El Movistar Arena de Bogotá se ha transformado hoy, 16 de enero de 2026, en un santuario de fe, música y lágrimas.
Lo que en otras noches ha sido el escenario de los triunfos más grandes de Yeison Jiménez, se convirtió en el epicentro de su despedida más amarga y, a la vez, más gloriosa.
Bajo una atmósfera de silencio sepulcral, interrumpido únicamente por los sollozos de miles de fanáticos, el país le dio el último adiós simbólico a un ídolo que, a sus 34 años, partió hacia la eternidad dejando una huella imborrable en la cultura popular colombiana.

Las largas filas que rodeaban el recinto desde la madrugada daban fe de un fenómeno que trasciende lo musical.
Seguidores de todas las edades, muchos portando globos blancos y prendas del mismo color, esperaron durante horas la entrega de boletas para ingresar al homenaje póstumo.
La partida de Yeison no solo fue una noticia nacional; fue, como dijo su madre sobre el escenario, “un acontecimiento mundial” que ha sacudido las fibras de todos los amantes del género regional.
Seis ataúdes, un solo equipo y un vacío irreparable
Al ingresar al Movistar Arena, el público se enfrentó a una imagen que estremeció hasta los corazones más duros.
Sobre el escenario no descansaba un solo féretro simbólico, sino seis.
Era el tributo a un equipo que trabajó unido y que, trágicamente, partió unido.
Junto a la fotografía de Yeison Jiménez, se erigieron los altares de sus compañeros de vida y trabajo: Óscar Marín, su amigo cercano; Jefferson Osorio, su representante; Wisman Mora, el fotógrafo que capturó su ascenso; Juan Manuel Rodríguez, su primo y mano derecha; y el capitán Hernando Torres, el piloto de la aeronave.
Decenas de coronas florales adornaban el altar en una puesta en escena cargada de respeto.
El público, en completo silencio, comprendió que la tragedia del 10 de enero no solo se llevó a una estrella, sino a todo el engranaje humano que hizo posible su éxito.
La “bulla” que se escuchó dentro del recinto no era de algarabía, sino un clamor de amor que los asistentes juraron “llegaría hasta el cielo”.
Las voces del dolor: El testimonio de una madre y una hija

El momento más crítico y emotivo de la velada ocurrió cuando la familia de Yeison subió al escenario.
Su madre, visiblemente quebrada pero con una fortaleza que conmovió a los asistentes, tomó el micrófono para lanzar un mensaje que paralizó el tiempo.
“Quiero darle las gracias a Dios en público por haber usado mi vientre para traer a este ídolo maravilloso”, expresó entre lágrimas.
Sus palabras, cargadas de una mezcla de orgullo y desolación, fueron el recordatorio más humano de que, antes de ser el “Aventurero”, Yeison era el hijo de una mujer que hoy enfrenta la pesadilla de enterrar a su descendencia.
A su lado, su pequeña hija también dedicó unas palabras que hicieron llorar a todo el Movistar Arena.
Con la inocencia propia de su edad, pidió a todos los niños y adultos presentes que “agradezcan mucho por sus papás”, porque ellos siempre están luchando por dar lo mejor.
Ver a la niña sonreír brevemente para agradecer al público por no dejar solo a su padre fue una escena que se viralizó instantáneamente, reflejando una resiliencia que solo el amor familiar puede otorgar.
Por su parte, Sonia, la esposa del cantante, protagonizó uno de los gestos más dolorosos al abrazar uno de los ataúdes simbólicos, aferrándose a la madera como si en ese gesto pudiera retener un segundo más la presencia de su compañero de vida.
Un legado que se canta a todo pulmón
A pesar de la tristeza, la música no dejó de sonar.
Decenas de cantantes y colegas del género popular y el vallenato llegaron al recinto para rendirle tributo.
Interpretaron sus temas más emblemáticos, haciendo que las miles de voces presentes corearan a todo pulmón canciones que hoy cobran un significado profético.
El video de introducción que Yeison utilizaba en sus conciertos, una pieza que hablaba de los sueños, las estrellas y el universo, abrió la ceremonia, dejando claro que el artista vivió cumpliendo cada pensamiento que alguna vez dejó en su almohada cuando era un joven vendedor en Corabastos.
Cada interpretación fue un acto de despedida colectiva.
La energía dentro del Movistar Arena vibraba entre la nostalgia y la gratitud.
Algunos cantaban con los ojos cerrados, otros levantaban los brazos al cielo, y muchos se fundían en abrazos con desconocidos, unidos por el lenguaje universal de las letras de Jiménez.
Aquella noche quedó claro que la música de Yeison no se apagó con el impacto en Paipa; se transformó en memoria viva.
La controversia de la privacidad: El adiós íntimo

Un punto que generó división entre la opinión pública fue la decisión de la familia de realizar los actos fúnebres y la cremación en estricta privacidad el pasado 13 de enero.
Algunos seguidores expresaron en redes sociales su descontento, argumentando que “Yeison era del pueblo” y que merecía una despedida con cuerpo presente abierta a la multitud.
Sin embargo, en el homenaje de hoy, esa crítica pareció disolverse ante el respeto al duelo de sus seres queridos.
La familia optó por proteger su intimidad en medio de una pérdida tan violenta y repentina, una determinación que las autoridades respetaron al confirmar la cremación privada.
Los asistentes al Movistar Arena comprendieron finalmente que la despedida real no se da frente a un ataúd, sino en la preservación del legado y en la oración constante.
Descansa en paz, Aventurero
Hoy, 16 de enero de 2026, Colombia cierra un capítulo físico pero abre uno eterno.
La desaparición de Yeison Jiménez a los 34 años es una de las pérdidas más sentidas en la historia reciente del entretenimiento latinoamericano.
El niño que cantaba para olvidar el hambre, el joven que vendía CDs a mil pesos y el hombre que conquistó los escenarios más grandes del mundo, ahora descansa.
El homenaje en el Movistar Arena fue el cierre necesario para un país que aún se siente en shock.
Entre luces tenues y aplausos interminables, el nombre de Yeison Jiménez quedó sellado como un símbolo de superación.
Su luz seguirá viva cada vez que una de sus canciones suene en una radio, en una fiesta de pueblo o en la soledad de alguien que busque consuelo en su voz.
Que el cielo reciba con la misma “bulla” al artista que enseñó a todo un país que los sueños, por más lejanos que parezcan, están allí para ser alcanzados.
Descansa en paz, Yeison Jiménez.
Tu gente no te olvida.