El actor ha confesado que vive noches de angustia absoluta, llegando a quedarse en vela hasta las 4 de la mañana debido a las constantes amenazas de muerte y mensajes intimidatorios que recibe.
Esta situación no es reciente, pues Román asegura que el acoso ha sido una constante desde el año 2010, fecha en la que abrió su cuenta de Twitter y comenzó a manifestar posiciones críticas frente a las diversas administraciones gubernamentales.

Sin embargo, el nivel de agresividad ha aumentado en los últimos meses, pasando de simples insultos a la revelación de información privada sumamente sensible.
El artista manifestó su asombro y temor ante la capacidad de personas inescrupulosas para obtener datos como su dirección residencial, los nombres de sus familiares cercanos y las ciudades exactas donde se encuentra trabajando en cada momento.
El activismo político de Julián Román, caracterizado por una postura abiertamente crítica, no solo ha tenido consecuencias en su bienestar emocional, sino que ha golpeado directamente su patrimonio económico.

A mediados de febrero, el actor reveló con tristeza que le fue cancelado un contrato importante para ser la imagen de una reconocida marca de motocicletas.
La justificación de los contratistas fue tan absurda como dolorosa: lo señalaron de ser “subversivo y guerrillero” basándose únicamente en sus opiniones expresadas en redes sociales.
Este tipo de veto profesional demuestra cómo la estigmatización política puede cerrar puertas laborales a artistas de primer nivel, limitando su derecho al trabajo por el simple hecho de pensar diferente a los sectores dominantes o a las directrices de una marca.
Uno de los hallazgos más inquietantes en el relato de Román es la existencia de estrategias digitales orquestadas, conocidas popularmente como “bodegas”, para destruir reputaciones.
El actor de 43 años denunció haber recibido información de personas que trabajan en agencias digitales dedicadas exclusivamente a crear tendencias negativas en contra de figuras públicas específicas.
Según su testimonio, existen programas diseñados para posicionar palabras peyorativas y generar ataques masivos coordinados en Twitter, afectándolo no solo a él, sino también a otras artistas como Adriana Lucía.
Esta revelación pone de manifiesto una industria del desprestigio que opera en las sombras, utilizando la tecnología para silenciar voces críticas y amedrentar a quienes se atreven a cuestionar la realidad nacional desde el arte.

Julián Román enfatizó que este no es un caso aislado, mencionando con admiración y solidaridad el caso del comediante Alejandro Riaño, quien también ha sido blanco de amenazas atroces.
Riaño denunció recientemente que las intimidaciones en su contra escalaron hasta involucrar a sus hijos gemelos, una línea roja que demuestra la falta de humanidad de quienes operan estas campañas de odio.
“Triste vivir en un país donde te amenazan por pensar diferente”, fue la frase que resonó en el ambiente, sintetizando el sentimiento de una comunidad artística que se siente desprotegida frente al acoso digital.
La formación de Julián, iniciada desde muy joven en la Escuela Distrital de Teatro Luis Enrique Osorio, lo preparó para los escenarios, pero difícilmente para enfrentar una guerra psicológica de tal magnitud en la arena pública.
Este informe concluye que la situación de Julián Román es un síntoma de una enfermedad social profunda que utiliza las redes sociales como armas de ataque personal.
La pérdida de contratos y la imposibilidad de conciliar el sueño son las cicatrices visibles de un conflicto que busca anular la participación ciudadana de los artistas a través del miedo.
A pesar de la angustia y el agotamiento, el actor se mantiene firme en sus convicciones, aunque el costo personal esté siendo sumamente elevado.
La industria del espectáculo y los organismos defensores de derechos humanos deben observar con atención estos casos, pues la libertad de expresión no debería ser sinónimo de una sentencia de muerte o de un exilio laboral.
Deseamos que la justicia logre identificar a los responsables de estas amenazas y que Julián Román pueda recuperar la paz necesaria para seguir regalando su talento a las pantallas colombianas.