En este miércoles 4 de febrero de 2026, Colombia recibe con profundo pesar y una búsqueda incesante de respuestas los detalles técnicos que comienzan a arrojar luz sobre la tragedia que silenció la voz de uno de los artistas más queridos del país.
Tras cumplirse poco más de tres semanas del siniestro que segó la vida del ídolo de la música popular, Yeison Jiménez, la Aeronáutica Civil de Colombia (Aerocivil), a través de su Dirección Técnica de Investigación de Accidentes Aéreos (DIACC), ha hecho público el primer informe preliminar.

Este documento, aunque no constituye la sentencia definitiva sobre las causas del accidente, ofrece una reconstrucción meticulosa de lo ocurrido en la vereda Romita de Paipa, Boyacá, el pasado 10 de enero.
La nación, que aún viste de luto, se enfrenta hoy, 4 de febrero de 2026, a una narrativa técnica que describe una secuencia de eventos tan rápida como devastadora.
El informe detalla que la aeronave, una avioneta con matrícula N325FA, se encontraba bajo un plan de vuelo meticulosamente trazado: una salida programada hacia las 15:05 horas, con una ruta establecida entre Paipa y Medellín (Rionegro), operando bajo condiciones de vuelo visual (VFR), una altitud de crucero de 12,500 pies y una velocidad estimada de 160 nudos.
Nada en los documentos previos al despegue sugería que la tarde terminaría en una catástrofe nacional.
Crónica de un despegue fatalDe acuerdo con la información consignada por los peritos, la aeronave realizó su rodaje hacia la pista 5 del aeropuerto Juan José Rondón de Paipa con total normalidad.
El reloj marcaba exactamente las 4:09 de la tarde cuando los motores rugieron para iniciar la carrera de despegue.

Sin embargo, la libertad del aire duró apenas un suspiro.
Solo dos minutos después, a las 4:11 p.m. , el destino se ensañó contra el “Aventurero” y su equipo de trabajo.
El informe preliminar de la DIACC es enfático en un punto que ha generado gran impacto en la opinión pública este 4 de febrero de 2026: el comportamiento de la aeronave al momento del impacto.
Al parecer, la avioneta no registró señales de fuego ni explosiones mientras se encontraba en el aire.
La tragedia se desencadenó cuando, tras perder altura de forma repentina poco después de despegar, la aeronave colisionó contra el terreno en la finca Marengo.
El impacto no fue un golpe seco y estático; la fuerza de la colisión provocó un desplazamiento lineal de los restos de 21 metros, una distancia que evidencia la energía cinética que aún conservaba el aparato al chocar contra la tierra boyacense.
El infierno post-impacto y la causa de las lesiones fatalesUno de los hallazgos más desgarradores del informe revela que el incendio que consumió por completo la avioneta fue un evento posterior al choque.
“Tras la colisión se produjo el rompimiento de los tanques de combustible, lo que generó un incendio que consumió completamente la aeronave”, reza el documento.
Este fuego post-impacto dificultó las labores iniciales de rescate, pero no ocultó para los investigadores la realidad de lo sucedido: los seis ocupantes, incluido Yeison Jiménez, presentaron lesiones de connotación fatal como consecuencia inmediata del impacto masivo contra el terreno.

Los investigadores lograron identificar todas las secciones y componentes de la avioneta en el sitio del accidente, lo que permite descartar, en primera instancia, que alguna parte estructural se haya desprendido en pleno vuelo.
Además, el reporte técnico señala que, preliminarmente, la aeronave se encontraba en condiciones aptas para operar y que el clima no fue un factor determinante, ya que no hubo registros de tormentas ni fenómenos meteorológicos severos en el área al momento del despegue.
Con la visibilidad adecuada y un equipo técnico calificado a bordo, la pregunta que hoy sacude a Colombia es qué fallo mecánico o humano pudo ocurrir en esos escasos 120 segundos para que un vuelo de rutina se convirtiera en una tragedia histórica.
El legado de Yeison Jiménez en medio del dolorMientras los expertos de Aerocivil siguen recolectando pruebas y analizando cada tornillo y cada registro de mantenimiento, el país intenta procesar la pérdida de un artista que, desde sus humildes orígenes en Manzanares, Caldas, hasta los estadios más grandes, siempre llevó el mensaje de que los sueños se cumplen.
La muerte de Yeison Jiménez no es solo una estadística más en los registros de la aviación civil; es un vacío profundo en la cultura popular colombiana.
Este informe del 4 de febrero de 2026 es apenas el primer paso hacia la verdad.
La Dirección Técnica de Investigación de Accidentes Aéreos ha aclarado que este documento no tiene como fin señalar culpables, sino prevenir futuros accidentes.
Sin embargo, para la familia, los amigos y los millones de seguidores de Jiménez, cada dato técnico es una pieza de un rompecabezas de dolor que solo se completará cuando se determine la causa oficial.
Por ahora, el equipo investigador se centra en el análisis de los motores y los sistemas de combustible, así como en las grabaciones de las torres de control.
Se espera que en los próximos meses un informe final brinde la claridad que el país exige.
Mientras tanto, nos quedamos con el eco de sus canciones y la imagen de un hombre que, hasta su último minuto, estuvo volando hacia sus metas.
Descansa en paz, aventurero; Colombia no te olvida.