La primera vez que entré a esa iglesia católica en Asís, llevaba puesta mi cuffi blanca y mi tove gris, porque era viernes y había hecho mis oraciones del Yumá esa mañana en la mezquita de Roma.

Y solo entré porque mi esposa italiana insistió durante tres días diciéndome, “Rashid, por favor, solo ven conmigo a ver esto solo una vez es importante para mí.
” Y yo finalmente acepté, aunque sentía que estaba traicionando mi fe, aunque sabía que mi padre en Egipto se decepcionaría si supiera que su hijo estaba entrando al lugar de adoración cristiana, aunque toda mi vida me habían enseñado que los cristianos eran musriquín, politeístas, que adoraban tres dioses en lugar de Alah, el único.
Pero entré de todas formas por amor a mi esposa.
Entré con la intención de quedarme solo 5 minutos para hacerla feliz y luego irme.
Entré pensando que esto no significaría nada para mí, que vería algunas estatuas, algunas velas y saldría sin ser tocado.
Pero lo que pasó en los siguientes 45 minutos dentro de ese santuario, lo que vi cuando me arrodillé frente a esa urna de cristal donde está el cuerpo de un adolescente muerto hace 19 años.
Lo que sentí cuando toqué ese vidrio y una fuerza invisible atravesó mi pecho y sanó algo en mí que había estado roto durante 15 años.
cambió completamente mi vida, cambió mi fe, cambió mi identidad, cambió todo lo que creía saber sobre Dios y verdad y salvación.
Y lo que voy a contar ahora va a sonar como traición para mis hermanos musulmanes, va a sonar como apostasía, va a sonar como historia inventada por misioneros cristianos tratando de convertir musulmanes.
Pero juro por el Dios que ahora conozco, es el mismo Dios de Abraham y Moisés y Jesús.
Juro por todo lo sagrado que cada palabra es verdad.
Es exactamente lo que me pasó.
Y si estás escuchando esto ahora, especialmente si eres musulmán, especialmente si sientes que algo está faltando en tu vida espiritual, especialmente si has estado buscando a Dios de verdad y no solo siguiendo rituales, necesitas oír esta historia hasta el final, porque tal vez solo, tal vez Dios te está llamando también.
Me llamo Rashid Almansur.
Tengo 34 años.
Nací en El Cairo, Egipto, en familia musulmana sunita, muy religiosa.
Mi padre es imam en Mezquita Pequeña en Barrio Popular.
Mi madre usa nicap completo desde que tengo memoria.
Crecí memorizando el Corán, haciendo salat cinco veces al día, ayunando Ramadán desde los 10 años, todo lo que se espera de buen musulmán.
Mi padre me enseñó que el Islam es la única religión verdadera, que Muhammad Paz sea con él, es el último profeta.
Que el Corán es la palabra final de Allah, sin cambios, sin errores.
Me enseñó a respetar a los alquitab, la gente del libro Cristianos y judíos.
Pero también me enseñó que están equivocados, que los cristianos pervirtieron el mensaje de Isa Jesús inventando que era hijo de Dios cuando era solo profeta, que la trinidad es shirk, asociar compañeros con Allah, el pecado imperdonable.
Crecí creyendo esto absolutamente, sin dudas.
Era parte de mi identidad.
Soy Rashid, soy musulmán.
Estas dos cosas eran inseparables.
Estudié ingeniería en Universidad del Cairo.
Me gradué en 2013.
Conseguí trabajo en empresa de telecomunicaciones, buen trabajo, buen salario.
En 2015, la empresa me mandó a Italia, a Roma, para proyecto de 3 meses instalando redes de fibra óptica.
Ese fue mi primer viaje fuera de Egipto.
Llegué a Roma en septiembre de 2015.
La ciudad me impactó, tan diferente de El Cairo, edificios antiguos por todos lados, iglesias enormes en cada esquina, turistas de todo el mundo y entonces conocí a Julia.
