🤫 ¡EL PLAN SECRETO! Lo que Yeison Jiménez tramó a espaldas de las cámaras para sorprender a Nykol sale a la luz ahora mismo.

El mundo de la música popular colombiana no solo ha perdido a su máximo exponente, sino a un hombre cuyo corazón latía con la misma fuerza que sus canciones.

Hoy, 19 de enero de 2026, mientras el país procesa el vacío dejado por Yeison Jiménez tras su trágico fallecimiento, salen a la luz historias que terminan de esculpir su leyenda.

Una de las más conmovedoras es la sorpresa que el “Rey de la Música Popular” preparó, junto al reconocido imitador Camilo Cifuentes, para una joven artista emergente: Nykol Herrera.

Este gesto, que se ha vuelto viral en las últimas horas, no fue un simple acto publicitario.

Fue la manifestación de la esencia de un hombre que, a pesar de estar en la cima, nunca olvidó lo que significaba “rebuscársela” en las calles.

Yeison, camuflado con una capota y tapabocas, se presentó ante Nykol bajo el seudónimo de “Julián”, pidiéndole que cantara para él.

La emoción de la joven al reconocer la voz inconfundible de su ídolo, seguida de la invitación formal para cantar esa misma noche en su concierto, es hoy un testamento de la generosidad que definía al artista de Manzanares.

El sacrificio detrás del éxito: La historia de una madre guerrera
Detrás de la figura pública de Yeison Jiménez había una historia de resiliencia que él mismo solía compartir con una honestidad brutal.

En sus conversaciones más íntimas, Yeison recordaba a su madre como su primera y más grande heroína.

Al llegar a Bogotá, ella, con una bebé recién nacida y apenas 17 días de postparto, tuvo que enfrentarse a jornadas extenuantes en un restaurante para alimentar a sus hijos.

Yeison rememoraba con nostalgia y dolor cómo su madre viajaba más de siete horas diarias en bus, desde Dindalito hasta el norte de la ciudad, para traerles al final de la noche tarritos con sobras de comida: arroz, sancocho o peto.

“Eso tampoco es vida, es un sacrificio”, reflexionaba el artista.

Esta experiencia fue el motor que lo llevó a decidir por qué quería “matarse” trabajando: o lo hacía por sus propios sueños o para cumplir los sueños de los demás.

Él eligió lo primero, pero siempre con el fin último de rescatar a su familia de esa realidad.

El padre que quiso ser: Rompiendo las cadenas del abandono

Uno de los aspectos más profundos de la vida de Yeison Jiménez era su paternidad.

Habiendo sufrido el abandono de su propio padre a los 8 años, Yeison se juró a sí mismo ser el progenitor que él nunca tuvo.

En su hogar, las reglas eran claras y dictadas por el amor y la disciplina: no se permitía el alcohol, el cigarrillo ni los gritos.

Incluso con sus perros, Milo y Valentino, prohibía cualquier tipo de maltrato físico, creyendo firmemente que el respeto se construye sin violencia.

El nacimiento de su hija Taliana marcó un antes y un después en su carrera.

Yeison confesaba que, durante los primeros años de vida de su hija, decidió moderar su ambición de “comerse al mundo” para que ella tuviera claro quién era su padre.

“No quería que Taliana le dijera papá al que traía la bolsa de leche, sino a mí”, decía con orgullo.

Solo cuando ella cumplió cinco años y reconoció plenamente su figura, él sintió que podía retomar su expansión internacional.

Sin embargo, la llegada inesperada de su hijo Santiago en 2024 volvió a poner sus prioridades en una balanza: ¿el éxito mundial o el tiempo con sus bebés? El perdón como liberación: Sosteniendo a quien lo dejó
Quizás el rasgo más noble de Jiménez fue su capacidad de perdón.

A pesar de las carencias y el abandono, Yeison decidió no cargar con odio en su corazón.

A su padre, un campesino de Manzanares que recientemente volvió a ser papá a los 64 años, Yeison no solo lo perdonó, sino que lo sostuvo económicamente hasta el último de sus días.

“Yo no iba a cargar con odio cuando soy una persona de amor”, afirmaba.

Yeison le proporcionó casa, carro y un sueldo a su padre, y no se detuvo ahí: asumió la responsabilidad de criar y educar a siete hermanos que no eran sus hijos, pagando desde los útiles escolares hasta las matrículas universitarias.

Se convirtió en el patriarca de una familia que su propio padre no pudo sostener, rompiendo así las “cadenas generacionales” de las que tanto hablaba.

El tiempo que no perdona

Hoy, 19 de enero, las palabras de Yeison Jiménez sobre la juventud y el tiempo resuenan con una ironía desgarradora.

Él sabía que el éxito le permitiría ganar dinero toda la vida, pero también entendía que la juventud y el tiempo con los bebés en casa eran recursos no renovables.

“El tiempo no perdona”, solía decir mientras debatía con su esposa la posibilidad de mudarse a Estados Unidos.

La muerte lo sorprendió en ese proceso de equilibrio, justo cuando planeaba dedicar más tiempo a ver crecer a sus hijos y ayudarles con las tareas.

Yeison Jiménez se fue como vivió: trabajando, soñando y ayudando.

El video con Nykol Herrera y sus confesiones sobre la importancia de la familia nos dejan la imagen de un hombre que, antes que estrella, fue un hijo agradecido, un padre protector y un hermano generoso.

Su legado musical es inmenso, pero su legado humano, cimentado en el perdón y la resiliencia, es lo que hoy lo convierte en una leyenda inmortal para Colombia.

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