La música popular colombiana atraviesa hoy uno de sus capítulos más lúgubres y estremecedores.
El fallecimiento de Yeison Jiménez, el ídolo que logró conquistar los escenarios más importantes del país partiendo desde la humildad de las plazas de mercado, no solo deja un vacío artístico irreparable, sino que abre la puerta a una serie de revelaciones que parecen sacadas de un guion de realismo mágico.

Hoy, 12 de enero de 2026, mientras el país asimila la noticia del siniestro ocurrido en Paipa, Boyacá, cobran una relevancia aterradora las palabras que el propio artista pronunció semanas antes de su partida.
Yeison Jiménez no solo temía a las alturas; él había “visto” su final en el silencio de sus sueños.
El éxito de Yeison Jiménez nunca fue una casualidad, pero tampoco fue gratuito.
Detrás de las luces y los aplausos, el artista lidiaba con una salud frágil y un desgaste físico extenuante.
Su agenda lo obligaba a dormir 25 días al mes en hoteles y a volar casi a diario.
Sin embargo, su mayor batalla no era contra el cansancio, sino contra un presentimiento que lo perseguía.
En una entrevista reciente para el programa Se dice de mí, el intérprete de “Aventurero” confesó con una serenidad inquietante que había soñado en tres ocasiones distintas con un accidente aéreo fatal.
“Yo me soñé tres veces con que íbamos a tener un accidente en el avión”, relató Yeison en aquella oportunidad.
En sus sueños, el cantante veía detalles específicos: intentaba advertir al piloto, veía cómo fallaban los sistemas y, en la última de esas pesadillas, la imagen fue definitiva.
“En uno de los sueños yo sí me soñé que nos habíamos matado y que salíamos por las noticias.
Dios me dio tres señales y yo no las entendí, no las capté”, sentenció el artista, cuyas palabras hoy resuenan como una profecía autocumplida que ha dejado en shock a sus millones de seguidores.

El trauma de un milagro que no se repitió
El miedo de Yeison Jiménez a los aviones no nació de la nada.
Tenía una raíz profunda en un incidente ocurrido el 24 de mayo del año pasado.
En aquella ocasión, mientras volaba hacia Medellín, la aeronave en la que viajaba sufrió una falla crítica en pleno ascenso.
El artista recordó con terror cómo los indicadores marcaban “bad left” y “bad right” en los motores, mientras la avioneta se negaba a ganar altura, manteniéndose peligrosamente cerca de los edificios de la ciudad.
En ese momento de vulnerabilidad extrema, el pensamiento de Yeison no estaba en la fama ni en el dinero.
Su mente se ancló en su familia.
Faltaban apenas diez días para el nacimiento de su hijo varón, Santiago.
“Yo lo único que pensaba era: ‘fuepucha, me voy a morir y no voy a conocer a mi hijo'”, confesó entre lágrimas.
Aquel día, la pericia del piloto, quien realizó maniobras desesperadas sobre el río Medellín, logró salvarles la vida.
Al aterrizar, Yeison se encerró a llorar, consciente de que había recibido una segunda oportunidad.
Aquel evento lo marcó de tal forma que tuvo que acudir a terapia psicológica para lidiar con el trastorno de estrés postraumático y las pesadillas constantes en las que veía a sus hijas crecer sin él.
La tragedia final en Paipa: Detalles del siniestro

Lamentablemente, el destino que Yeison tanto temía lo alcanzó la tarde del pasado sábado 10 de enero.
Sobre las 4:00 p.m. , la avioneta Piper Navajo PA31, con matrícula N325FA, se preparaba para despegar del aeródromo Juan José Rondón en Paipa, con destino a Marinilla, Antioquia.
A bordo se encontraba el artista, parte de su equipo de trabajo, el piloto y el copiloto.
Testigos presenciales y habitantes de la vereda Romita, en el sector Marengo, relataron los momentos previos al impacto.
Jerson Bernate, un residente local, captó con su teléfono móvil los instantes en que la aeronave realizaba pruebas de motores en la pista.
Según su relato, la avioneta tardó más de cinco minutos en iniciar la carrera de despegue, lo que generó nerviosismo entre quienes observaban.
Una vez en el aire, la aeronave no logró alcanzar la altitud necesaria.
Un giro brusco hacia la derecha, acompañado de un sonido errático en uno de los motores, precedió a una caída en picada que terminó en una explosión devastadora.
Las unidades de bomberos de Duitama y Paipa acudieron al lugar, pero las explosiones de combustible y la magnitud del incendio dificultaron las labores iniciales.
El reporte preliminar de la Aeronáutica Civil confirmó que la aeronave terminó completamente incinerada entre los hierros retorcidos de una finca cercana.
No hubo sobrevivientes.

Un legado marcado por la humildad y la fe
Yeison Jiménez nació el 26 de julio de 1991 en Manzanares, Caldas.
Su historia de superación es un referente nacional: de cargar bultos en la central de abastos Corabastos durante seis años, pasó a ser el jurado de Yo me llamo y a llenar el estadio El Campín.
Fue un hombre de fe profunda, que atribuía cada éxito a la mano de Dios y que, a pesar de sus excentricidades —como su amor por la maquinaria pesada y sus gallinas ponedoras—, nunca olvidó el olor de la tierra de la que provenía.
Hoy, la música popular llora a un “guerrero” que, según sus colegas, fue la “piedra en el zapato” de muchos por su disciplina y talento inigualable.
Sus restos ya reposan en Medicina Legal en Bogotá, mientras las autoridades avanzan en la identificación técnica y las investigaciones para determinar si hubo fallas en el mantenimiento de la aeronave, un tema que ya había causado problemas en su incidente previo en Medellín.
La muerte de Yeison Jiménez no es solo la pérdida de un cantante; es el cierre de un ciclo para un género que él ayudó a dignificar.
Su partida nos deja con la escalofriante reflexión sobre la premonición y el destino.
Él lo soñó, él lo sintió y él lo contó, esperando quizás que el acto de hablarlo conjurara el peligro.
Al final, el “Aventurero” que cruzó fronteras con su voz, terminó su viaje en las nubes que tanto protagonizaron sus noches de insomnio.
¿Qué opina usted sobre los sueños premonitorios? ¿Cree que Yeison Jiménez presentía que su tiempo en la tierra estaba llegando a su fin? Los invitamos a dejar sus mensajes de condolencia y reflexiones en la caja de comentarios.