Ella trabajaba como traductora para nuestra empresa.
Italiana de 28 años, cabello negro, ojos verdes, sonrisa que iluminaba la habitación, profesional, inteligente, amable.
Empezamos a trabajar juntos.
Ella me ayudaba a comunicarme con contratistas locales.
Pasábamos horas juntos todos los días y lentamente, sin planearlo, sin quererlo, me enamoré de ella.
Esto era problema enorme.
Musulmán no debe casarse con no musulmana a menos que ella se convierta.
Y yo sabía que pedirle que se convirtiera al Islam sería injusto.
Entonces intenté ignorar mis sentimientos.
Intenté mantener distancia, pero no podía.
Ella también sentía algo.
Lo podía ver en cómo me miraba, cómo encontraba excusas para estar cerca de mí.
Un día, octubre de 2015, después de reunión de trabajo, ella me invitó a tomar café.
Acepté, aunque sabía que era peligroso.
Nos sentamos en Café Pequeño cerca del Coliseo.
Hablamos durante 3 horas, no sobre trabajo, sino sobre vida, familia, sueños, creencias.
Ella me preguntó sobre Islam.
Le expliqué lo mejor que pude.
Los cinco pilares, la importancia de su misión a la belleza del Corán.
Ella escuchó con respeto genuino, no como los europeos que a veces te miran con sospecha cuando dices que eres musulmán.
Ella realmente quería entender.
Entonces me preguntó, “Rashid, ¿qué piensas sobre Jesús? Isa es profeta.
” Respondí, “Uno de los más grandes profetas, nacido de Virgen Mariam, hizo milagros con permiso de Allah, pero no es hijo de Dios.
Dios no tiene hijos.
Dios es uno, Ajat, sin compañero, sin igual.
” Ella asintió.
Entiendo qué es lo que crees, pero puedo decirte lo que yo creo.
Claro.
Yo creo que Jesús es Dios hecho hombre, que vino a salvarnos de nuestros pecados, que murió en la cruz y resucitó al tercer día.
Sé que suena loco, sé que tu fe dice diferente, pero para mí es la verdad más profunda de mi vida.
hablamos durante otra hora respetuosamente, sin intentar convencernos uno al otro, solo compartiendo.
Y esa noche, cuando volví a mi apartamento, recé.
Alá.
Esta mujer ha toca entrado en mi corazón, pero es cristiana.
No sé qué hacer.
Dame señal, guíame.
Los siguientes meses fueron difíciles.
Mi proyecto de 3 meses se extendió a 6 meses.
Luego a un año, la empresa estaba feliz con mi trabajo.
Querían que me quedara y yo quería quedarme porque Julia estaba ahí.
Nuestra relación se profundizó.
Empezamos a salir oficialmente, aunque yo sabía que mis padres nunca probarían.
Llamaba a mi madre cada semana.
Ella preguntaba cuándo volvería a Egipto, cuándo me casaría con buena chica musulmana que ella me presentaría.
Yo evadía las preguntas, mentía diciendo que estaba muy ocupado con trabajo.
Me sentía culpable.
Dividido en 2017.
Después de 2 años de relación, Julia y yo decidimos casarnos.
Fue decisión difícil.
Yo sabía que significaba romper con mi familia.
Ella sabía que significaba vida complicada, siendo esposa de musulmán en Italia, donde islamofobia existe.
Pero nos amábamos.
Nos casamos en ceremonia civil en Roma.
Pequeña, solo algunos amigos.
No familia, no iglesia, no mezquita, neutral.
Llamé a mis padres después para decirles, “Mi padre no habló conmigo durante 6 meses.
Mi madre lloró.
me dijo que estaba decepcionada, que había traicionado mi fe casándome con Cafira Infiel.
Esas palabras me dolieron profundamente, pero amaba a Julia.
No me arrepentía.
Pensaba que con tiempo mi familia aceptaría.
Julia respetó mi fe completamente.
