El ambiente que rodea la trágica partida de Yeison Jiménez se ha tornado aún más estremecedor este martes, 13 de enero de 2026, al salir a la luz detalles que parecen extraídos de una novela de realismo mágico, pero que formaron parte de las angustias reales del artista en sus últimos meses de vida.
La nación colombiana, que aún intenta procesar el siniestro ocurrido el pasado 10 de enero en las montañas de Boyacá, se enfrenta ahora a una revelación que ha dejado a seguidores, familiares y expertos en lo paranormal en un estado de estupor absoluto: el “Aventurero” tuvo premoniciones exactas sobre su propio final.

No se trata de rumores de pasillo ni de especulaciones tras el accidente.
Existen registros videográficos de entrevistas concedidas apenas semanas antes de la tragedia, donde un Yeison Jiménez visiblemente inquieto confesaba haber soñado no una, sino tres veces, que moriría en un accidente aéreo.
Estas declaraciones, que en su momento fueron tomadas como una curiosidad o un simple síntoma del estrés por su agitada agenda de conciertos, hoy se releen como una advertencia desesperada del destino que el artista no pudo, o no supo, cómo evitar.
Según los relatos compartidos por el propio Jiménez, los sueños eran de una nitidez aterradora.
Describía con precisión técnica cómo el avión presentaba fallas mecánicas poco después de despegar, las escenas de pánico absoluto dentro de la cabina y, finalmente, un desenlace fatal que terminaba con la noticia de su muerte apareciendo en los titulares de prensa.
El artista reconoció en vida que estas visiones recurrentes lo dejaron profundamente marcado desde el punto de vista emocional, generándole una sensación de alerta constante cada vez que debía abordar una aeronave para cumplir con sus compromisos profesionales en diferentes rincones del país.
Lo que hace que esta historia sea aún más inquietante es que estas premoniciones no se quedaron solo en el plano onírico.
Jiménez recordó que, tiempo después de esos sueños, vivió una experiencia real que casi le cuesta la vida.
En un vuelo previo, su instinto —agudizado por sus visiones— lo llevó a exigirle al piloto una revisión adicional.
A pesar de que el capitán le aseguró que todo estaba en orden, la insistencia de Yeison forzó una maniobra de prueba.
“Denle una vuelta al avión”, ordenó.
Al regresar, el piloto, con el rostro pálido, le confesó: “Marica, Yeison, casi nos matamos”.
Ese incidente técnico real fue el primer aviso físico de que sus sueños no eran meras coincidencias, sino advertencias de una falla estructural que parecía perseguirlo.
Hoy, 13 de enero de 2026, las redes sociales arden con debates sobre la naturaleza de estas premoniciones.
¿Es posible que el destino envíe señales tan claras? Para muchos de sus seguidores, el hecho de que el accidente definitivo ocurriera apenas tres días después de que se cumpliera una semana de su último cumpleaños (el 4 de enero) añade una capa de misticismo a la tragedia.

Nicole Herrera, la joven a la que Yeison le cumplió el sueño en Manizales, mencionaba hace poco la “calidad humana” y la “humildad” del artista; ahora, muchos se preguntan si esa urgencia por ayudar a los demás y por dejar su legado en orden nacía de un presentimiento subconsciente de que su tiempo era limitado.
La muerte de Yeison Jiménez y cinco personas de su equipo de trabajo no solo deja un vacío musical, sino que abre un capítulo de reflexión sobre los miedos humanos y la conexión con lo desconocido.
Sus colegas, Luis Alfonso y Pipe Bueno, quienes dedicaron mensajes cargados de lágrimas, hoy se enfrentan también a la sombra de estas revelaciones.
Pipe Bueno destacó en su momento lo competitivo y exigente que era Yeison, una exigencia que, como hemos visto, aplicaba incluso a la seguridad de sus vuelos, aunque finalmente el destino lograra burlar todas las precauciones.
En el departamento de Boyacá, donde los peritos forenses y las autoridades de aviación civil continúan trabajando para rescatar los restos y determinar las causas técnicas del siniestro, el silencio es sepulcral.
Se sabe que el vuelo del 10 de enero presentaba condiciones que coincidían trágicamente con lo que Yeison había descrito en sus pesadillas: una falla técnica súbita que no dio margen de maniobra al piloto.
El impacto social de saber que el artista “vio” su propia muerte ha generado una ola de empatía sin precedentes hacia su madre, doña Sonia, y sus hijos, quienes ahora deben lidiar no solo con la ausencia física, sino con el peso de saber que su ser querido vivió sus últimos días bajo la sombra de una premonición fatal.
Como expertos en la crónica periodística, es difícil ignorar la carga simbólica de este suceso.
Colombia ha perdido artistas en accidentes de tránsito y tragedias diversas, pero la recurrencia de los sueños de Jiménez aporta un elemento de tragedia griega a su biografía.
El hombre que le cantaba al triunfo sobre la adversidad, el joven que vendía aguacates y llegó a llenar estadios, no pudo vencer al sueño que le anunciaba su partida.

Es una paradoja cruel para alguien que siempre tuvo el control de su carrera y de su vida con una disciplina de hierro.
La historia de las “tres veces” que soñó con el accidente se ha vuelto viral, convirtiéndose en el tema de conversación obligado en cada hogar colombiano.
Algunos lo ven como una confirmación de que el destino está escrito, mientras que otros lo interpretan como una manifestación del agotamiento físico y mental de un artista que realizaba cientos de vuelos al año.
Sin embargo, la precisión del relato de Yeison sobre las noticias que vería tras su muerte —noticias que hoy, lamentablemente, estamos redactando— le otorga un carácter profético que desafía la lógica racional.
Este martes, mientras las emisoras continúan rindiendo tributo a su música, el país reflexiona sobre la fragilidad de la existencia.
Yeison Jiménez no solo nos dejó canciones que se convirtieron en himnos de la cultura popular; nos dejó una última lección sobre la importancia de escuchar los instintos y de vivir cada día con la intensidad de quien sabe que la vida es un suspiro.
Sus palabras en aquella entrevista —”me empecé a soñar un tema muy delicado.
.
.
lo veo tres veces”— resuenan hoy como un eco persistente en el aire de las montañas boyacenses.
El vacío en la música regional colombiana es inmenso.
El primer artista del género en llenar un estadio, el hombre que empujó a sus colegas a ser mejores, el mentor de talentos callejeros como Nicole Herrera, se ha ido cumpliendo su propia profecía.
La tragedia de Boyacá será recordada no solo por los errores técnicos que se encuentren en la caja negra, sino por la caja negra del alma de un artista que presintió su final y, aun así, decidió seguir volando para cumplirle a su público.
A medida que el sol se pone este 13 de enero de 2026, la leyenda de Yeison Jiménez crece.
Ya no es solo el cantante de música popular más importante de su generación; es el hombre que soñó con el cielo antes de partir hacia él de manera definitiva.
Su música seguirá sonando, sus actos de caridad seguirán inspirando, y su historia será contada por generaciones como el día en que la realidad y el sueño se fundieron en un abrazo trágico sobre los cielos de Colombia.