El 20 de enero de 2026, lo que debería haber sido una jornada de absoluto respeto y recogimiento en Bogotá, se ha visto empañado por escenas de un fanatismo desbordado que ha cruzado la línea de la decencia.
Mientras el cuerpo de Yeison Jiménez era trasladado para su ceremonia privada en los Jardines del Recuerdo, una multitud de seguidores, movidos por una mezcla de dolor y euforia incontrolable, terminaron por aporrear el coche fúnebre que transportaba los restos mortales del artista caldense.

Las imágenes, captadas por diversos medios de comunicación y viralizadas en redes sociales, muestran a personas golpeando los cristales y la carrocería del vehículo, en un intento desesperado por tocar el féretro o conseguir una fotografía del último trayecto del “Aventurero”.
Este comportamiento ha generado un fuerte rechazo entre quienes consideran que el duelo de la familia debería ser sagrado.
Resulta incomprensible cómo el fervor por un ídolo puede derivar en actos que rozan lo irrespetuoso, especialmente cuando la familia Jiménez-Restrepo había solicitado expresamente que la jornada de hoy fuera de carácter íntimo y reservado.
“No entiendo qué se consigue golpeando un coche fúnebre”, comentan analistas del sector, subrayando que, si bien el cariño del público es el motor de cualquier artista, en el momento de la muerte, ese mismo cariño debe transformarse en silencio y decoro.
La paradoja es dolorosa: el pueblo que tanto amó a Yeison es el mismo que, en su afán de cercanía, termina perturbando la paz de su partida.
En medio de este caos mediático, ha surgido una noticia que toca las fibras más profundas de la historia personal del cantante.

Alejandro Jiménez, el hermano menor de Yeison, rompió su silencio tras varios días de absoluto hermetismo.
El parecido físico entre ambos es tan asombroso que muchos seguidores han quedado impactados al ver las fotografías compartidas por Alejandro en sus redes sociales; son, esencialmente, dos gotas de agua que hoy caminan por senderos distintos.
Alejandro, visiblemente devastado, compartió un mensaje que ha conmovido a todo el país, revelando una promesa que el destino no permitió cumplir.
“Nos faltaron solo 4 días para dejar listo todo lo que hablamos el 8 de enero”, escribió el joven en su cuenta de Instagram, refiriéndose a una conversación que mantuvieron apenas dos días antes del accidente aéreo en Boyacá.
Según relató, pasaron horas comiendo y proyectando el futuro, con Yeison dándole consejos y planeando cómo Alejandro se integraría más activamente en sus proyectos empresariales.
El hermano menor confesó que aún espera un mensaje del cantante y que no sabe de dónde está sacando fuerzas para procesar la realidad de que ese encuentro nunca se concretará.
“No fue un adiós, hermano, fue un hasta luego lleno de lágrimas y amor”, sentenció en una publicación que incluyó un collage de fotos desde su infancia en Manzanares hasta la cima del éxito.
La familia Jiménez siempre fue un núcleo numeroso y humilde, compuesto por cinco hermanos: Lina, Heidy, Laura, Andrés y Alejandro.
Durante su trayectoria, Yeison siempre resaltó que su unión fue el pilar que le permitió sobrevivir a las penurias económicas de su niñez en Caldas.
Hoy, esa estructura familiar se enfrenta a su prueba más dura, no solo por la pérdida del líder del clan, sino por el acoso constante de un público que, en ocasiones, olvida que detrás de la estrella hay seres humanos de carne y hueso sufriendo un trauma irreparable.
El operativo de traslado desde la funeraria hasta el camposanto Jardines del Recuerdo, al norte de la capital, comenzó sobre las 9 de la mañana de este 20 de enero.
La caravana estuvo escoltada por la Secretaría de Movilidad y la Policía Metropolitana, pero el filtro de seguridad fue insuficiente para contener a los fanáticos que se agolparon en los semáforos y puntos de control.
Mientras llegaban al lugar diferentes elementos decorativos y cuadros para el homenaje privado, la tensión crecía fuera del recinto.
Muchos se preguntan por qué no se habilitó una zona residencial privada o un espacio de acceso más restringido para evitar que el coche fúnebre fuera golpeado por la multitud.
Mañana se espera que el Movistar Arena abra sus puertas para un homenaje masivo, donde los “Jimenistas” podrán finalmente despedirse del artista en un entorno controlado y diseñado para el público.
Lo lógico, según coinciden expertos en protocolos fúnebres, es que el día dedicado a la familia se respete la intimidad, dejando la efusividad para los actos públicos oficiales.
Sin embargo, el fenómeno Yeison Jiménez ha demostrado ser tan potente que las reglas convencionales parecen no aplicar.
Yeison Jiménez se va dejando un vacío inmenso no solo en la música popular, sino en el corazón de tres hijos y una esposa, Sonia Restrepo, quienes fueron el eje central de su vida.
El “Aventurero” que soñó con conquistar el mundo lo logró, pero el costo de esa conquista es hoy un país que no sabe cómo dejarlo ir en paz.
Mientras el ruido de los pitos y los gritos todavía resuena en las calles de Bogotá tras el paso del vehículo fúnebre, el mensaje de su hermano Alejandro queda como el testamento más fiel de quién era el hombre detrás del sombrero: un hermano protector, un mentor exigente y un ser maravilloso que, por apenas cuatro días, no pudo ver cumplida su última promesa terrenal.