El mundo del espectáculo en México y el mercado del regional mexicano han sido sacudidos este miércoles, 14 de enero de 2026, por una filtración que amenaza con desmantelar una de las dinastías más poderosas de la música: los Aguilar.
Javier Ceriani, el periodista que se ha jactado de no aceptar “cheques de silencio”, ha liberado un archivo de audio que hasta hace poco era el secreto mejor guardado de Pepe Aguilar.

En la grabación, se escucha la voz de Ángela Aguilar admitiendo, entre suspiros y un tono quebrado, una infidelidad cometida contra su esposo, Christian Nodal.
La revelación no solo confirma los rumores de una crisis matrimonial, sino que expone las costuras de un matrimonio que, según el audio, fue producto de una “operación de control de daños” orquestada por el patriarca de la familia.
“Sí, lo engañé.
Sí, estaba con alguien más mientras estaba con Christian”, se escucha decir a la joven cantante en un archivo que data del 18 de marzo de 2024.
Esta fecha es crucial, pues en ese entonces la pareja proyectaba una imagen de perfección absoluta en redes sociales y entrevistas pactadas, mientras que, puertas adentro, la realidad era una de asfixia y deslealtad.
La filtración llegó a manos de Ceriani a través de un sobre café, sin remitente, que contenía un dispositivo USB gris.
Tras un riguroso proceso de verificación de metadatos para descartar montajes con inteligencia artificial, el equipo de producción confirmó que se trata de una nota de voz auténtica grabada desde un smartphone de gama alta.
En el audio, Ángela no solo admite su traición, sino que lanza una acusación velada contra su padre: “¿Quién fue el que me dijo que tenía que casarme rápido para limpiar la imagen?”.
Esta frase ha dejado a Pepe Aguilar en el centro de una tormenta mediática, señalado como el arquitecto de una vida que su hija no eligió.
El impacto de este audio llegó a los oídos de Christian Nodal de la manera más cruda posible.
Fuentes cercanas al intérprete de “Adiós Amor” relatan que el cantante recibió el enlace al programa mientras se encontraba en su estudio de Ciudad de México, tratando de componer nueva música.
Solo, frente a su consola y con un tequila a medio servir, Nodal escuchó la admisión de su esposa.
Testigos aseguran que el cantante no reaccionó con gritos, sino con un silencio sepulcral, apretando su celular hasta que los nudillos se le tornaron blancos.
La traición no fue lo único que lo golpeó; fue el entender que su matrimonio, el cual defendió a capa y espada frente a las críticas, fue utilizado por la familia Aguilar como una “tabla de salvación” para la reputación de Ángela.
Tras escuchar la filtración, Nodal tomó la decisión de enfrentar a Ángela de inmediato.
Tras una tensa llamada telefónica donde ella finalmente admitió que la voz era suya, ambos se citaron en un hotel discreto del sector de Polanco para poner fin a su historia.

Nodal, con una calma gélida, le dejó claro que no buscaba dinero ni pleitos legales eternos, sino un divorcio rápido donde conste la infidelidad.
“No quiero un peso tuyo, solo quiero mi nombre limpio”, habría sentenciado el artista.
El encuentro terminó sin abrazos, cerrando un trato comercial sobre las cenizas de lo que el público creyó que era un gran amor.
Las repercusiones profesionales para Ángela Aguilar han sido inmediatas en este inicio de año.
Varias marcas de cosméticos y productos familiares han comenzado a retirar discretamente sus anuncios, citando diferencias en “valores corporativos”.
Promotores de conciertos en diversos estados han empezado a cancelar fechas debido a la estrepitosa caída en la venta de boletos.
La opinión pública parece haber llegado a un punto de no retorno con la “princesa del regional”, quien ahora es vista no solo como la “rompehogares” de la historia de Cazzu y Belinda, sino como una mujer controlada por un sistema patriarcal que terminó por quebrarla.
Por otro lado, el fantasma del karma ha sido invocado por los seguidores de Belinda y Cazzu.
Ambas artistas, que sufrieron desplantes públicos tras sus respectivas rupturas con Nodal, han guardado un silencio total que muchos interpretan como “justicia poética”.
Mientras Cazzu se enfoca en la crianza de su hija en Argentina y Belinda continúa con su carrera con dignidad, Nodal experimenta en carne propia el dolor que en el pasado causó a otros.
Este escándalo marca un antes y un después para la familia Aguilar.
Pepe Aguilar, acostumbrado a manejar la narrativa de los medios con mano de hierro, se enfrenta a una filtración que no pudo detener ni con poder ni con dinero.
La frase de Ángela, “yo ya estaba rota cuando me casé”, resuena hoy como un grito de auxilio que llegó demasiado tarde, exponiendo que en el mundo del espectáculo, las vidas más brillantes suelen esconder las sombras más densas.