Nunca me pidió que dejara Islam.
Nunca me presionó para ir a iglesia con ella.
Cuando hacía mis cinco oraciones diarias en nuestro apartamento, ella me daba privacidad.
Cuando ayunaba Ramadán, ella ayunaba conmigo en solidaridad, aunque no era obligación para ella, era esposa increíble.
Pero había algo entre nosotros, algo no dicho.
Ella iba a misa cada domingo, yo iba a mezquita cada viernes.
Vivíamos vidas espirituales paralelas que nunca se encontraban.
Cuando nacieron nuestros hijos, primero Omar en 2018, luego Aisha en 2020.
Tuvimos que tener conversaciones difíciles.
¿Cómo vamos a criarlos?, preguntó Julia.
Musulmanes o cristianos.
Musulmanes dije.
Es mi fe, es la verdad.
Y si ellos cuando crezcan quieren ser cristianos, respetaremos su decisión cuando sean adultos, pero ahora los criaremos musulmanes.
Ella aceptó, aunque vi tristeza en sus ojos.
Creo que había esperado que yo cedería en esto, pero no podía.
Mi identidad como musulmán era demasiado fuerte.
Escribe en los comentarios desde dónde me estás escuchando.
Necesito saber que hay alguien del otro lado que entiende lo que es estar dividido entre dos mundos, entre fe y amor, entre familia y corazón.
Porque lo que voy a contar ahora es cómo esa división finalmente se resolvió de la forma más inesperada.
En 2023 empecé a experimentar algo extraño.
Dolores en mi pecho, no dolores de corazón físicos, sino algo diferente, algo que no podía explicar a los doctores.
Era como peso, como presión constante en mi pecho, especialmente cuando rezaba, cuando hacía su hut postrándome hacia Meca, sentía ese peso aumentar, como si algo me estuviera empujando hacia abajo.
Fui a varios médicos, hicieron electrocardiogramas, rayos X, análisis de sangre, todo normal.
Tal vez esa ansiedad, dijeron.
Me recetaron ansiolíticos.
Los tomé durante 3 meses.
No ayudaron.
El peso seguía ahí.
Empecé a pensar que era espiritual.
Tal vez tenía Jein, espíritu maligno.
Fui a Shake en Mezquita de Roma.
Él hizo Ruquiaá, exorcismo islámico sobre mí.
Recitó del Corán.
Sopló en agua que me dio para beber.
Nada cambió.
El peso en mi pecho se hacía más fuerte, especialmente en mis momentos de oración.
Llegué al punto donde no podía concentrarme en salat.
Mi mente divagaba.
Mis oraciones se sentían vacías, mecánicas, solo movimientos sin conexión real con Alah.
Esto me asustaba.
Había sido musulmán devoto toda mi vida.
Ahora sentía como si estuviera perdiendo mi fe y no sabía por qué.
En marzo de 2025, el peso se volvió insoportable.
Había días que no podía respirar bien.
Sentía como si alguien estuviera sentado en mi pecho.
Julia estaba muy preocupada.
Me llevó a hospital de emergencia dos veces.
Ambas veces los doctores no encontraron nada.
Todo está normal, señor, Almansur.
Sus pulmones están bien, su corazón está bien, tal vez necesita ver psicólogo, pero yo sabía que no era psicológico, era algo más profundo, algo espiritual, algo que la medicina no podía tocar.
Dejé de ir a mezquita porque no podía soportar estar ahí con ese peso.
Dejé de hacer mis cinco oraciones diarias.
Solo hacía una o dos cuando podía.
Me sentía culpable, horrible.
Sentía que estaba fallándole ala, pero no podía continuar.
Una noche, abril de 2025, después de otra crisis donde no podía respirar, Julia me abrazó en cama.
Estaba llorando.
Rashid, no sé qué hacer.
Te amo.
No quiero perderte.
Hay algo que quiero pedirte.
hace años, pero tenía miedo.
