La esfera digital, ese universo paralelo donde la inmediatez coexiste peligrosamente con la desinformación, ha vuelto a ser el escenario de una noticia falsa que, por su naturaleza delicada y la popularidad del protagonista, ha generado una ola de preocupación innecesaria.
El reconocido periodista de investigación, Diego Guauque, cuya reciente y victoriosa batalla contra un agresivo cáncer de estómago –un leiomiosarcoma, para ser precisos, alojado en la compleja zona del retroperitoneo– lo ha convertido en un símbolo de esperanza y resiliencia, se vio forzado este pasado fin de semana a desmentir, de manera categórica, los rumores sobre una supuesta “recaída” y un reingreso de urgencia a la clínica.

La velocidad con la que las redes sociales y ciertos portales de dudosa credibilidad amplificaron la “fake news” puso de manifiesto, una vez más, la fragilidad del ecosistema informativo actual.
La historia se construyó sobre cimientos endebles: unas fotografías, aparentemente filtradas o difundidas intencionadamente, que mostraban al comunicador en una camilla de hospital.
La preocupación escaló hasta tal punto que la desmentida no pudo esperar.
El propio Guauque, con esa cercanía que lo caracteriza y que ha cultivado con sus seguidores a lo largo de su proceso, tuvo que recurrir a su cuenta de Instagram para poner fin a la especulación.
“Carreta.
Fake news.
No crean nada de eso”, fue el mensaje contundente que acompañó un video donde su sorpresa ante los titulares amarillistas era evidente.
Su reacción no solo fue una aclaración, sino una lección de manejo de crisis mediática personal, demostrando una calma y una transparencia que contrastaban con el alarmismo propagado.
Explicó que las imágenes que circulaban no eran actuales; de hecho, correspondían a una etapa ya superada y bien documentada de su tratamiento oncológico, cuando luchaba arduamente contra la metástasis que había afectado órganos vitales como los intestinos, la vejiga y el peritoneo.
Es crucial entender el contexto de la lucha de Guauque para dimensionar la crueldad de esta desinformación.
Al periodista le fue diagnosticado este tipo de cáncer, considerado raro y de difícil abordaje quirúrgico, en el inicio de 2023.
La noticia fue un mazazo, con un pronóstico inicial que los médicos llegaron a cifrar en una probabilidad de vida del 30% en 12 meses si no lograban controlar la metástasis a tiempo.
Su enfermedad lo obligó a pasar por múltiples y complejas intervenciones, incluidas varias cirugías de alta complejidad, y un arduo proceso de quimioterapia que, en un momento, le causó daño renal severo, obligándolo a pasar incluso seis días en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), un periodo de 20 días de hospitalización que marcó uno de los puntos más críticos de su tratamiento.
Sin embargo, Guauque, con una actitud mental positiva que sus médicos destacaron como un factor clave en su recuperación, logró vencer al cáncer, regresando a la televisión colombiana, concretamente al programa Séptimo Día de Caracol Televisión, no solo como un superviviente, sino como un hombre transformado.
De hecho, la publicación de la falsa noticia coincidió con un día de gran significado personal para él.
En su mensaje de desmentida, el periodista compartió que el día anterior, 29 de mayo, en lugar de estar ingresado, estaba celebrando su “segundo cumplevida”, una hermosa y emotiva expresión con la que se refiere al aniversario exacto de la fecha en que los médicos lo declararon oficialmente libre del tumor maligno.
Esta celebración, que subraya su segunda oportunidad de vida, es un testimonio vivo de su milagrosa recuperación, basada, según sus propias palabras, en un “triángulo” de pilares fundamentales: la fe inquebrantable, una atención médica de excelencia y el apoyo incondicional de su familia.

