La música popular colombiana atraviesa su jornada más sombría este jueves 15 de enero de 2026.
Mientras los ecos de las canciones de Yeison Jiménez aún resuenan en las plazas de mercado y estadios de todo el país, una pregunta técnica y desgarradora domina la opinión pública: ¿Qué falló realmente en aquel vuelo que partió del aeropuerto de Paipa con destino a Medellín? Lo que debió ser un traslado de rutina para un compromiso artístico en Marinilla, Antioquia, se convirtió en una pesadilla de metal, fuego y cenizas apenas 90 segundos después del decolaje.

Desde la plataforma informativa “Piloto Informe”, bajo la dirección de expertos en aviación, desglosamos los factores críticos, las hipótesis de falla de motor y la cadena de errores —incluyendo el polémico uso del celular por parte de la tripulación— que llevaron a la aeronave Piper PA-31 Navajo, de matrícula N325FA, a precipitarse en la vereda Romita del departamento de Boyacá.
La aeronave y su tripulación bajo la lupa
El avión involucrado en el siniestro era un Piper PA-31 Navajo, un bimotor a pistón reconocido en la industria charter por su versatilidad y capacidad para transportar entre seis y nueve personas.
Aunque estaba registrado en Estados Unidos, operaba habitualmente en territorio colombiano con todos sus permisos e inspecciones al día, según confirmó la Aeronáutica Civil horas después del impacto.
Al mando se encontraba el capitán Fernando Torres, un piloto apasionado que recientemente había celebrado el hito de las 500 horas de vuelo, una cifra que, si bien demuestra disciplina, sitúa a un piloto en una etapa de aprendizaje continuo dentro de la aviación privada.
A su lado, en el asiento del copiloto, viajaba Wisman Mora, quien no era un aviador profesional sino el fotógrafo oficial de Yeison Jiménez.
En la aviación charter, es común que miembros del equipo ocupen la cabina de mando, pero esto elimina una capa de seguridad crítica: el concepto de “cabina estéril” y la asistencia mutua entre dos pilotos certificados ante una emergencia.
Junto a ellos, el “Aventurero” Yeison Jiménez (34 años) viajaba con su círculo más íntimo: Juan Manuel Rodríguez (productor visual), Óscar Marín (asistente personal) y Jefferson Osorio (manager).
Seis almas que ignoraban que las premoniciones que Yeison había confesado tener meses atrás estaban a punto de materializarse.
Los 90 segundos fatales: Altitud-Densidad y sobrepeso
El despegue desde el aeropuerto de Paipa no es una maniobra cualquiera.
Situado a 2.500 metros sobre el nivel del mar (aproximadamente 8.200 pies), este aeródromo exige lo máximo de cualquier motor a pistón.
Existe una regla física fundamental en la aviación: una aeronave pierde alrededor del 3% de su potencia por cada 1.000 pies de altura de densidad.
A esto se le suma la longitud limitada de la pista (1.640 metros).
Un análisis comparativo de videos realizado por especialistas revela que, en vuelos anteriores con solo dos ocupantes, el Navajo de Yeison rotaba en 25 segundos.
En el fatídico sábado 10 de enero, con seis personas a bordo y el peso de los equipos, la aeronave tardó 30 segundos en levantar la nariz.
Esos 5 segundos de diferencia representan aproximadamente 115 metros adicionales de pista recorrida, empujando los márgenes de seguridad al límite absoluto del performance del avión.
¿Distracción o rutina? El polémico video del celular
Minutos antes del despegue, se viralizó un clip donde se observa al capitán Torres revisando su celular mientras realizaba el taxeo o rodaje hacia la cabecera de la pista.
Aunque las redes sociales han estallado en críticas, técnicamente el uso de dispositivos durante el rodaje es una práctica común para verificar cartas aeronáuticas o planes de vuelo.
Sin embargo, la seguridad aérea es un juego de suma cero: cualquier distracción en tierra puede llevar a omitir un ítem vital en el checklist final.
Precisamente, un detalle en el panel de instrumentos captado en las imágenes previas al despegue ha encendido las alarmas de los investigadores: una alerta que rezaba “BAT PRB”.
En una aeronave de motores a pistón como el Navajo, esto hace referencia a un problema en un sensor (probe) que mide parámetros críticos como la presión o temperatura del motor.
Aunque un sensor fallido no tumba un avión, volar con una alerta activa en un aeropuerto de gran altitud es una decisión que aumenta exponencialmente el riesgo.
El desenlace: Falla de motor y pérdida de sustentación
Según testimonios de campesinos en la vereda Romita, la aeronave logró despegar con dificultad, alcanzando una altura máxima de apenas 50 metros (164 pies).
Testigos aseguran que se escuchó cómo un motor “se apagaba y encendía” intermitentemente.

Ante esta emergencia, el piloto inició un viraje desesperado a la derecha intentando regresar a la pista, pero en esa fase crítica de baja altura y baja velocidad, el motor restante no pudo sostener el peso y la resistencia del avión.
El Navajo perdió la sustentación, entró en lo que se conoce como un puesto en pérdida (stall) y cayó de golpe.
El impacto fue seguido de dos explosiones inmediatas debido a que los tanques de combustible, ubicados en las alas, se fracturaron al chocar contra el terreno de la finca Marengo.
El fuego fue tan voraz que, según testigos, consumió la aeronave en menos de 5 segundos, haciendo imposible cualquier intento de rescate.
Un legado que no debió apagarse
Es estremecedor recordar que el propio Yeison Jiménez había soñado tres veces con que su avión se estrellaba y que salía en las noticias.
Hoy, esa premonición es la triste realidad de una nación.
La investigación oficial de la Aerocivil sigue en curso y determinará si fue el sobrepeso, la falta de potencia por la altitud, una falla mecánica preexistente o una combinación de factores humanos lo que causó la tragedia.
Desde este espacio, enviamos un abrazo solidario a las seis familias enlutadas.
Colombia ha perdido a un líder y a un artista excepcional, pero la aviación debe aprender de estas lecciones para que ningún otro sueño se apague en una pista que nunca debió ser el final del camino.
¿Crees que el exceso de confianza o la presión por cumplir con una agenda de conciertos influyeron en la decisión de despegar con una alerta en el panel? ¿Deberían ser más estrictos los controles de peso en vuelos privados de artistas? Déjanos tu opinión en los comentarios y suscríbete para recibir el informe técnico final cuando sea emitido por las autoridades.