El 16 de enero de 2026, mientras el eco de sus canciones todavía retumba en las montañas de Antioquia y los valles de su natal Caldas, Colombia comienza a descubrir que Yeison Jiménez no solo dejó un cancionero plagado de éxitos, sino un imperio económico cuya magnitud ha sorprendido incluso a sus socios más cercanos.
La partida del “Aventurero” el pasado sábado 10 de enero, en un fatídico accidente aéreo mientras se dirigía a Marinilla, ha puesto al descubierto la faceta menos conocida pero más impresionante del artista: su astucia como estratega empresarial.

A sus 34 años, Jiménez no solo era la voz del pueblo, sino el arquitecto de un conglomerado diversificado que hoy se valora en miles de millones de pesos, un legado que garantiza el futuro de su familia y el sustento de cientos de trabajadores que dependían de su visión.
La tragedia ocurrió cuando su avioneta Piper Navajo, con matrícula PA31, se precipitó a tierra en circunstancias que aún son materia de investigación por parte de la Fiscalía General de la Nación y la Aeronáutica Civil.
Minutos antes del impacto, el artista alcanzó a enviar un mensaje de advertencia a un amigo íntimo, reportando fallas técnicas en la aeronave.
Testigos en la zona del siniestro relataron haber escuchado un grito desgarrador: “Se acabó la pista”, una frase que hoy resuena con un simbolismo cruel.
Sin embargo, tras el silencio definitivo de su voz, lo que queda es una estructura empresarial robusta que Yeison construyó paso a paso, aplicando la misma disciplina con la que pulía sus interpretaciones sobre el escenario.
El corazón de sus operaciones financieras latía en Way Choose Company S.A.S. , un holding empresarial que funcionaba como el cerebro de sus negocios.
Esta compañía no solo se encargaba de la compleja logística de sus giras y conciertos masivos, sino que operaba con éxito en el sector inmobiliario de alto nivel.
Para el año 2025, Jiménez ya había consolidado un patrimonio envidiable que incluía cinco propiedades de lujo en los Estados Unidos, manejadas bajo una estricta reserva profesional.
Este despliegue internacional demostraba que el joven que alguna vez cargó bultos en la plaza de mercado de Corabastos había aprendido a leer los mercados globales con la misma facilidad con la que leía el sentimiento de su público.

Su pasión más rentable y personal, sin duda, estaba en el campo.
El criadero La Cumbre es hoy su joya de la corona, una propiedad valorada en aproximadamente 16.000 millones de pesos.
Este lugar no era solo un refugio, sino un centro de negocios de élite en el mundo del Paso Fino Colombiano.
Allí, Yeison criaba ejemplares campeones como Seductor de Milagros y Retórica de la Cumbre, animales premiados que daban fe de su conocimiento en la gestión ganadera.
Su amor por los caballos no era un simple pasatiempo de estrella; era una inversión estratégica que generaba empleos y posicionaba su nombre en las ferias más importantes del país.
La diversificación de sus inversiones era sorprendente para un artista de su edad.
Al momento de su muerte, Yeison Jiménez supervisaba personalmente la construcción de tres hoteles estratégicos ubicados en Fusagasugá, Villavicencio y Fúquene, apostándole fuertemente al sector turístico y de servicios.
Además, lideraba la exportación de Miel La Cumbre, un producto extraído de los Llanos Orientales que ya empezaba a abrirse paso en mercados internacionales.
En el sector de la moda, su marca de gorras y gafas, con nombres que homenajeaban a sus caballos favoritos, se había convertido en un accesorio indispensable para sus seguidores, cerrando un círculo de negocios que abarcaba desde el agro hasta el retail.
Este imperio económico no fue producto del azar.
Sus raíces en Corabastos, el lugar que lo vio crecer y que hoy lo despide llamándolo “la dignidad del mercado”, fueron el cimiento de su resiliencia.
En la central de abastos aprendió los valores del comercio que luego aplicó en la compra y venta de vehículos y en el manejo de establecimientos como el Café y Bar La Cumbre en Usaquén, administrado por su hermano Alejandro.

Yeison Jiménez generaba empleo para cerca de 150 familias, demostrando que su éxito financiero tenía un profundo impacto social.
Su historia de vida es hoy un manual de superación para todo el país: el éxito, para él, era como la crianza de un caballo de paso fino; no se trataba de la velocidad, sino de la precisión de cada paso y la solidez de la estructura.
La noticia de su partida ha provocado una ola de solidaridad y gestos simbólicos entre sus colegas, quienes conocían tanto al artista como al hombre de negocios.
Johnny Rivera, uno de sus amigos más cercanos, conmovió a las redes sociales al mostrar cómo decoró el bus de sus giras con cintas moradas en señal de luto.
Rivera, acompañado de su pareja Jenny López, expresó que la ausencia de Yeison es un vacío difícil de asimilar.
Este gesto, aunque sencillo, representa la hermandad de un gremio que vio en Jiménez a un líder que dignificó la música popular.
Las cintas moradas que ahora recorren las carreteras de Colombia en el bus de Rivera son un recordatorio de que, aunque el jinete ya no esté, su legado sigue avanzando con paso firme.
Mientras las investigaciones técnicas sobre el accidente en Boyacá continúan, el país prefiere recordar al hombre que nunca olvidó sus orígenes a pesar de sus millones.
La “dignidad del mercado” se fue dejando una estructura que permitirá que sus hijas y su esposa, Sonia Restrepo, mantengan el nivel de vida que él construyó con tanto esfuerzo.
Yeison Jiménez logró lo que pocos: transformar el dolor del despecho en una fortuna sólida y diversificada, demostrando que el talento artístico y la visión empresarial pueden caminar de la mano hacia la inmortalidad.
Hoy, 16 de enero de 2026, Colombia no solo entierra a un cantante; despide a un capitán de industria que salió de la nada para conquistarlo todo.
Su legado permanece en sus canciones, en sus hoteles, en sus caballos y en el corazón de un pueblo que aprendió, gracias a él, que el destino no está escrito y que se puede ser exitoso sin perder la esencia.
El “Aventurero” ha dejado la pista, pero su imperio seguirá creciendo, impulsado por la memoria de un hombre que supo que la verdadera riqueza no está solo en lo que se acumula, sino en lo que se construye para los demás.