No solo Diego Guauque se vio en la necesidad de intervenir.
Su esposa, la también periodista Alejandra Rodríguez, quien ha sido su roca, su cuidadora principal y su aliada incondicional a lo largo de esta odisea, también tuvo que salir al ruedo digital para apaciguar la marea de mensajes y consultas.
A través de sus historias de Instagram, Alejandra aclaró con visible alivio: “Amanezco con una cantidad de mensajes sobre la salud de Diego.
Él ya lo aclaró en su cuenta.
Es falsa la noticia que circula sobre su ingreso a la clínica.
Gracias a Dios está perfecto y muy feliz.”
La voz de Alejandra es la voz de una familia que ha visto su vida puesta en pausa y luego renacer con una nueva perspectiva.
En varias ocasiones, ella y Diego han compartido públicamente cómo el cáncer, si bien fue una experiencia devastadora, también les enseñó el verdadero valor de la salud y de la unidad familiar.
“El cáncer me enseñó que tenemos dos grandes tesoros: la salud y la familia,” ha afirmado Guauque, cuyo libro, titulado precisamente El amor contra el cáncer, detalla este viaje de lucha, esperanza y amor que fue fundamental para su sanación.
El temor a una recaída es, sin duda, una de las batallas psicológicas más duras para cualquier paciente oncológico.
Guauque mismo ha reconocido en entrevistas posteriores a su recuperación que el miedo persiste, y que cualquier dolor abdominal o síntoma atípico desata una alarma.
Ha revelado que asiste a terapia psicológica y nutricional, y mantiene un riguroso programa de chequeos con sus oncólogos, incluyendo exámenes periódicos de imágenes para asegurarse de que el sarcoma no ha vuelto.
Esta vigilancia constante es la realidad de su “segundo tiempo” de vida.
Por lo tanto, la difusión de noticias falsas sobre su estado de salud no solo es irresponsable desde un punto de vista periodístico, sino profundamente insensible hacia él y su familia, que viven bajo la sombra de un recuerdo tan reciente y traumático.
La desmentida de Guauque y Rodríguez fue recibida con un torrente de alivio y alegría por parte de sus seguidores, quienes han seguido su historia con profunda admiración.
Los mensajes de apoyo y celebración por su “cumplevida” inundaron sus cuentas, contrastando con el pánico inicial y sirviendo como recordatorio de la poderosa conexión que el periodista ha forjado con el público a través de su vulnerabilidad y su inmensa fuerza.
Este episodio, a pesar de su naturaleza negativa, sirve como una importante advertencia sobre la ética de la información en la era digital.
La necesidad de primicia no puede jamás eclipsar la responsabilidad de la verificación, especialmente cuando se trata de la salud de una persona.
La historia de Diego Guauque es una de triunfo sobre la adversidad, un testimonio de que la fe, el amor familiar y la medicina moderna pueden obrar milagros.

Su victoria, el haber sido declarado sano y estar celebrando un nuevo aniversario de esa liberación, es la única noticia real y la que debe ser amplificada.
La narrativa de la recaída, basada en fotografías antiguas y rumores sin fundamento, es una mancha en el periodismo y un ataque a la tranquilidad de un hombre que merece vivir su segunda oportunidad de vida en paz y plenitud.
El ejemplo de Guauque va más allá de su profesión; es una cátedra de cómo enfrentar la vida, incluso en sus momentos más oscuros, y cómo levantarse con más fuerza y propósito.
Su retorno a su labor, su compromiso con su salud y el testimonio que comparte a través de su libro y sus redes son un faro para muchos.
En el mundo del periodismo, donde la verdad es el valor supremo, la difusión de esta “fake news” sobre Diego Guauque es un llamado urgente a la introspección.
¿Cuál es el costo de la inmediatez?
En este caso, fue el pánico de miles de personas que respetan y admiran a este luchador incansable.
La verdad, sin embargo, se impuso, y el mensaje es claro: Diego Guauque está en casa, está bien, y está celebrando la vida.
La clínica y la camilla quedaron atrás, en un pasado que ahora es solo un capítulo de su poderosa historia.

El triángulo de fe, medicina y familia se mantiene firme, siendo los pilares que sostienen su día a día y que le permiten seguir adelante, cumpliendo con sus rigurosos chequeos, pero libre del yugo de la enfermedad.
Su vida es una inspiración y su lucha contra el cáncer, una epopeya que hoy lo posiciona no solo como un periodista de renombre, sino como un auténtico guerrero de la vida.
La comunidad digital se une en un suspiro colectivo de alivio.
La celebración de su “segundo cumplevida” es el titular real que merece ser destacado y recordado por todos.
La salud mental y emocional de los pacientes oncológicos, incluso después de la remisión, es un tema delicado que requiere respeto y empatía, algo que la vorágine de la desinformación no supo tener.
Diego Guauque, al desmentir la noticia, no solo corrigió un error; reafirmó su compromiso con la verdad y con su propia historia de superación.
Su recuperación, que ha requerido una transformación de hábitos y una vigilancia constante, es un proceso que sigue inspirando.
El haber superado un sarcoma en estadio cuatro y con metástasis es un hito médico y personal que no debe ser ensombrecido por rumores malintencionados.
Su testimonio de vida nos recuerda que la esperanza y la actitud mental son aliados poderosos en la lucha contra cualquier adversidad.
En conclusión, la noticia de la supuesta recaída de Diego Guauque resultó ser una fabricación viral.
El periodista se encuentra en perfecto estado, disfrutando de su vida y de su familia, y con la mente puesta en el futuro.
Las imágenes de hospital son ecos de una batalla ya ganada.
El presente es de celebración y gratitud, un presente que debe ser respetado y valorado por el periodismo con la misma rigurosidad con la que Guauque aborda sus propias investigaciones.
Su mensaje, junto al de su esposa, ha cerrado el ciclo de la falsedad, dejando como única verdad su bienestar y la inmensa alegría de sus seguidores.