El 19 de enero de 2026, la industria de la música popular en Colombia ha dejado de ser un escenario de melodías para convertirse en un campo de batalla legal y criminal que tiene al país en vilo.
Lo que comenzó como una semana de luto nacional por la trágica muerte de Yeison Jiménez en un accidente aéreo el pasado 10 de enero, ha degenerado en una guerra abierta entre dos de sus mayores exponentes: Jessi Uribe y Giovanny Ayala.

En una escalada de acusaciones sin precedentes, la madrugada de este fin de semana fue testigo de una declaración que ha fracturado para siempre los cimientos del género regional colombiano.
Exactamente a las 3:17 de la mañana del sábado 17 de enero, Jessi Uribe rompió su silencio a través de un video en Instagram que, aunque fue borrado casi de inmediato, fue capturado por cuentas de archivo como “El Ojo del Vallenato Archivo”.
En el metraje de 7 minutos, se observa a un Uribe irreconocible, visiblemente alterado y rodeado de sombras, lanzando una acusación que cambia radicalmente el foco de la investigación judicial: acusa a Giovanny Ayala de ser el autor intelectual de la tragedia de Yeison Jiménez y de haberle robado sistemáticamente su propiedad intelectual.
La Libreta de Tapa Roja: El núcleo de la disputaSegún el relato visceral de Uribe, el conflicto se remonta a una fiesta privada en 2022.
En esa reunión, Ayala supuestamente aprovechó un descuido para apropiarse de un cuaderno de notas personal que pertenecía a Yeison Jiménez.
Este objeto, conocido entre los fanáticos como la “libreta de tapa roja”, no era un simple diario; era la bitácora donde Jiménez esbozaba las melodías y letras que definirían el futuro de su carrera.
Uribe sostiene con vehemencia que al menos tres de los éxitos más recientes de Giovanny Ayala fueron extraídos literalmente de esas páginas.
“Construyó su resurrección artística sobre el talento hurtado de un hombre que ahora está muerto y no puede reclamar su autoría”, gritó Uribe en el video filtrado, señalando que Ayala se encontraba en una crisis creativa y financiera que lo llevó a “canibalizar” la obra de su colega.
Deudas de juego y préstamos “Gota a Gota”La acusación sube de tono al introducir un móvil económico y criminal.
Jessi Uribe llamó a Ayala “usurero” y “viejo decrépito”, alegando que el intérprete de “De qué te las picas” estaba involucrado en redes de préstamos ilegales y deudas de juego impagables.
Según esta versión, Yeison Jiménez habría descubierto estos negocios turbios semanas antes del accidente y habría amenazado con exponerlos ante las autoridades.
Este supuesto chantaje moral habría sido el detonante para que Ayala, según la teoría de Uribe, planeara sacar de camino a Jiménez.

Uribe asegura tener registros de llamadas que prueban una reunión secreta entre ambos apenas unas horas antes del fatídico vuelo, donde Ayala habría citado a Jiménez bajo la excusa de pagarle regalías atrasadas por las canciones robadas, sirviendo esto como una trampa para sabotear su transporte.
El misterioso final del video: “No lo digas, nos matan”Uno de los detalles más escalofriantes de la filtración ocurre en los segundos finales.
Mientras Jessi Uribe golpeaba la mesa e insistía en que se investigara a Ayala por saber “muchas cosas”, el video sufre un corte abrupto.
Ingenieros de sonido y expertos forenses digitales que han analizado la pieza afirman que, justo antes del golpe seco que detiene la transmisión, se escucha una voz susurrando desde las sombras: “No lo digas, nos matan”.
Este hallazgo sugiere que Uribe no está solo y que el entorno que rodea a esta disputa involucra a grupos peligrosos vinculados a la red de usura mencionada.
La paranoia se ha extendido por toda la industria; productores y compositores ahora temen ser vinculados con cualquiera de los dos bandos, mientras empresarios de conciertos han comenzado a cancelar fechas de ambos artistas hasta que la Fiscalía General de la Nación esclarezca la situación.
Análisis forense de caligrafía y estiloUribe lanzó un reto directo a Ayala: someter sus últimas composiciones a un peritaje literario y caligráfico.
Sostiene que las metáforas y giros lingüísticos en las nuevas canciones de Ayala son propiedad exclusiva del estilo único de Jiménez.
Los fanáticos, convertidos ahora en investigadores digitales, ya han comenzado a encontrar coincidencias lingüísticas “estadísticamente nulas” entre la obra inédita que Jiménez solía mostrar en sus redes y los últimos lanzamientos de Ayala.
La caja de Pandora está abierta: si Jessi Uribe cae, ha prometido llevarse consigo a todo aquel que haya colaborado con lo que él llama “cantar sobre la tumba de un amigo”.
El silencio ya no es una opción en la música popular; hoy, el silencio se interpreta como complicidad.