La versión oficial sostenida por Jessi Uribe y Paola Jara siempre ha sido la misma: ambos terminaron sus relaciones previas de manera adecuada antes de iniciar su romance.
Incluso Paola Jara ha negado rotundamente haber sido la causante de la ruptura entre el cantante y la madre de sus cuatro hijos, mientras que Jessi asegura que su proceso de separación con Sandra fue un paso necesario e independiente de su nueva relación.

Sin embargo, el relato de Sandra Barrios introduce una cronología distinta que sitúa el inicio del romance secreto en febrero de 2019, una fecha que contradice las declaraciones públicas de los artistas y que pone en entredicho su integridad frente a los medios.
Sandra Barrios relató que sus sospechas no nacieron de rumores externos, sino de un cambio de actitud en su entonces esposo, lo que la llevó a preguntarle directamente si existía algún vínculo con Paola Jara.
La respuesta de Jessi Uribe fue la clásica negativa enfocada en lo profesional, asegurando que sus encuentros y cercanía se debían exclusivamente a compromisos laborales compartidos en la industria de la música popular.
Pero la verdad salió a la luz en marzo de 2019, cuando en un momento de descuido de Uribe durante un viaje en bus con su grupo de músicos, Sandra tuvo acceso al teléfono celular del cantante.
Lo que encontró en ese dispositivo fue la confirmación física de sus peores temores: mensajes que no dejaban lugar a dudas sobre la profundidad y la naturaleza del vínculo entre Jessi y Paola.
Entre las evidencias halladas por Barrios, destaca un mensaje enviado por un músico de Paola Jara, quien de manera cómplice le preguntaba a Jessi si “ya casi iba a ser su patrón”, sugiriendo que la unión profesional y sentimental ya era un secreto a voces entre sus allegados.
Aún más revelador fue el hallazgo de un mensaje de la madre de Jessi Uribe, quien en un acto de advertencia familiar le pedía que se “alejara de la tentación”.

A estas advertencias, Jessi habría respondido con una confesión directa sobre su estado emocional, admitiendo que estaba profundamente enamorado de Paola, que necesitaba besarla, verla y estar con ella, a pesar de que aseguraba que no abandonaría a sus hijos.
Este escenario de infidelidad se complica al recordar que, para esa misma fecha, Paola Jara mantenía una relación estable con el productor y compositor Iván Calderón.
Calderón, por su parte, también ha dejado entrever su versión de la historia a través de sus composiciones, sugiriendo que fue utilizado para impulsar la carrera de la cantante y que finalmente recibió como pago la traición.
La sincronía de estos eventos sugiere que ambas partes estaban siendo infieles a sus parejas simultáneamente, creando una red de secretos que hoy Sandra Barrios expone con una mezcla de indignación y firmeza.
La opinión pública ha reaccionado con dureza ante lo que muchos califican como un “descaro” y una “falta de conciencia” por parte de la pareja de artistas.
Resulta increíble para la audiencia que Jessi Uribe y Paola Jara mantengan un discurso de pulcritud moral ante las cámaras cuando existen testimonios y evidencias que apuntan a una realidad mucho más oscura.
Esta “sangre fría” para negar los hechos ha llevado a muchos a preguntarse si los protagonistas carecen de ese regulador interno llamado conciencia, o si simplemente han construido una verdad propia que los hace sentir exentos de culpa.
El informe concluye que la versión de Sandra Barrios no solo aporta claridad sobre el fin de su matrimonio, sino que cuestiona la veracidad de los ídolos populares que se presentan como modelos de comportamiento.
La frescura con la que ambos artistas aseguran no haber hecho nada malo choca frontalmente con el dolor de una mujer que vio cómo su familia se desmoronaba bajo el peso de un engaño planeado.
Mientras Jessi y Paola viven lo que parece ser una “santa luna de miel”, el eco de las palabras de Sandra Barrios resuena como un recordatorio de que las acciones en la sombra terminan por salir a la luz.