Lo que debió ser un momento de recogimiento, silencio y duelo profundo se ha convertido en el epicentro de una de las polémicas más encendidas de la farándula colombiana en los últimos tiempos.
La reconocida presentadora y modelo bogotana Jessica Cediel se encuentra bajo el fuego cruzado de las redes sociales tras compartir con sus más de 10 millones de seguidores una serie de imágenes y videos capturados durante las honras fúnebres de su padre, Alfonso Cediel.

La controversia ha escalado rápidamente, poniendo sobre la mesa un debate ético sobre los límites de la privacidad, la sobreexposición en la era digital y la naturaleza del duelo en las figuras públicas.
Don Alfonso Cediel falleció el pasado 20 de diciembre tras una valiente y prolongada batalla contra una enfermedad degenerativa conocida como el síndrome de Gerstmann-Sträussler-Scheinker.
Esta condición, extremadamente rara y devastadora, provoca una degeneración cerebral progresiva y demencia, un proceso que la misma Jessica había compartido en ocasiones anteriores para generar conciencia sobre el cuidado de los adultos mayores.
Sin embargo, la empatía inicial que despertó la noticia de su partida se transformó en una ola de indignación cuando la presentadora decidió documentar el último adiós frente al féretro de su progenitor.
El funeral: ¿Un espacio sagrado o un escenario para el contenido? La furia de los internautas estalló al observar lo que muchos describieron como una “sesión de fotos” en plena sala de velación.
En las imágenes publicadas en su cuenta de Instagram, se puede ver a Jessica Cediel y a otros miembros de su familia en actitudes que van desde la oración ferviente hasta lo que algunos consideran poses coreografiadas cerca del ataúd.
Para un sector considerable de la audiencia, este acto representa una falta de respeto absoluta hacia la memoria del fallecido y una vulneración de la solemnidad que exige un funeral.
Las críticas no se hicieron esperar, inundando las plataformas con comentarios que cuestionan la necesidad de tener una cámara presente en un momento tan vulnerable.
“Hay momentos que son sagrados y el funeral de un padre es uno de ellos.
¿En qué momento piensas que es buena idea posar para una foto frente a un ataúd?”, expresaba uno de los usuarios con mayor apoyo en la publicación.

Otros internautas fueron más allá, acusando a la modelo de utilizar su dolor de manera “convincente” para generar interacciones, visualizaciones y, en última instancia, llamar la atención en un momento donde el protagonismo debería ser la paz del difunto.
La delgada línea entre el duelo compartido y la sobreexposición Jessica Cediel, fiel a su estilo comunicativo, acompañó las imágenes con un mensaje cargado de emotividad: “Hoy fue nuestro último abrazo.
Hoy no te digo adiós, papi, sino hasta pronto.
Gracias por todo, papito lindo de mi corazón.
Mi vida cambia en un antes y un después, me siento perdida”.
A pesar de la evidente tristeza que destilan sus palabras, para muchos el mensaje se vio empañado por la naturaleza visual de la publicación.
Los críticos argumentan que existe una diferencia abismal entre anunciar el fallecimiento de un ser querido y convertir el velorio en un espectáculo mediático.
El debate ha dividido a la opinión pública en dos bandos claramente diferenciados.
Por un lado, están aquellos que defienden el derecho de cada individuo a vivir su duelo como mejor le parezca.
Este grupo sostiene que las redes sociales son, para figuras como Cediel, una extensión de su vida y un canal de desahogo emocional donde buscan el apoyo de su comunidad.
“Nadie tiene derecho a juzgar cómo alguien llora a su padre.
Si ella encuentra consuelo compartiendo este momento, es su decisión”, afirman sus defensores.

Sin embargo, el bando opuesto sostiene que la exhibición de la intimidad familiar en momentos de tragedia responde a una necesidad narcisista de validación constante.
Para estos críticos, la presencia de un fotógrafo o la acción de preparar el teléfono para capturar una pose de llanto frente a un féretro despoja al duelo de su autenticidad y lo convierte en un producto de consumo digital.
La pregunta que resuena en las redes es: ¿Dónde termina la necesidad de afecto y dónde comienza la explotación de la propia tragedia? Un eco de preguntas sin respuesta La partida de Alfonso Cediel deja un vacío inmenso en su familia, pero la reacción del público ante el comportamiento de Jessica deja una lección sobre la sensibilidad social actual.
La presentadora mencionó en su texto que se siente “con muchas preguntas inesperadas por tu partida”, esperando que Dios le dé paz con las respuestas.
No obstante, las preguntas que ahora le formula el público son de otra índole, centradas en la ética de la influencia digital y el respeto a la privacidad de los que ya no están para defenderla.
Este episodio recuerda casos anteriores de celebridades que han sido señaladas por comportamientos similares, sugiriendo que la sociedad está empezando a marcar límites más claros sobre lo que considera aceptable en el entorno digital.
La muerte, tradicionalmente vista como el espacio de máxima intimidad y respeto, parece estar siendo alcanzada por la urgencia de los “likes”, una tendencia que genera rechazo en una cultura que aún valora el silencio del luto por encima del ruido de las notificaciones.
Mientras Jessica Cediel intenta procesar la pérdida de su “papito lindo”, la tormenta en redes no amaina.
La presentadora, que ha superado múltiples escándalos en el pasado —desde complicaciones estéticas hasta rupturas amorosas mediáticas—, enfrenta ahora un juicio social que toca lo más profundo de su fibra humana.
La lección parece clara: en la era de la transparencia total, hay momentos que brillan más cuando permanecen en la sombra de la intimidad familiar.