🔞 ¡DESGARRADOR! El último video grabado por Yeison Jiménez minutos antes de su muerte se filtra hoy.

El 16 de enero de 2026, Colombia se ha despertado bajo un cielo que parece pesar más de lo habitual.

La nación entera, desde las plazas de mercado hasta los rascacielos de las grandes ciudades, se encuentra sumida en lo que los expertos denominan un “duelo simbólico”, tras la trágica partida de Yeison Jiménez.

La muerte del artista número uno del género popular, ocurrida el pasado fin de semana en un accidente aéreo que le arrebató la vida a él y a cinco miembros de su equipo de confianza, ha dejado una cicatriz profunda en el tejido emocional de un país que veía en él no solo a un cantante, sino a un hermano, un parcero y un ejemplo viviente de que el sueño colombiano es posible.

Este viernes, los homenajes en el Movistar Arena de Bogotá han servido como el epicentro de un dolor colectivo que trasciende lo musical.

Durante las transmisiones especiales de los medios de comunicación y las conversaciones en las calles, se ha hecho evidente que la muerte de Yeison dolió incluso a quienes nunca estrecharon su mano.

La psicología moderna explica este fenómeno de manera clara: aunque no existiera una relación directa, la voz de Jiménez fue el refugio emocional de millones de personas en sus duelos, sus amores, sus “borracheras emocionales” y sus silencios más íntimos.

La música no solo se escucha; se usa para sobrevivir, y al perder al hombre que ponía palabras a lo que muchos no sabían decir, los colombianos sienten que han perdido una parte de su propia historia.

La tragedia, que tuvo lugar el 10 de enero, cobró la vida de Yeison y de su círculo más cercano, incluyendo a su manager Jeffre y a otros colaboradores como Juan Manuel y el piloto de la aeronave.

Esta pérdida múltiple ha golpeado con especial dureza a la familia Jiménez-Restrepo, pero también ha dejado en estado de choque a sus colegas de profesión.

Artistas como Alzate, Jhon Alex Castaño, Jessi Uribe y Paola Jara —los cuatro jinetes que le dieron un nuevo estatus y sonido a la música popular— se encuentran hoy desolados.

Relatos conmovedores han surgido en las últimas horas, como el de Alzate, quien se encerró en su habitación durante días, incapaz de procesar que su amigo, con quien grabó el éxito “Mi venganza”, ya no está.

El legado de Yeison Jiménez es, ante todo, una historia de superación que genera una identificación inmediata.

Él representaba el “venir desde abajo”, el luchar contra el rechazo y el no rendirse jamás.

Muchos recordaron hoy cómo, en sus inicios, Yeison recorría los pueblos pegando sus propios afiches y pagando sumas modestas en el centro de Bogotá para que le diseñaran su publicidad.

Esa esencia de “calle”, que nunca abandonó a pesar de la fama y la fortuna, fue lo que cimentó su vínculo con el pueblo.

Incluso en sus últimos registros digitales, se le veía en una tienda de barrio comprando queso y Pony Malta con su equipo, “parchado” como cualquier otro ciudadano, demostrando una humildad que hoy se extraña con amargura.

La empatía nacional surge también del hecho de que Yeison era un hombre joven, de apenas 34 años, con un futuro brillante que se extinguió en un instante.

Deja atrás una esposa devastada, Sonia Restrepo, y unas hijas que ahora deberán crecer con el eco de su voz en los altavoces.

En México, donde lo apodaban “el colombiano más mexicano”, el luto es igual de intenso, evidenciando que su carisma no conocía fronteras.

Hoy, los “Jimenistas” de corazón se han volcado a las radios y redes sociales para enviar mensajes de apoyo, mientras colegas como Jhon Alex Castaño recuerdan con nostalgia los días en que, siendo apenas un jovencito con una guitarra, Yeison empezaba a labrar el camino que lo llevaría a la cima.

En el ámbito profesional, el hueco que deja es inconmensurable.

Yeison no solo cantaba; él apoyaba a los nuevos talentos y unía al gremio.

Su capacidad para visualizar su éxito era tal que algunos hablan de una “clarividencia” casi mística, aunque también mencionan con escalofrío que, en algunas ocasiones, el artista había manifestado temores sobre los viajes aéreos que tanto frecuentaba por su carrera.

Esa premonición cumplida añade una capa de tragedia griega a una historia que ya de por sí es desgarradora.

Colombia hoy no solo llora a una estrella; llora a un hombre que enseñó a toda una generación que, sin importar cuán difícil sea el comienzo, se puede llegar a lo más alto sin olvidar de dónde se viene.

A medida que los actos fúnebres avanzan este 16 de enero de 2026, el silencio en las emisoras y el respeto en las calles hablan más que cualquier discurso oficial.

El “duelo simbólico” es real porque la conexión era humana.

Yeison Jiménez se ha ido de este plano, pero su música se queda como un testamento de resiliencia.

El “Aventurero” ha emprendido su vuelo más largo, dejando a un país agradecido por su talento y profundamente conmovido por su humanidad.

La calle, su escenario natural, siempre lo recordará como el parcero que logró lo imposible y que, al final del día, solo quería descansar bajo el cariño de su gente.

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