El mundo del entretenimiento y la música popular en Colombia se encuentra sumido en una parálisis absoluta.
Lo que comenzó como un rumor inquietante en las redes sociales se transformó, en cuestión de segundos, en una de las noticias más devastadoras de los últimos años: el fallecimiento del cantante Yeison Jiménez a los 34 años de edad.

Según los reportes oficiales de su equipo de prensa, el artista perdió la vida en un trágico accidente que también cobró la existencia de cuatro integrantes de su equipo de trabajo.
Sin embargo, detrás de las cifras, los titulares explosivos y las pantallas que repiten su nombre sin cesar, existe una realidad mucho más cruda y silenciosa que se desarrolla entre las paredes de un hogar ahora desolado.
Sonia Restrepo, la mujer que caminó a la sombra y al lado del ídolo, ha roto el silencio.
Pero no lo hizo con un comunicado frío ni con una entrevista pactada ante las cámaras.
Su confesión ha emergido desde el epicentro de un dolor que paraliza, revelando una verdad humana que el público, encandilado por el brillo del escenario, pocas veces logra vislumbrar.
El impacto del vacío: El segundo en que el mundo se detuvo
La noticia no llegó a Sonia a través de una notificación de prensa o un mensaje de texto masivo.
Llegó con una llamada corta, seca y definitiva.
En ese instante, el ruido exterior —los aplausos, las giras, los contratos millonarios— simplemente dejó de existir.
Sonia permaneció sentada, inmóvil, mirando un punto fijo.
Quienes la conocen saben que hay dolores que no permiten el grito inmediato; dolores que se asientan en los huesos antes de desbordarse en lágrimas.
Para el mundo, Yeison Jiménez es el ídolo de la música popular; para Sonia, era el hombre que dejaba la ropa tirada en el suelo, el que se quedaba dormido a mitad de una conversación por el agotamiento extremo, el que fingía ser invencible cuando sus fuerzas estaban al límite.
Esa dualidad entre la leyenda y el ser humano es la que ahora desgarra el alma de su viuda.
“Aceptar su ausencia en cuestión de horas es una tortura silenciosa”, confiesa una fuente cercana a la familia, describiendo el estado de shock en el que se encuentra Restrepo.
La culpa y las señales: Lo que nadie más vio
Una de las revelaciones más dolorosas que Sonia ha compartido en la intimidad de su duelo es la revisión constante del pasado.
El duelo tiene una etapa cruel: empezar a ver los días previos con los ojos del presente.
Sonia confiesa que vio señales de agotamiento que normalizó bajo la excusa de la rutina.
Recordó noches en vela donde Yeison callaba demasiado y días donde sonreía sin ganas.
Esta “amputación emocional”, como ella misma lo define, viene acompañada de una culpa irracional pero devastadora.
La pregunta “¿pude haber hecho más?” se ha instalado en su mente como un castigo.
Sonia admite que el amor a veces se engaña a sí mismo para sobrevivir a la presión de una carrera meteórica.
En su silencio actual, ella no busca consuelo, pide respeto por un dolor que no tiene forma, solo un peso insoportable que le cierra el pecho.
Entre el ídolo y el hombre: La lucha por la memoria
Mientras las redes sociales arden con suposiciones y relatos incompletos, Sonia se enfrenta al reto más difícil de su vida: explicar a sus hijos una ausencia que ella misma no logra procesar.
Para ella, el miedo no es a la soledad, sino a cómo será recordado Jason.
Teme que la imagen del artista devore por completo la del hombre, el padre y el esposo.
” Jason no fue solo una voz; fue un cuerpo cansado, una mente bajo presión y un corazón que amó con una intensidad que lo consumía”, se filtra desde su entorno.
Sonia entendió rápido que el vacío narrativo que deja una tragedia se llena pronto con rumores, y por eso, aunque todavía no tiene “piel” para exponerse públicamente, sabe que su voz será necesaria para humanizar la leyenda.
El proceso de sobrevivir al ruido público
El silencio de Sonia no ha sido una estrategia, sino una incapacidad emocional absoluta.
Mientras el mundo exige palabras de una mujer rota, ella apenas logra respirar.
La casa, que antes era su refugio, se ha convertido en un eco constante de lo cotidiano que ya no volverá.
Cada objeto, cada rincón, parece gritar la ausencia del cantante.
Sin embargo, en las últimas horas, Sonia ha tomado una decisión de valentía absoluta: dejar de ser una espectadora de su propia tragedia.
Aunque el dolor sigue abierto y sangrante, ha comenzado a entender que el perdón propio es el primer paso para sostener a su familia.
Su verdad no es técnica, es una verdad sentida, cruda e incómoda.
Sonia Restrepo ya no solo sobrevive al impacto; está empezando a transitar el largo y oscuro túnel de un duelo que vivirá bajo el escrutinio de millones, pero con la dignidad de quien amó más allá de las luces del escenario.