Bogotá se ha despertado hoy, 16 de enero de 2026, bajo un manto de neblina que parece cargar el peso del alma de toda una nación.
Lo que comenzó como un rumor trágico el pasado sábado en las montañas de Boyacá, se ha transformado en una despedida multitudinaria y desgarradora en las calles de la capital colombiana.
El cuerpo de Yeison Jiménez, el artista que personificó el sueño de superación de millones, finalmente ha regresado a la ciudad que lo vio forjarse entre el frío de las madrugadas y el peso de los aguacates en Corabastos.

Desde la medianoche, una marea humana de seguidores “noctámbulos” se apostó a las afueras de la funeraria Capillas de la Fe.
El ambiente, cargado de oraciones y estribillos de sus canciones más famosas, reflejaba una devoción que trasciende lo artístico.
No era solo la despedida a un cantante; era el último adiós a un hombre que, a pesar de la fama, nunca dejó de ser “uno de los suyos”.
La travesía de la fe: Un último acompañamiento
Los testimonios recogidos durante la madrugada son una muestra de la conexión inquebrantable entre Jiménez y su público.
Seguidores como Paola relataron auténticas travesías para no dejar solo el coche fúnebre desde su salida de Medicina Legal.
En un relato que parece sacado de una de las letras de Yeison, Paola contó cómo una taxista, también fanática del artista, se convirtió en su “ángel guardián”, llevándola a través de la ciudad sin importar el costo del taxímetro, impulsada únicamente por el deseo de despedir a su ídolo.
“Aquí estamos desde hace muchas horas, sin comer, sin nada, pero acompañándolo”, afirmaba Paola con los ojos enrojecidos.
Esta lealtad se repetía en cada esquina.
Daniel, otro seguidor que se encontraba a escasos minutos del lugar del accidente en Paipa el día sábado, recordaba cómo la noticia “le cortó la borrachera a todo el mundo” en las fiestas locales.
El shock inicial ha dado paso a una solidaridad profunda hacia la madre de Yeison, su esposa y sus hijos, a quienes los fanáticos han enviado mensajes prometiéndoles apoyo “toda la vida”.
Corabastos: El altar del “Muchacho del Aguacate”
Mientras en la funeraria el silencio era sepulcral, en la Central de Abastos de Bogotá (Corabastos), el ambiente era de un homenaje vibrante y nostálgico.

Es allí donde la leyenda de Yeison Jiménez cobra su significado más puro.
Los comerciantes, aquellos que lo vieron cargar canastillas de aguacates sobre sus hombros desde las 3 de la mañana, lo recuerdan no como la estrella internacional, sino como el “chino berraco” que se ganaba 35,000 pesos diarios.
Miguel, uno de los comerciantes que trabajó codo a codo con él, relató con orgullo cómo Yeison, incluso después de alcanzar el éxito en el exterior, regresaba a la central a la 1 o 2 de la mañana para saludar a sus antiguos compañeros.
“Él se hizo solo”, recordaban entre lágrimas.
En los pasillos de Corabastos, donde Yeison solía vender sus propios CDs a 1,000 pesos para financiar sus primeras grabaciones mientras componía entre bultos, hoy se planea la creación de un mural de grafiti.
Este será un recordatorio eterno de que el éxito es posible sin perder la esencia.
La investigación técnica: Luces sobre el siniestro en Paipa
Más allá de los homenajes, la jornada de este 16 de enero de 2026 también ha traído detalles cruciales sobre el avance de las investigaciones.
La Aeronáutica Civil y el Ministerio de Transporte han entregado datos que ayudan a reconstruir los últimos minutos de la avioneta de matrícula N325F.
De acuerdo con los peritajes iniciales, la aeronave sí logró despegar del aeródromo Juan José Rondón de Paipa, pero nunca alcanzó una elevación adecuada, manteniéndose a apenas 50 metros sobre el terreno.
El informe técnico indica que, tras recorrer aproximadamente una milla (1.
6 km), el piloto realizó un intento de viraje hacia la derecha, presumiblemente buscando regresar a la pista debido a una falla que aún se estudia.
Testigos presenciales y videos que circulan en plataformas como TikTok muestran que el impacto inicial contra el suelo generó un “rebote” violento.

En el segundo contacto, la cola de la aeronave se fracturó, desencadenando dos explosiones consecutivas que acabaron con la vida de Yeison, su fotógrafo Wis Manora, el capitán Hernando Torres y otros tres acompañantes.
El factor mantenimiento: Una pieza clave
Las autoridades han puesto la lupa sobre el historial de mantenimiento de la aeronave.
Se ha confirmado que la avioneta salió de un taller recientemente, por lo que los investigadores buscan determinar qué tipo de revisión se realizó y si existió algún fallo técnico derivado de esos trabajos.
“Sabemos que hubo un mantenimiento reciente, y todo eso hay que estudiarlo”, aseguraron fuentes de la Aeronáutica Civil.
En el lugar del siniestro, los equipos de expertos continúan recolectando piezas metálicas que podrían confirmar si hubo una falla en los motores o, como sugieren algunas teorías de expertos en aeronáutica, un problema estructural agravado por las condiciones del despegue.
El vacío de un “Inmortal”
La muerte de Yeison Jiménez el 10 de enero de 2026 marca el fin de una era para la música popular, pero el inicio de un mito.
Hoy, mientras los restos del artista descansan en la capital, Colombia entera se prepara para los funerales oficiales.
La mezcla de dolor por la pérdida de un hombre tan joven —apenas 34 años— y la admiración por su trayectoria humilde ha unido a un país a menudo dividido.
El legado de Yeison no se queda solo en sus éxitos radiales como “Aventurero” o “Bendecida”.
Se queda en el ejemplo del joven que, con la frente en alto, cargó aguacates para pagar sus sueños.
Se queda en la hija que hoy llora frente a una pantalla y en el compañero de Corabastos que aún no puede creer que “el muchacho del triángulo” ya no vendrá más a saludarlos de madrugada.
Bogotá despide hoy a su ídolo, pero su música, como han repetido miles de voces en las últimas horas, se encargará de hacerlo inmortal.
Los homenajes continuarán en los próximos días, mientras el país espera las conclusiones finales de una investigación que busca dar respuesta a una pregunta que todos se hacen: ¿por qué el destino decidió apagar una de las luces más brillantes de Colombia justo cuando más iluminaba?