El Parque El Golfito, en el barrio Modelia de la localidad de Fontibón, se convirtió nuevamente en el epicentro de un momento cargado de recuerdos, lágrimas y silencios.
Allí, familiares, amigos y ciudadanos que seguían la trayectoria de Miguel Uribe Turbay se reunieron para rendirle homenaje, exactamente un mes después de aquel atentado que apagó su vida de manera repentina.

Desde muy temprano, varias personas llegaron con flores blancas y velas encendidas, símbolos de paz y memoria.
A las 9:20 de la mañana, Miguel Uribe Oñó, padre del exsenador, apareció acompañado de su esposa, Delia Jaramillo.
La pareja caminó lentamente hasta el punto exacto donde se produjo el ataque.
Poco después, se sumó María Claudia Tarazona, viuda de Uribe Turbay, acompañada de una de sus hijas.
El silencio fue absoluto al verlas abrazarse con fuerza, reflejando en sus rostros la carga de dolor que aún no encuentra alivio.
El homenaje no solo fue íntimo; también asistieron vecinos, simpatizantes y figuras públicas que conocieron de cerca al exsenador.
En medio de una multitud conmovida, se escucharon cánticos, rezos y aplausos, todo en un ambiente que buscaba transformar la tragedia en un símbolo de resistencia y esperanza.

Las palabras de la familia tocaron lo más profundo de los presentes: “Estamos acá porque queremos reivindicar este lugar.
Que no sea recordado como el sitio donde atentaron contra Miguel, sino como un espacio de vida, de memoria y de unión”, expresó con voz quebrada uno de los familiares.
El recuerdo de aquel 7 de junio volvió con fuerza.
Esa mañana, Miguel salió de casa pronunciando una frase sencilla: “Nos vemos más tarde, vamos a comer una pizza”.
Una despedida común, que sus seres queridos jamás pensaron que sería la última.
La evocación de ese instante generó lágrimas entre quienes escuchaban, pues mostraba la crudeza con la que la violencia interrumpió la vida cotidiana de una familia colombiana.
Durante la ceremonia, se resaltó la relación de Miguel con su hijo Alejandro.
El vacío que dejó en el niño fue descrito como una herida imposible de cerrar: “Nunca más Alejandro iba a volver a jugar con él”, recordó un allegado.
Ese testimonio, lleno de tristeza, hizo visible la dimensión humana del político que, más allá de su carrera, era padre, hijo y esposo.

El homenaje se transformó también en un mensaje colectivo de resistencia frente a la violencia.
Los asistentes coincidieron en que la partida de Miguel Uribe Turbay debe convertirse en una oportunidad para reafirmar la necesidad de un país unido, donde la vida y la esperanza prevalezcan sobre el odio y la división.
“Este dolor no puede ser en vano, debe convertirse en luz para Colombia”, señalaron entre los discursos.
El legado político de Miguel también estuvo presente en las voces de quienes lo acompañaron en su trayectoria dentro del Centro Democrático.
Se recordó su compromiso con la seguridad ciudadana, su defensa de la institucionalidad y su apuesta por un país con mayores oportunidades para los jóvenes.
Para muchos, su trabajo y sus ideales deben seguir siendo bandera de quienes hoy buscan un futuro más justo para Colombia.
Las lágrimas se mezclaron con los aplausos en el momento final, cuando todos los presentes guardaron un minuto de silencio mientras sostenían velas encendidas en alto.
Ese instante marcó el cierre del homenaje, que más que un adiós, se convirtió en una promesa de mantener viva su memoria.
El Parque El Golfito, antes escenario de una tragedia, hoy empieza a transformarse en un lugar de encuentro para quienes desean recordar a Miguel Uribe como un hombre de familia, un líder político y un colombiano que soñaba con un país mejor.