La vida de Guarín ha sido una montaña rusa de éxitos deportivos internacionales y estrepitosas caídas personales que han sido documentadas, casi minuto a minuto, por la prensa del corazón y las redes sociales.
Sin embargo, en este diciembre de 2025, el exfutbolista ha decidido despojarse de su armadura de figura pública para mostrarse vulnerable, entre lágrimas, en una entrevista que busca reconstruir los puentes rotos con sus tres hijos.

El detonante de esta nueva ola de declaraciones fue un video publicado por la modelo y presentadora Sara Uribe, madre de su hijo menor, Jacobo.
En dicha pieza, Sara hablaba de manera abierta sobre los retos de la crianza y la posibilidad de entregar la custodia, un mensaje que Guarín recibió como un llamado a la acción y a la reflexión profunda sobre su rol paterno.
Fredy reconoció públicamente el valor de Sara para exponer estos temas tan sensibles y decidió tomar el mensaje de su expareja como una motivación para recordar que sus hijos necesitan más tiempo que cualquier bien material.
Durante su reciente intervención en medios, Guarín hizo una confesión devastadora sobre su alejamiento de su hijo Jacobo, quien hoy cuenta con 5 años de edad.
Explicó que su ausencia no fue fruto del desinterés, sino de un profundo miedo: el temor a repetir con el pequeño los mismos traumas y el daño emocional que ya les había causado a sus hijos mayores, Daniel y Danna.
“En mi caso, anduve en un camino oscuro; no me quería, no me aceptaba, no me valoraba”, admitió el exfutbolista con evidente dolor.
Esta falta de amor propio lo llevó a concluir que, si él no estaba bien emocional y mentalmente, lo único que podía ofrecerle a su descendencia era más tristeza y decepción.
Su decisión de apartarse fue un intento de no “hacerle ese mismo daño” a Jacobo, una lógica que reconoce que muchos no entenderán, pero que para él fue una medida de emergencia para proteger al niño de su propio caos interno.

Hoy, tras un arduo proceso de recuperación, Fredy Guarín se presenta como un hombre renovado que busca la sobriedad como su estandarte principal de vida.
Afirma tener el corazón “limpio y sano” y, por primera vez en mucho tiempo, siente que tiene toda la disposición para dedicarla a sus hijos y a sus padres.
Su mayor anhelo es que Daniel, Danna y Jacobo puedan disfrutar de un padre responsable, dejando atrás la imagen del hombre sumido en el alcoholismo y los escándalos públicos.
El excentrocampista manifestó su deseo de mirar a sus tres hijos a los ojos y pedirles perdón formalmente por cada lágrima y cada desilusión que les causó durante sus crisis de salud mental.
Guarín fue enfático al declarar que se está “limpiando” y que está haciendo todo lo posible por hacer las cosas bien de ahora en adelante para ser un ejemplo de superación.
Incluso se refirió a la posibilidad de que Sara Uribe le entregue la custodia de Jacobo, asegurando que está “dispuesto para las que sea” con tal de estar presente en la vida del menor de manera activa.
Uno de los puntos más críticos de la conversación fue cuando se le pidió una autoevaluación como padre en una escala del 1 al 10.
Guarín se negó a ponerse una nota numérica, argumentando que las redes sociales siempre sacarán sus propias conclusiones negativas.
Aseguró que la única calificación que le importa es la que le den sus hijos y Dios, pues ellos son los únicos que conocen la profundidad de su lucha interna y la sinceridad de su arrepentimiento.
Este proceso de sanación de Fredy Guarín se convierte en un testimonio de resiliencia frente a enfermedades como el alcoholismo y la depresión, que afectan a muchos deportistas tras el retiro.
Su lucha es ahora por la “sobriedad afectiva”, intentando demostrar que nunca es tarde para pedir perdón y para intentar ser la mejor versión de uno mismo para aquellos que llevan su misma sangre.
El exfutbolista concluyó reafirmando que su prioridad absoluta es dar amor y no más tristezas a su familia cercana.
Este reporte subraya que la noticia no es solo el llanto de un ídolo caído, sino el nacimiento de un compromiso de vida que busca sanar las heridas de tres niños.