En un panorama mediático saturado de noticias superficiales, la presentadora y modelo colombiana ha logrado ejecutar un experimento social que no solo se volvió viral, sino que desnudó los prejuicios más profundos de la sociedad latinoamericana respecto a los roles de género y la responsabilidad en la crianza.
Lo que comenzó como una “noticia inesperada” sobre la supuesta entrega de la custodia de su hijo, Jacobo, a su padre, el exfutbolista Fredy Guarín, terminó convirtiéndose en una lección de sociología aplicada a la farándula que ha puesto a reflexionar a millones de personas.

El video, que hoy es tendencia en diciembre de 2025, inició con una Sara Uribe mostrándose vulnerable pero decidida.
La presentadora utilizó un tono que mezclaba el cansancio personal con la esperanza de un nuevo comienzo amoroso.
Afirmó ante sus millones de seguidores que, tras años de sacrificios, había decidido “recuperar su vida”.
Relató cómo, desde el nacimiento de Jacobo, había dejado de lado proyectos profesionales en la televisión y el modelaje, cómo había enfrentado cambios en su imagen física y cómo su libertad se había visto drásticamente reducida.
Para añadirle verosimilitud al relato, Sara mencionó que se había vuelto a enamorar y que su nueva pareja requería tiempo y dedicación, los cuales solo podría obtener si entregaba la custodia de su hijo al padre.
La modelo fue aún más específica y utilizó un lenguaje que resonó con ironía en los oídos de muchas mujeres: aseguró que ella se convertiría en la “madre de fin de semana”, que visitaría al niño ocasionalmente y que enviaría una mensualidad para su sustento, siempre y cuando sus posibilidades económicas se lo permitieran.
Como era de esperarse en un entorno digital propenso al juicio rápido, la indignación no tardó en estallar.
Miles de internautas, sin esperar a ver el desenlace del video, comenzaron a inundar la sección de comentarios con adjetivos como “mala madre”, “irresponsable” y “desnaturalizada”.
Se le acusó de anteponer un hombre a su propio hijo, cayendo exactamente en la trampa narrativa que Sara había diseñado con precisión quirúrgica.
Sin embargo, el punto de giro del video fue lo que realmente consolidó el mensaje. Sara Uribe, con una calma que contrastaba con la histeria de los comentarios, confrontó a su audiencia: “¿Les pareció raro, cierto? ¡Ay, la mala madre! Porque si lo hace una mujer es tan raro, pero si lo hace un hombre es tan normal”.

En ese instante, el video dejó de ser un chisme de farándula para convertirse en una denuncia política y social.
La empresaria paisa detalló que su intención nunca fue abandonar a Jacobo, sino utilizar su plataforma para visibilizar la doble moral que impera en la sociedad.
Cuestionó frontalmente por qué cuando un padre se desentiende de la crianza diaria, delega la responsabilidad total en la madre y se limita a ser un “visitante de fin de semana”, nadie lo etiqueta como “mal padre” de la misma forma visceral en que se juzga a una mujer.
Sara Uribe pidió a los internautas que “invirtieran los papeles”. Invitó a los hombres y a las mujeres que la criticaron a entender la carga emocional, física y profesional que implica ser madre soltera en un mundo que a menudo glorifica al padre ausente por el simple hecho de cumplir con una cuota alimentaria mínima.
La modelo aprovechó el espacio para rendir un homenaje a todas las madres solteras que han sacado adelante a sus hijos sin el apoyo de una pareja, enfrentando el estigma social y el agotamiento en soledad.

Aunque Sara nunca mencionó directamente a Fredy Guarín en términos de reclamo, para los analistas de la crónica social fue inevitable leer entre líneas. Jacobo, de 5 años, es fruto de una relación que terminó en 2020 y que ha estado bajo el ojo público por las crisis personales de Guarín.
El video parece reflejar la realidad interna de muchas mujeres que, tras la ruptura con figuras de alto perfil o deportistas de élite, deben asumir la logística total de la vida de sus hijos mientras los padres continúan con sus carreras o nuevas relaciones de manera casi inalterada.
El mensaje de Sara Uribe es poderoso porque utiliza la provocación para generar empatía. No solo defendió su derecho a tener una vida propia, sino que exigió una reevaluación de la moralidad según el género.
La noticia inesperada, por tanto, no fue la pérdida de la custodia, sino la revelación de un sistema social que castiga a la madre que busca bienestar mientras premia la mínima presencia del padre.
A fecha de hoy, Sara Uribe se consolida no solo como una figura del entretenimiento, sino como una voz influyente que utiliza su experiencia personal para abogar por la equidad en las responsabilidades parentales.
Su compromiso con Jacobo, lejos de estar en duda, se mostró más firme que nunca al usar su propia imagen para proteger y dar voz a miles de mujeres que viven esa misma realidad en el anonimato.
Este reporte concluye que la estrategia de Sara Uribe fue un éxito rotundo en términos de impacto y concienciación, recordándonos que en la era de la información, el contexto es tan importante como la noticia misma.
La reflexión propuesta por la Paisa sigue vigente: la maternidad no debería ser una cárcel de libertad, ni la paternidad un privilegio de ausencia reglamentada.