En este miércoles 4 de febrero de 2026, la comunidad aeronáutica y el público colombiano continúan procesando los hallazgos del informe preliminar sobre el accidente que cobró la vida del ídolo de la música popular, Yeison Jiménez, y su equipo técnico.
Lo ocurrido aquel fatídico 10 de enero de 2026 en el aeropuerto Juan José Rondón de Paipa no fue un evento de mala suerte, sino la culminación de una cadena de errores técnicos y desafíos atmosféricos que nadie había explicado con la profundidad necesaria hasta hoy.

El aeropuerto de Paipa se encuentra a una elevación de 2,512 metros (8,241 pies) sobre el nivel del mar.
A esta altitud, el aire no se comporta como en las llanuras o en la costa; es una sustancia invisible, fina y menos densa que exige el máximo rendimiento de cada motor y de cada superficie alar.
Aquella tarde, el Piper Navajo, un bimotor veterano fabricado en 1975, se preparaba para un trayecto rutinario hacia Medellín con seis personas a bordo y el combustible necesario para cruzar la cordillera, situando a la aeronave peligrosamente cerca de su peso máximo permitido.
La trampa invisible: Altitud de densidad

Para el ojo humano, el 10 de enero de 2026 era un día perfecto en Boyacá: cielo despejado y visibilidad absoluta.
Sin embargo, para los motores Lycoming de 325 caballos del Piper Navajo, la realidad era una “trampa de densidad”.
Con una temperatura ambiente de 20°C, el aeropuerto ya no “sentía” los 2,512 metros reales, sino que operaba bajo una altitud de densidad superior a los 3,200 metros (10,500 pies).
Técnicamente, el aire caliente se expande y las moléculas de oxígeno se separan.
Esto genera dos efectos letales: menos aire para que los motores “respiren” (perdiendo hasta un 30% de su potencia nominal) y menos sustento para que las alas se apoyen.
En estas condiciones, el margen de seguridad se reduce a cero, especialmente cuando uno de los eslabones de la cadena mecánica presenta una debilidad reciente.
El factor mecánico: Una “cirugía a corazón abierto”
Días antes del vuelo, el motor izquierdo de la aeronave fue sometido a una intervención mayor en un hangar de mantenimiento.
No fue una revisión de rutina; los técnicos reemplazaron los anillos de tres de sus seis cilindros e instalaron nuevos magnetos.
En aviación, cambiar los anillos de un cilindro es equivalente a una cirugía de corazón.
Estos componentes sellan la cámara de combustión y requieren un periodo estricto de asentamiento.
Forzar un motor recién reparado bajo el régimen de un despegue a plena carga en un aeropuerto de alta montaña es comparable a pedirle a un paciente recién operado del pulmón que corra un maratón.
El vuelo de prueba realizado el 9 de enero fue exitoso, pero se hizo con el avión vacío y a una altitud diferente.
La investigación preliminar, publicada el 28 de enero de 2026, subraya que el motor izquierdo sufrió una degradación de rendimiento progresiva apenas segundos después de la rotación, siendo incapaz de generar el empuje necesario para mantener una tasa de ascenso positiva.
Los 120 segundos finales: Lucha en la cabina

El capitán Fernando Torres, un piloto experimentado con más de 1,650 horas de vuelo, inició la carrera de despegue a las 4:09 p.m.
El avión consumió los 1,100 metros de pista con una pereza alarmante.
Al elevarse, la asimetría de potencia se hizo presente.
Cuando un motor falla en un bimotor, la aeronave tiende a realizar una “guiñada” violenta hacia el lado inoperativo.
La evidencia física encontrada en la finca Marengo es una confesión silenciosa de la lucha agónica en la cabina.
El timón de dirección fue hallado con una deflexión de 13 grados hacia la izquierda.
Esto confirma que el capitán estaba pisando el pedal opuesto a fondo para mantener el morro recto.
Sin embargo, a baja velocidad, esta maniobra genera una resistencia aerodinámica masiva.
Se produjo una paradoja fatal: cuanto más intentaba el piloto elevar el morro para alejarse del terreno, más velocidad perdía, provocando que el ala izquierda entrara en una pérdida de sustentación total.
El mito del incendio y la verdad de las hélices
La investigación ha desmentido que el avión se incendiara en el aire.
Los peritos de la Aeronáutica Civil no encontraron rastros de hollín en el primer punto de impacto.
El fuego fue consecuencia de la fractura de los tanques de combustible tras el choque contra el terreno.
Otra pista crucial reside en las hélices.
Si un motor impacta generando potencia, las palas suelen curvarse hacia atrás.
En este caso, las palas conservaban gran parte de su forma original, lo que indica que en el momento final, los motores apenas generaban fuerza.
El Piper Navajo no cayó verticalmente; impactó con un ángulo de ataque elevado y rebotó violentamente, fragmentándose a las 4:11 p.m. , exactamente 120 segundos después de soltar frenos.
Lecciones de una tragedia nacional
Este 4 de febrero de 2026, el análisis técnico nos deja una lección fundamental: la seguridad aérea no es un estado estático, sino un equilibrio frágil.
La suma de factores gestionables por separado —la altitud, el peso, la temperatura y una reparación reciente— creó un escenario físicamente irrecuperable.
La “presión de la misión” por cumplir una agenda de una figura pública pudo haber influido en la percepción del riesgo, pero al final, cuando las ruedas dejan el suelo, la fama desaparece.
Solo quedan el piloto, su máquina y las leyes inquebrantables de la física.
Yeison Jiménez se fue como el “Aventurero” que siempre fue, pero su partida deja un legado de precaución para toda la aviación en aeropuertos de alta montaña.