La noticia del fallecimiento de Maryan Gómez, la reconocida exintegrante del programa de telerrealidad El Desafío The Box 2023, ha sacudido los cimientos de la opinión pública y del mundo del deporte de alto rendimiento en Colombia.
En un giro dramático y profundamente doloroso, lo que inicialmente se reportó como una complicación de salud derivada de problemas pulmonares ha tomado un matiz mucho más oscuro y complejo tras las declaraciones de su círculo cercano.

David Rojas, quien fuera el entrenador personal de la atleta y uno de sus amigos más íntimos durante su etapa de formación, decidió romper el silencio para ofrecer una versión que contradice los primeros informes oficiales de la familia.
A través de un mensaje cargado de emotividad y una honestidad brutal, Rojas confirmó que la verdadera causa de la muerte de la joven deportista fue una sobredosis de sustancias.
Esta revelación no solo ha generado un impacto mediático sin precedentes, sino que ha abierto un debate necesario sobre la salud mental y las presiones que enfrentan las figuras públicas tras salir de los focos de la televisión nacional.
El entrenador, visiblemente afectado, explicó que se sentía en la obligación moral de decir la verdad por respeto a la memoria de Maryan y como una advertencia para la juventud actual.
Según sus propias palabras, la vida de la campeona cambió de manera drástica una vez concluyó su participación en el famoso concurso de resistencia física y convivencia.
Rojas señaló que Maryan Gómez, a pesar de ser una mujer de veintinueve años con una disciplina férrea y un cuerpo atlético envidiable, fue víctima de un entorno nocivo que la arrastró hacia el abismo.
El relato describe cómo la deportista, tras saborear las mieles de la fama y la exposición mediática, comenzó a frecuentar malas compañías que la introdujeron en un mundo de fiestas interminables y consumo descontrolado.
Este declive personal fue, según el entrenador, el factor determinante que llevó a la atleta a perder el rumbo y, finalmente, a perder la vida en circunstancias que nadie hubiera imaginado para una figura de su calibre.

El entrenador enfatizó que el paso por El Desafío fue el punto de inflexión donde ella “cayó”, sugiriendo que la falta de un acompañamiento psicológico o un entorno protector sólido facilitó su vulnerabilidad.
La dureza de sus declaraciones ha calado hondo, especialmente cuando mencionó que por el bien de sus propios hijos y de las nuevas generaciones, era imperativo dejar de ocultar la realidad detrás de eufemismos médicos.
Mientras tanto, la familia de la joven se ha mantenido en un hermético silencio tras estas nuevas acusaciones, limitándose inicialmente a hablar de una afección pulmonar que se complicó repentinamente.
La discrepancia entre la versión familiar y la del entrenador ha generado una atmósfera de confusión y tristeza entre los seguidores de Maryan, quienes recordaban su fuerza y vitalidad en cada competencia.
El caso de Maryan Gómez se convierte ahora en un espejo doloroso de la fragilidad humana, demostrando que incluso los individuos más fuertes físicamente pueden ser quebrantados por factores externos y crisis internas.
La comunidad deportiva ha reaccionado con mensajes de condolencia, pero también con una profunda preocupación por la soledad que sienten muchos atletas al finalizar sus carreras o sus momentos de gloria televisiva.
David Rojas insistió en que, aunque estaban distanciados recientemente debido a las decisiones que ella estaba tomando, el cariño y el respeto por su trayectoria lo obligaban a no dejar que su muerte fuera en vano.
“Vuela alto, campeona”, fue la frase con la que cerró su intervención, una despedida que resuena con un tono de amargura por el potencial perdido y la vida truncada a una edad tan temprana.
La industria del entretenimiento en Colombia vuelve a estar bajo la lupa, cuestionando si existe suficiente apoyo para quienes pasan de ser ciudadanos comunes a ídolos de masas en cuestión de semanas.
La presión de mantener una imagen, sumada a la adrenalina de la competencia y la posterior desconexión con la realidad cotidiana, parece haber creado el escenario perfecto para esta tragedia.
El testimonio de Rojas no busca manchar el nombre de Maryan, sino más bien humanizar su figura y alertar sobre los peligros reales que acechan en las sombras de la vida nocturna y las adicciones.
Es un llamado a la verdad que, aunque doloroso para sus seres queridos, pretende arrojar luz sobre un problema de salud pública que no distingue entre clases sociales ni condiciones físicas.
La muerte de esta deportista de alto rendimiento deja un vacío irremplazable en su familia y en sus alumnos, quienes veían en ella un ejemplo de superación y tenacidad.