Pero ahora tengo que preguntar, ¿qué cosa? Ven conmigo a Asís.
Hay tumba de un santo.
Carlo Acutis era solo adolescente cuando murió, pero ha estado haciendo milagros.
Mucha gente ha sido sanada.
Tal vez él puede ayudarte.
Mi primera reacción fue rechazo.
Julia, no puedo.
Soy musulmán.
No puedo ir a pedir ayuda a Santo Cristiano.
Es Shirk, por favor, Rashid.
Ella seguía llorando.
Solo ven, solo mira.
No tienes que rezar si no quieres, solo acompáñame.
Hace 7 años que estamos casados y nunca has entrado a iglesia conmigo.
Nunca has visto lo que es importante para mí.
Te lo estoy pidiendo no como cristiana, sino como tu esposa que te ama y está desesperada por ayudarte.
Sus palabras me quebraron.
Tenía razón.
Nunca había intentado entender su fe.
Nunca había respetado lo que era importante para ella de la forma que ella respetaba mi fe.
“Está bien”, dije finalmente voy a ir, pero solo por ti.
No esperes que esto cambie algo para mí.
Ella sonrió a través de sus lágrimas.
Solo ven.
Eso es todo lo que pido.
Fuimos a Así una semana después, 12 de abril de 2025, sábado.
Dejamos a los niños con la madre de Julia en Roma.
Viajamos dos horas en tren.
Yo estaba incómodo todo el viaje pensando en lo que diría mi padre si supiera, pensando en lo que dirían mis hermanos en Mezquita, me sentía como traidor.
Llegamos a Asís al mediodía, ciudad hermosa, medieval, construida en colina.
Julia me llevó directo al santuario del despojamiento.
Caminamos por calles estrechas.
Finalmente llegamos a la iglesia.
Me detuve en la entrada.
No sé si puedo hacer esto, dije.
Ella tomó mi mano.
Solo entra, solo mira.
Entramos.
La iglesia estaba llena de gente, jóvenes en su mayoría, adolescentes, veiañeros.
Había fila en nave lateral derecha.
Ahí está la urna, dijo Julia señalando.
¿Dónde está su cuerpo? Seguimos la fila.
Yo miraba alrededor, sintiéndome muy fuera de lugar con mi cuffi blanca y mi barba larga, claramente musulmán en medio de Iglesia Católica.
Algunas personas me miraron con curiosidad, pero nadie dijo nada hostil.
Después de 30 minutos, llegamos cerca de la urna y entonces lo vi.
Y todo lo que creía, todo lo que me habían enseñado, todo lo que había aceptado como verdad absoluta durante 34 años, empezó a agrietarse porque dentro de esa urna de cristal había cuerpo de adolescente vestido con jeans y zapatillas y no estaba descompuesto.
No era esqueleto, no era momia seca, era cuerpo que parecía estar durmiendo.
Después de 19 años muerto, la piel intacta, color natural, manos sosteniendo rosario, cara pacífica como si estuviera soñando.
Mi mente racional de ingeniero trataba de procesarlo, trataba de encontrar explicación, embalsamamiento, químicos, condiciones especiales, pero algo dentro de mí sabía que esto era diferente.
Esto era algo más.
Me arrodillé en el reclinatorio, aunque no era mi intención arrodillarme.
Julia se arrodilló a mi lado.
Ella empezó a rezar en voz baja.
Yo solo miraba el cuerpo, fascinado, confundido, asustado.
Y entonces hice algo que no planeaba hacer.
Extendí mi mano derecha, toqué el cristal de la urna.
Si seguís acá, si algo dentro tuyo te está diciendo que no pares de escuchar, escribí sigo acá en los comentarios porque lo que pasó en el momento que toqué ese vidrio, lo que entró en mi cuerpo, lo que salió de mi pecho, es el momento que divide mi vida en antes y después.
Es el momento que todo cambió.
En el segundo que mis dedos tocaron el cristal, sentí algo.
