diaria de los niños y en la presencia de las pantallas en sus vidas.
Lo que comenzó como una herramienta para calmar un llanto o ganar unos minutos de tranquilidad se ha convertido en un regulador emocional principal.
La pantalla, que llegó con buenas intenciones, ha empezado a ocupar un lugar central en la vida emocional de los niños, y eso es preocupante.
Cuando un niño se aburre, se frustra o se inquieta, la solución se encuentra en un dispositivo que proporciona estímulos rápidos y constantes, lo que impide que el cerebro infantil desarrolle habilidades fundamentales como la paciencia, la autorregulación y la tolerancia al silencio.
Rojas Estapé nos alerta sobre el impacto de la sobreestimulación en el cerebro infantil.
Cuando los niños están expuestos a estímulos constantes y rápidos, su cerebro aprende que la gratificación es inmediata y sin esfuerzo.
Esto crea una dependencia peligrosa, donde el aburrimiento se convierte en un enemigo y la frustración se convierte en una sensación intolerable.
Un niño que nunca se aburre, que nunca se enfrenta a desafíos emocionales, no aprende a pensar críticamente ni a desarrollar su mundo interior.

La especialista enfatiza que el cerebro infantil está en plena construcción y necesita experimentar momentos de aburrimiento y frustración para fortalecer su desarrollo emocional.
Cuando se sustituye el juego libre y la creatividad por estímulos digitales, los niños se vuelven más irritables, con menor capacidad de atención y con reacciones emocionales desproporcionadas.
Esto no es un problema de mala conducta, sino de sobreestimulación.
Rojas Estapé destaca que este mensaje no es un juicio, sino una invitación a comprender lo que está sucediendo en el cerebro de los niños y cómo podemos ayudarles.
Uno de los puntos más impactantes de su charla es la relación entre la exposición a pantallas y el aumento del cortisol, la hormona del estrés.
Cuando un niño vive en un estado de activación constante debido a los estímulos digitales, su cerebro se mantiene en alerta, lo que dificulta su capacidad para concentrarse y controlar sus impulsos.
Esto se traduce en un comportamiento inquieto y en dificultades para sostener la atención en actividades más lentas y profundas.
Rojas Estapé señala que este no es un problema de voluntad, sino un reflejo de un cerebro cansado y sobreestimulado.
A medida que la charla avanza, se vuelve evidente que el uso excesivo de pantallas no solo impacta el desarrollo emocional, sino también el lenguaje y la capacidad de relacionarse.
El juego simbólico, que es fundamental para el desarrollo del lenguaje y la expresión emocional, se ve gravemente afectado cuando las pantallas sustituyen ese espacio.
Rojas Estapé explica que el juego libre es el laboratorio emocional del niño, donde ensaya roles, expresa emociones y desarrolla su pensamiento.
Cuando este espacio se reduce, el desarrollo emocional se empobrece, y el niño pierde oportunidades esenciales para crecer.

La especialista también aborda el tema de la regulación emocional.
Cuando un niño se calma únicamente con la ayuda de una pantalla, está aprendiendo que su bienestar depende de estímulos externos en lugar de desarrollar su capacidad para autorregularse.
Esto crea una dependencia silenciosa que puede tener consecuencias a largo plazo en su bienestar emocional.
Rojas Estapé subraya que el verdadero aprendizaje emocional ocurre cuando el niño se siente acompañado y comprendido, no cuando se distrae con una pantalla.
A lo largo de la charla, Rojas Estapé proporciona señales claras que indican que un niño está sobreestimulado por el uso excesivo de pantallas.
Los padres deben estar atentos a cambios en el comportamiento, como la irritabilidad, la falta de atención y la desconexión emocional.
Reconocer estas señales a tiempo puede marcar una diferencia significativa en el desarrollo emocional del niño.
La clave está en entender que la irritabilidad no es el enemigo, sino un síntoma de un cerebro que necesita menos estímulos y más acompañamiento emocional.
La especialista concluye su charla con un mensaje esperanzador: educar no significa hacerlo todo perfecto, sino estar disponibles.
Es fundamental que los padres reflexionen sobre sus propios hábitos y cómo estos afectan a sus hijos.
La presencia, la mirada atenta y el vínculo emocional son esenciales para el desarrollo saludable de un niño.
Rojas Estapé invita a los padres a recuperar ese lugar en la vida de sus hijos, ofreciendo estructura y límites con calma y coherencia.
Reducir el uso de pantallas no debe hacerse desde el vacío, sino que debe ir acompañado de experiencias enriquecedoras que sustituyan esa estimulación artificial.
El juego libre, el movimiento, el contacto con la naturaleza y las conversaciones son esenciales para el desarrollo saludable de los niños.
Aunque puede haber momentos de enfado y frustración al eliminar las pantallas, es fundamental que los padres acompañen a sus hijos en este proceso, ayudándoles a aprender a regularse emocionalmente.
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F70c%2F7a8%2F578%2F70c7a8578c46838a2119f064b19bdf96.jpg)
La charla de Marian Rojas Estapé nos recuerda que amar a nuestros hijos implica atreverse a incomodarlos a corto plazo para proteger su bienestar a largo plazo.
Educar es una inversión silenciosa en el cerebro y el corazón que están construyendo para su futuro.
Cada elección que hacemos hoy tiene un impacto en la vida de nuestros hijos mañana.
Al elegir la presencia en lugar de la pantalla, estamos ayudando a sus cerebros a organizarse y a construir una base sólida para el futuro.
La educación es una tarea exigente, pero también profundamente trascendental, y cada pequeño esfuerzo cuenta en el desarrollo de nuestros hijos.