El 20 de enero de 2026 marcará un antes y un después en la narrativa que rodea la trágica partida de Yeison Jiménez.
Tras días de especulaciones, silencios y una nación sumida en el duelo, una de las figuras más importantes de la música urbana global ha decidido romper el hermetismo.

Maluma, el astro colombiano que compartió con Jiménez una amistad forjada lejos de los flashes, ha revelado una verdad que hasta hoy permanecía oculta: una inquietante llamada telefónica que recibió del “Aventurero” apenas unos días antes del fatal accidente aéreo en Boyacá.
Esta confesión no es solo un tributo a un colega; es la pieza que faltaba para entender el estado emocional y la profunda intuición de un artista que, según Maluma, parecía presentir que su tiempo en este plano estaba por agotarse.
El testimonio del “Papi Juancho” describe a un Yeison Jiménez alejado de las poses de estrella, un hombre que en la intimidad de las charlas nocturnas confesaba el peso de la soledad que a menudo acompaña al éxito.
“Con él no se trataba solo de escenarios; hablábamos del costo emocional de estar en la cima”, reveló Maluma con una voz visiblemente afectada por la nostalgia.
La premonición en la voz: El contenido de la llamada
Lo que hace que este relato erice la piel de quien lo escucha es la descripción de la última conversación entre ambos.
Según Maluma, Yeison no llamó para hablar de negocios, colaboraciones o giras.
Su tono era serio, casi místico.
En esa llamada, Jiménez insistió con una urgencia inusual en que quería ser recordado como alguien que siempre actuó “con el corazón, sin medias tintas”.
No fue una despedida formal, pero hoy, bajo la luz de la tragedia, Maluma comprende que su amigo estaba soltando lo que llevaba acumulado, anclándose a lo humano antes de su último viaje.
El intérprete de Hawái destacó que Yeison poseía una lucidez poco común para su edad y una sensibilidad especial ante lo inevitable.
Mencionaba sensaciones extrañas y sueños que se repetían en su mente como “avisos silenciosos”.
Esta revelación coincide con los testimonios de otros allegados que han mencionado la premonición de Jiménez sobre su muerte en un avión.
Maluma confiesa que siempre que Yeison iba a emprender un vuelo, se percibía en él un recogimiento distinto, como si su espíritu viajara antes que su cuerpo, reconociendo la vulnerabilidad de la vida al mirar el mundo desde las alturas.
Un legado de verdad sobre el escenario
Maluma también aprovechó este espacio para reivindicar la figura profesional de Jiménez.
Recordó cómo el artista caldense fue un pionero que le dio un nuevo estatus a la música popular colombiana, demostrando que este género podía llenar estadios como El Campín sin pedir permiso a las élites de la industria.
“Nos encontramos detrás del escenario con el murmullo del público aún resonando y nos dimos un abrazo largo.
Tenía los ojos humedecidos y me dijo que todo había valido la pena”, relató Maluma, subrayando que Yeison vivía con la obsesión de no fallarle nunca a su público, incluso cuando su cuerpo le pedía a gritos un descanso.

Esa entrega total, ese ritmo vertiginoso entre aviones, camerinos y carreteras, era su forma de lealtad, pero también su mayor desgaste.
Pocos días antes del siniestro, Yeison le había confesado estar “al límite”, sintiendo que el tiempo no le alcanzaba para expresar todas las melodías y emociones que llevaba por dentro.
Maluma lo describe como un “caballo de guerra” que nunca se permitió frenar, un joven inquieto que encontró en la música una vía de escape y terminó convirtiéndose en el espejo de las luchas de miles de personas.
El fin de la mentira y el inicio de la leyenda
Para Maluma, el vacío que deja Yeison Jiménez es imposible de procesar porque no se trata solo de la pérdida de un cantante, sino de alguien que “sabía leer señales que otros pasan por alto”.
El impacto de su muerte ha hecho que sus canciones se escuchen hoy de manera distinta, con una profundidad que antes pasaba desapercibida.
Frases como “lo más difícil no es llegar, es no perder el alma cuando llegas” se han convertido ahora en el epitafio de un hombre que, a pesar de tenerlo todo, nunca dejó de ser ese muchacho que empezó desde abajo.
Hoy, 20 de enero de 2026, la verdad de Maluma cierra un capítulo de dudas y abre uno de respeto eterno.
Colombia ha entendido que su ídolo no solo murió cumpliendo su deber, sino que vivió cada segundo con la intensidad de quien sabe que el próximo vuelo podría no tener regreso.
El “Aventurero” se ha ido, pero su voz sigue respirando en cada rincón donde alguien se siente identificado con su verdad.
Como bien sentenció Maluma al final de su relato, nada de lo que Yeison alcanzó fue casualidad; fue el resultado de una honestidad que nunca se negoció y que hoy lo eleva al altar de los inmortales.