No puedo describirlo bien.
Fue como si mano invisible entrara en mi pecho y arrancara ese peso que había estado ahí durante 2 años.
Literalmente lo arrancara.
Sentí movimiento físico dentro de mi torso.
Sentí algo oscuro salir y en su lugar entró luz, entró calor, entró paz que nunca había sentido en mi vida, ni en mis mejores momentos de oración en mezquita, ni cuando hacía dúa súplica en medio de noche, ni cuando leía Corán, esta paz era diferente, era completa, era como llegar a casa después de estar perdido durante años.
El peso desapareció instantáneamente, completamente.
Después de dos años de sufrir, desapareció en un segundo y pude respirar.
Respiré profundo.
Más profundo de lo que había respirado en años, mis pulmones se llenaron de aire sin dolor, sin presión y lloré.
Lloré ahí arrodillado frente a esa urna.
Lloré como no había llorado desde niño.
Julia me miraba asustada.
Rashid, ¿qué pasa? Pero yo no podía hablar, solo llorar, solo sentir esa paz imposible.
Y entonces escuché voz, no voz audible con oídos, sino voz en mi corazón, en mi alma, voz joven, masculina, gentil, diciendo en árabe perfecto, Rashid, has estado buscando a Dios en lugar equivocado.
Dios está aquí, siempre estuvo aquí.
Yo soy el camino.
Sígueme.
Abrí mis ojos, miré el cuerpo en la urna y juro por Dios que vi sus labios moverse solo por un segundo, solo levemente.
Pero lo vi, o tal vez no lo vi con ojos físicos, sino con otros ojos.
No sé, pero fue real.
¿Quién eres? Susurré.
Soy Carlo.
Dijo la voz.
Vine a mostrarte la verdad.
Isa que tú llamas profeta es más que profeta.
Es Dios hecho hombre.
Es el Salvador que has estado buscando.
El Islam te enseñó verdades parciales, pero la verdad completa está en él.
No es traición, es cumplimiento.
Abraham y Moisés y los profetas todos apuntaban hacia él.
Tu corazón lo sabe.
Por eso has estado sufriendo, porque estabas cerca de la verdad, pero no completamente en ella.
Ahora decidís, seguís en confusión o aceptás la verdad completa.
Me quedé ahí arrodillado.
No sé cuánto tiempo, 10 minutos, 20.
procesando, sintiendo, toda mi vida pasaba por mi mente, todas las enseñanzas de mi padre, todos los versos del Corán que había memorizado, todas las veces que había rezado hacia Meca, todo.
Y al mismo tiempo sentía esa paz en mi pecho, esa ausencia del peso que había estado matándome y sabía, sabía sin lugar a dudas que algo verdadero había pasado, algo real, algo que no podía negar.
Finalmente me levanté.
Julia me abrazó.
¿Qué pasó?, preguntó de nuevo.
Se fue.
Dije, el peso en mi pecho se fue completamente.
En serio.
Sí.
En el momento que toqué el vidrio salió.
Puedo respirar, Julia.
Puedo respirar.
Ella se empezó a llorar también.
Es milagro, dijo.
Carlos, te dio milagro.
Necesito salir.
Dije, necesito aire.
Necesito pensar.
Salimos de la iglesia, nos sentamos en Plaza Cerca.
Yo respiraba profundo una y otra vez.
disfrutando la sensación de pulmones libres de pecho sin peso.
“Julia”, dije después de largo silencio.
¿Algo más pasó ahí adentro? Algo que no sé cómo explicarte.
¿Qué cosa? Oí voz o tal vez no oí sino sentí.
No sé, pero era real.
Me habló, me dijo que Isa, Jesús, es más que profeta, que es el camino.
Ella me miraba con ojos grandes.
¿Y qué pensás? No sé qué pensar.
Toda mi vida me enseñaron que decir que Jesús es Dios es el peor pecado, es shirk, es asociar compañeros con Allah.