Ahora, la opinión pública procesa esta información con una mezcla de incredulidad y tristeza, esperando que se aclaren los detalles finales de este trágico suceso que ha apagado una de las estrellas más brillantes del deporte nacional.
Las redes sociales se han inundado de homenajes a la “reina del boxeo” del Desafío, pero ahora con una reflexión más profunda sobre la importancia de pedir ayuda a tiempo.
La valentía del entrenador al hablar frente a las cámaras ha sido vista por muchos como un acto de amor supremo, prefiriendo la verdad incómoda antes que el olvido cómplice.
El legado de Maryan Gómez, más allá de sus victorias en la arena, será recordado ahora como una lección de vida sobre los peligros de las malas influencias y la fragilidad del éxito.
La sociedad colombiana asiste a otro funeral de una joven promesa, preguntándose cuántas señales de alerta fueron ignoradas antes del colapso final.
El impacto de esta noticia seguirá resonando en los próximos días, mientras se esperan posibles comunicados oficiales que confirmen o desmientan los detalles forenses de su partida.
Por ahora, el grito de “vuela alto” se mezcla con el lamento de una verdad que duele pero que busca salvar a otros de seguir el mismo camino autodestructivo.
La historia de Maryan es la historia de una guerrera que venció muchos obstáculos en la pista, pero que lamentablemente no pudo ganar la batalla contra sus propios demonios y las tentaciones del entorno.
El deporte nacional está de luto, y el periodismo tiene la tarea de informar con responsabilidad sobre una tragedia que trasciende lo meramente informativo para tocar las fibras más sensibles de la condición humana.
La joven de veintinueve años, que alguna vez fue el orgullo de su comunidad y la inspiración de muchos, descansa ahora mientras el mundo intenta comprender qué fue lo que realmente salió mal después de que las cámaras se apagaron.
El silencio de la familia pesa en el ambiente, contrastando con la vehemencia de un entrenador que no pudo quedarse callado ante lo que considera una injusticia hacia la realidad de los hechos.

Este suceso marca un antes y un después en la forma en que se perciben las consecuencias del estrellato efímero en los programas de competición física en el país.
La memoria de Maryan Gómez merece ser honrada no solo por su fuerza atlética, sino también por la humanidad de sus errores y la tragedia de su final, sirviendo como un faro de advertencia.
Las autoridades competentes y los expertos en salud mental insisten en la necesidad de redes de apoyo más robustas para los jóvenes que enfrentan transiciones de vida tan drásticas.
El duelo se extiende por todo el territorio colombiano, uniendo a extraños en una plegaria por el alma de una mujer que lo dio todo en la arena pero que se sintió sola fuera de ella.
David Rojas ha puesto sobre la mesa un tema tabú, desafiando las convenciones sociales para proteger a otros deportistas que podrían estar pasando por situaciones similares de vulnerabilidad.
La sobredosis, como causa señalada, pone de manifiesto la crisis de sustancias que afecta a diversos estratos, sin importar el éxito aparente o la salud física visible.
La comunidad de seguidores de Farándula TV y de los programas de realidad continúa debatiendo en foros y comentarios, buscando respuestas a una pregunta que quizás nunca tenga una solución completa.
La partida de la campeona es un golpe seco al corazón de quienes creen en la invulnerabilidad de los héroes deportivos, recordándonos que todos somos de carne y hueso.
Mientras las investigaciones avanzan y los rumores se asientan, queda el recuerdo de sus mejores momentos en televisión, aquellos donde su sonrisa y su fuerza inspiraban a millones.
El periodismo de investigación seguirá de cerca este caso para entender si hubo fallos en el sistema de protección a los participantes después de su salida del show.
Es imperativo que este sacrificio no caiga en el olvido y que la verdad, por más amarga que sea, sirva para construir una conciencia colectiva más empática y vigilante.
La vida de Maryan Gómez fue una carrera de obstáculos que terminó demasiado pronto, dejando tras de sí una estela de interrogantes y un dolor profundo en quienes la conocieron de verdad.
El entrenador Rojas, al exponerse de esta manera, ha asumido un riesgo personal y profesional con el único fin de honrar lo que él considera la justicia histórica para su alumna.
El país despide a una de sus hijas con el corazón encogido, sabiendo que el vacío que deja Maryan es el reflejo de una problemática social que requiere atención inmediata y sin filtros.
Que su vuelo sea ahora hacia la paz eterna, lejos de las presiones, de las malas compañías y de los dolores que la llevaron a buscar refugio en lugares peligrosos.
La verdad ha sido dicha, y ahora queda en manos de la sociedad y de sus seres queridos procesar este duelo con la dignidad que una campeona como ella siempre mereció.