La historia de Yeison Jiménez es un testimonio poderoso de cómo la voluntad humana puede reescribir un destino que parecía sentenciado por la escasez.
Este jueves, 15 de enero de 2026, Colombia y el mundo de la música popular procesan la pérdida de un ídolo cuya trayectoria no solo se midió en éxitos radiales, sino en la capacidad de transformar el dolor de una infancia violenta en un motor de superación empresarial y personal.

El origen: De las montañas de Caldas a la plaza de Corabastos
Nacido el 26 de julio de 1991 en Manzanares, Caldas, Yeison Orlando Jiménez Galeano conoció la dualidad de la vida desde muy temprano.
Sus primeros años estuvieron rodeados de la bonanza que brindaban los negocios de su padre, pero la separación de sus progenitores cuando él tenía apenas 7 años derrumbó esa estabilidad.
El alcoholismo y la violencia intrafamiliar obligaron a su madre a huir con sus hijos hacia Manizales y, finalmente, a los sectores más vulnerables de Bogotá.
Fue en la capital donde se forjó el carácter de “El Aventurero”.
A los 13 años, mientras otros niños jugaban, Yeison ya trabajaba en Corabastos, la central de suministros más grande del país.
En la penumbra de las 3:00 de la mañana, vendía aguacates y recolectaba chatarra, ganándose el apodo de “La Rocola” por su costumbre de cantar rancheras entre los bultos de comida.
Esta etapa, que duró cinco años, fue su verdadera escuela de negocios y disciplina.
El ascenso: El perdón como llave del éxito
A pesar de las humillaciones y las promesas vacías de intermediarios que no creían en su talento, Yeison utilizó el dolor de su primer desamor para escribir “Te deseo lo mejor”.
Sin embargo, su carrera no despegó realmente hasta que logró una sanación interna.
El artista confesó que guardaba un resentimiento profundo hacia su padre por el abandono sufrido, pero un encuentro espiritual lo llevó a buscar la reconciliación.
Este acto de perdón liberó su alma y le permitió abandonar los vicios que estancaban su crecimiento.

A partir de ahí, su éxito fue meteórico: Consolidación: Más de 70 canciones de su autoría, incluyendo himnos como “El Aventurero” y “Maldita Traga”.
Hitos históricos: En julio de 2025, se convirtió en el primer artista regional colombiano en llenar el Estadio El Campín de Bogotá con más de 40,000 personas.
Impacto global: Realizó giras agotadas por Estados Unidos, Europa y Australia, facturando más de 58,000 dólares por presentación.
El estratega: Un imperio más allá de la música
Yeison Jiménez entendió que la fama es efímera, pero el patrimonio es eterno.
Construyó un portafolio empresarial diversificado que generó más de 150 empleos directos.
Su visión abarcó sectores como: Construcción: Hoteles en Cundinamarca, Tolima y Boyacá.
Agroindustria: Criaderos de caballos de paso fino y ganadería en su finca “La Cumbre”.
Digital: Su podcast “Camino al éxito”, donde compartía lecciones de emprendimiento.
El desenlace: Una premonición fatal
La tragedia del sábado 10 de enero de 2026, cuando su avioneta se estrelló en la vereda Romita de Paipa, dejó al país en shock.
Lo más escalofriante para la opinión pública fue la revelación de que Yeison había tenido tres sueños premonitorios sobre su muerte en un accidente aéreo.
Incluso, en mayo de 2025, ya había sobrevivido a un aterrizaje de emergencia casi idéntico.
A sus 34 años, el artista había expresado su deseo de hacer una pausa para disfrutar de su hijo varón y su familia, asegurando que su destino final sería cantarle a Dios.
Yeison Jiménez no fue solo una voz; fue un arquitecto de realidades.
Su legado nos recuerda que la vida no se mide por su duración, sino por la profundidad de la huella que dejamos.
El niño que vendía aguacates hoy es una leyenda que le dice a toda una generación que el origen no es excusa, sino el punto de partida hacia las estrellas.