Es imperdonable, pero pero me sanó, Julia.
Algo me sanó ahí adentro.
Algo que 2 años de medicina y ruia y todo lo demás no pudieron hacer.
Se fue en un segundo.
¿Cómo explico eso? No lo expliques.
Dijo, “Solo acepta que pasó.
Pero si acepto que pasó, entonces tengo que aceptar que hay poder real en ese lugar, poder real en ese santo, poder real en tu fe.
Y si acepto eso, entonces todo lo que creía se derrumba.
Tal vez necesita derrumbarse, dijo suavemente.
Tal vez has estado construyendo sobre fundamento incompleto y Dios está dándote oportunidad de construir sobre fundamento completo.
Pasamos 3 horas en esa plaza hablando, llorando, yo haciendo 1000 preguntas, ella respondiendo con paciencia.
Finalmente dije, “Quiero volver a entrar.
Quiero ver otra vez.
” Volvimos a la iglesia.
La fila era más corta.
Ahora llegamos a la urna más rápido.
Me arrodillé otra vez, miré el cuerpo otra vez, toqué el vidrio otra vez y la paz volvió a llenarse.
Más fuerte esta vez.
¿Qué quieres de mí? Pregunté en mi mente.
Quiero que me sigas, respondió la voz.
Quiero que conozcas a mi Señor, a Yeshua, a Jesús.
Quiero que experimentes el amor que él tiene por ti.
Amor que no depende de cuántas veces rezás o cuántos ayunos hacés.
Amor incondicional.
Amor que murió por vos en la cruz para perdonar tus pecados.
Amor que resucitó para darte vida eterna.
Ese amor está esperándote.
Solo tenés que aceptarlo.
¿Cómo? Pregunté.
¿Cómo acepto? Vení mañana, dijo la voz.
Vení a la misa de la mañana.
Escucha la palabra.
Abrí tu corazón, el resto va a fluir.
Salimos de la iglesia, era tarde, casi 6 de la tarde.
Decidimos quedarnos en Así esa noche.
Encontramos hotel pequeño, cenamos en silencio, yo procesando todo.
Esa noche no pude dormir.
Estaba en cama mirando el techo, sintiendo mi pecho libre de peso.
Por primera vez en dos años tocando el lugar donde el peso había estado.
Sintiendo solo paz, pensaba en mi padre, en mi madre, en lo que dirían si supiera lo que estaba considerando apostasía, rida, el peor pecado en Islam, castigado con muerte en países donde Sharia es ley.
Pero al mismo tiempo pensaba en esa voz, en esa paz, en esa sanación instantánea que ningún shake ni doctor había logrado.
pensaba en los 7 años con Julia, cómo ella nunca me había presionado, cómo había respetado mi fe, cómo había esperado pacientemente.
Tal vez esto era respuesta a sus oraciones.
Tal vez Dios estaba respondiendo a sus 7 años de rezar por mí.
A las 6 de la mañana me levanté, le dije a Julia, “Voy a la misa contigo.
” Ella me miró sorprendida.
“¿En serio?” “Sí.
La voz me dijo que viniera.
Voy a venir.
” Fuimos a la iglesia a las 7.
La misa era a las 7:30.
Entramos, había tal vez 50 personas.
Me senté en banco del fondo, nervioso observando.
La misa comenzó.
El sacerdote era hombre mayor, italiano.
Hablaba en italiano que yo entendía por vivir en Italia 10 años.
Hizo lecturas de la Biblia, una del Antiguo Testamento, una de Salmos, una de Evangelio.
La lectura del evangelio era de Juan, capítulo 10.
Jesús diciendo, “Yo soy el buen pastor.
El buen pastor da su vida por las ovejas.
Yo soy el buen pastor.
Conozco a mis ovejas y ellas me conocen.
Así como el Padre me conoce y yo conozco al Padre y doy mi vida por las ovejas.
” Esas palabras me golpearon.
