El 19 de enero de 2026, lo que comenzó como una entrevista íntima entre la periodista Ingrid Lazper y el ídolo colombiano Yeison Jiménez en México, se ha convertido hoy en el documento audiovisual más valioso para entender la psicología y el origen de un hombre que, pocos días después de estas confesiones, partiría hacia la eternidad.
Titulada proféticamente como “El Último Adiós”, esta conversación no fue una simple promoción musical, sino un viaje descarnado hacia las raíces de un “paisa” que, antes de ser una estrella internacional, fue el niño más pobre de su salón en Manzanares, Caldas.

A través de una dinámica cargada de simbolismo, Lazper logró que Jiménez abriera las “cajas de su memoria”, revelando pasajes de su vida que en Colombia eran leyenda, pero que en México resonaron con una fuerza nueva.
El artista recordó con nostalgia su casa natal en Manzanares, un lugar donde la abundancia de sus primeros siete años —fruto de los negocios de su padre comerciante— se esfumó tras una ruptura familiar, arrojándolos a la precariedad más absoluta.
“Me sacaban del salón porque no dejaba dar clase, me la pasaba cantando corridos prohibidos”, recordó entre risas melancólicas, subrayando que su pulmón para cantar no nació de un sueño de fama, sino de una necesidad biográfica de sobrevivir.
El “Yo” del pasado: Cicatrices y bicicletas
Uno de los momentos más desgarradores de la entrevista ocurrió cuando Jiménez enfrentó fotografías de su infancia.
Se detuvo en una imagen especialmente triste: el recuerdo de las bicicletas que su padre le prometía y separaba en los almacenes, para luego regresar a solas y pedir la devolución del dinero.
“Eso no se le hacía a un niño”, sentenció Yeison, revelando que esas humillaciones forjaron su carácter.
También recordó a un primo que hoy trabaja con él, pero que en la niñez lo obligaba a empujarlo en su bicicleta para prestársela solo unos minutos.
Estos episodios, lejos de generar odio, se convirtieron en el motor de un hombre que hoy maneja un conglomerado de nueve empresas.
Corabastos: El umbral de la supervivencia
La entrevista profundizó en su etapa como “cotero” en la central de abastos de Bogotá, donde llegó a los 13 años cargando bultos y vendiendo aguacates.
Jiménez relató cómo una vecina que hacía arepas lo envió a entregar un pedido a la bodega C local 5, y allí se quedó doblando costales por ocho horas diarias durante seis años.
En ese entorno peligroso, rodeado de vicios y violencia, Yeison confesó que a los 17 años no tenía expectativas de vida más allá de los 25.
“No voy a durar más de 20 años, era lo primero que me pasaba por la mente”, admitió.
Por ello, celebrar su cumpleaños número 25 fue, en su momento, su mayor logro personal.
El punto de quiebre ocurrió a los 19 años, cuando al ver pasar un avión sobre su puesto de trabajo, sintió una rabia transformadora que lo impulsó a ahorrar durante un año para grabar sus primeras tres canciones, las cuales promocionaba en buses y taxis ante la burla de quienes lo veían solo como “el vendedor de aguacates”.
Raíces, padres y premoniciones

Lazper utilizó estímulos sensoriales como el aroma del café (por su padre caficultor) y el del aguardiente (por las cantinas de su infancia) para explorar la compleja relación de Yeison con sus progenitores.
El artista destacó la figura de su madre, Doña Lucy, como el eje de su vida, revelando que a los 13 años tuvo que asumir el papel de protector del hogar, llegando a empuñar una escopeta para defender a su hermana de posibles intrusos en los barrios bravos de Bogotá.
La entrevista también abordó sus influencias musicales, destacando a dos figuras que hoy cobran un sentido místico: Darío Gómez: El “Rey del Despecho” falleció el mismo día del cumpleaños de Yeison.
En el video mostrado, Gómez le decía que él era el encargado de llevar su legado al siguiente nivel, una profecía que Yeison aceptó con humildad y miedo.
Joan Sebastian: El ídolo mexicano que Yeison “adoptó” como padre simbólico cuando el suyo estaba ausente, llegando a mostrar su foto en el colegio asegurando que era su progenitor.
La rivalidad, el éxito y la voz de un amigo
Jiménez no esquivó los temas espinosos de la industria colombiana, mencionando que su éxito ha desatado envidias y chismes malintencionados que intentaron enemistarlo con maestros del género.
Sin embargo, el momento de luz llegó con una llamada sorpresa de Pipe Bueno, quien lo regañó por hablar de un retiro prematuro a los 35 años.
“Usted es de lo bueno que tenemos para mostrar, no me venga a hablar de retiro ahorita”, le dijo Bueno, confirmando que Yeison era un pilar indispensable para el regional colombiano en el mundo.
Yeison Jiménez cerró la entrevista con una declaración que hoy suena a testamento: “No me apasiona la fama, no me mata el dinero.
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simplemente quiero cantar y que ustedes juzguen si el man es bueno o no”.
Dejó claro que su mayor orgullo era haberle cambiado la vida a su familia y haber actuado siempre “con el corazón”.
Al despedirse de México en este 19 de enero de 2026, esta entrevista queda como el retrato definitivo de un aventurero que, tras haber cruzado los desiertos de la pobreza y la violencia, alcanzó la cima solo para recordarnos que su esencia seguía siendo la de aquel niño manzanareño que cantaba para no morir.