El 16 de enero de 2026 será recordado como el día en que la voz de la inocencia logró lo que ni la música ni los discursos oficiales habían conseguido: desarmar por completo el corazón de una nación en duelo.
En el Movistar Arena de Bogotá, un recinto acostumbrado a los gritos de euforia, se vivió un silencio sepulcral que solo fue roto por la pequeña Taliana Jiménez, la hija del medio del fallecido artista Yeison Jiménez.

Con apenas 7 años, la niña se paró frente a miles de personas para pronunciar palabras que hoy resuenan en cada rincón de Colombia como el testimonio más puro y doloroso de esta tragedia: “El sueño de mi papá era vernos crecer, pero no lo pudo hacer en la tierra”.
La jornada de este viernes estuvo dividida en dos bloques de homenajes masivos.
El primero, que concluyó cerca de las 5:00 de la tarde, albergó a más de 7,000 personas, mientras que para la segunda tanda se registró un ingreso superior a los 8,000 asistentes.
Sin embargo, más allá de las cifras de aforo y de la impresionante lista de artistas que pasaron por la tarima —incluyendo a figuras como Jessi Uribe, Paola Jara, Pipe Bueno, Alzate y Johnny Rivera—, el momento que quebró la solemnidad del evento ocurrió cuando la familia directa del “Aventurero” tomó el micrófono.
Luz Galeano, la madre de Yeison, subió al escenario con una entereza que solo una “madre guerrera” puede proyectar.

De la mano de su nieta, Luz envió un mensaje directo a su hijo en la eternidad, prometiendo cuidar de su esposa, Sonia Restrepo, y de sus nietos: “Estaré para estar pendiente de tus hijos, como la verraca, como la guerrera que no te va a defraudar”, sentenció ante una multitud conmovida.
Pero fue la pequeña Taliana quien, al pedir la palabra por iniciativa propia, dio una lección de amor y fe que dejó a los asistentes bañados en lágrimas.
“Agradezcan mucho por sus papás, porque ellos dieron todo por luchar por ti y te dieron lo mejor”, dijo la niña con una claridad asombrosa para su edad.
Taliana compartió con el público que había “hablado” con su padre en sus oraciones y que él solo quería que oraran mucho por ella y por su familia.
Al referirse al sueño truncado de Yeison de ver crecer a sus tres hijos —su hermana mayor de 9 años y el pequeño Santiago—, Taliana añadió: “No lo pudo hacer en pista, pero lo podrá hacer en el cielito”.
Esta frase, cargada de una madurez forjada por la pérdida, se convirtió de inmediato en el centro emocional del homenaje.
El impacto de estas palabras no es menor.
Yeison Jiménez, quien a sus 34 años se encontraba en la cúspide de su carrera, siempre fue un hombre que puso a su familia como el eje central de sus esfuerzos.
Sus colegas, como Jorge Alfredo Vargas y el equipo de Blu Radio, recordaron hoy su paso como jurado en programas de televisión y su constante alegría, destacando que su mayor orgullo no eran los discos de oro, sino el bienestar de su hogar.
Rafael Mejía, su manager, también resaltó que el legado de Yeison permanece vigente no solo en sus canciones posicionadas a nivel mundial, sino en el equipo de trabajo que él consideraba su segunda familia y a quienes siempre instó a ser los mejores.
El cierre de la primera jornada de este 16 de enero de 2026 estuvo marcado por un minuto de silencio absoluto.

A petición de la organización, todos los asistentes levantaron su mano en dirección al lugar donde se encontraba la familia de los seis fallecidos en el accidente aéreo, en un gesto de solidaridad y energía compartida.
El ambiente en el Movistar Arena era de una nostalgia vibrante; se celebraba la vida de un icono, pero se lloraba la ausencia del padre y del hijo.
La imagen de Taliana, una niña de 7 años enfrentándose a una multitud para defender la memoria de su papá, es ahora el símbolo de la resiliencia de la familia Jiménez.
Colombia hoy no solo analiza las causas técnicas del accidente o el futuro del imperio económico que dejó el artista; hoy el país se detiene a reflexionar sobre la brevedad de la vida a través de los ojos de una niña.
El eslogan que acompañó la carrera de Yeison, “con el corazón”, adquirió hoy su significado más profundo.
Los fanáticos, invitados a través de redes sociales y WhatsApp a compartir qué hacían ellos “con el corazón”, respondieron masivamente con mensajes de amor por sus propias familias, inspirados por el sacrificio que el artista caldense hizo durante años para darle lo mejor a los suyos.
A medida que el sol se oculta sobre Bogotá y comienza la segunda jornada del tributo, queda claro que la música popular ha perdido a su máximo exponente, pero la leyenda de Yeison Jiménez se ha humanizado de una forma irreversible.
El hombre que cantaba que “no quería honores, ni llantos ni flores” terminó recibiendo el tributo más grande de todos: el reconocimiento de su propia sangre como un héroe que, aunque ya no esté en la “pista” terrenal, seguirá vigilando el crecimiento de sus hijos desde ese “cielito” que Taliana describió con tanta fe.
La orfandad de una familia es hoy la orfandad de todo un pueblo que, al igual que la pequeña, solo pide una oración por el descanso de su ídolo.