El buen pastor da su vida por las ovejas.
En Islam, Allah es Rahmán, Rahim.
Misericordioso, compasivo, pero no es pastor que se involucra íntimamente con sus ovejas.
Es rey, distante, juez que observa y juzga.
Pero este Jesús del que hablaba el evangelio era diferente.
Era Dios que se acerca, Dios que conoce personalmente, Dios que da su vida, muere por amor.
El sacerdote dio homilía, habló sobre ese pasaje.
Dijo, “Jesús no es pastor que manda sus ovejas a hacer tareas y las castiga si fallan.
es pastor que camina con ellas, que las conoce por nombre, que las busca cuando se pierden, que da su propia vida para salvarlas.
Ese es el Dios que adoramos, no Dios distante, sino Dios cercano, Emanuel, Dios con nosotros.
Empecé a llorar otra vez ahí sentado en banco del fondo, porque eso era exactamente lo que había estado faltando en mi vida espiritual, cercanía, conexión personal.
Yo hacía rituales, seguía reglas, pero nunca sentía que Dios estaba conmigo.
Siempre sentía distancia, siempre sentía que tenía que ganar su favor con mis acciones.
Pero ahora estaba escuchando que Dios me amaba antes de que yo hiciera nada, que él dio su vida por mí, no porque yo lo merecía, sino porque me amaba.
Llegó un momento de Eucaristía.
La gente empezó a ir adelante para recibir comunión.
Julia me miró.
No podes recibir todavía susurró.
No estás bautizado.
Lo sé, dije.
Me quedé sentado observando, viendo como cada persona recibía esa pequeña.
Algunos lloraban, algunos sonreían, todos con reverencia.
Y recordé que en Islam habíamos sido enseñados que cristianos comen pan.
Y dicen que es Dios, que es locura, pero viéndolo ahora, viendo la devoción, viendo las lágrimas, algo en mí entendía que para ellos era real, que realmente creían que era el cuerpo de Cristo, la presencia real.
Y la voz en mi corazón dijo, “Esto es lo que Carlo amaba.
La Eucaristía es donde yo estoy más presente, es donde me podés encontrar siempre esperando por vos.
” Después de la misa me acerqué al sacerdote, me presenté.
“Padre, soy musulmán.
” O era musulmán, no sé que soy ahora, pero algo me pasó ayer en la tumba de Carlo Acutis.
Fui sanado y ahora estoy confundido.
No sé qué hacer.
Él me escuchó con paciencia.
Luego dijo, “Ha sido tocado por la gracia.
El Espíritu Santo está trabajando en ti.
Si querés aprender más sobre nuestra fe, sobre Jesús, puedo darte materiales.
Puedo conectarte con sacerdotes en Roma que hablan árabe, que entienden tu situación.
Suscríbete al canal si todavía estás conmigo, porque lo que pasó en las siguientes semanas fue proceso doloroso, hermoso, aterrador, liberador.
Todo al mismo tiempo fue muerte y resurrección.
fue perder identidad vieja y encontrar identidad nueva.
Y necesito que entiendas que conversión no es decisión de un momento, sino viaje de transformación.
Volví a Roma ese domingo.
Lunes empecé a reunirme con padre Antonio, sacerdote egipcio que trabaja con comunidad árabe en Roma.
Había sido musulmán.
Él también se convirtió en sus 20, se hizo sacerdote en sus 30.
entendía exactamente lo que yo estaba pasando.
Nos reunimos tres veces por semana durante dos meses.
Me enseñó sobre la fe cristiana, no de forma confrontacional, sino respondiendo a mis preguntas.
Le preguntaba sobre la trinidad.
¿Cómo puede Dios ser tres y uno al mismo tiempo? Pensá en el sol.
Dijo, el sol es uno, pero tiene tres aspectos.
El disco solar que ves en el cielo, la luz que emite, el calor que produce.
Tres manifestaciones de una misma realidad.
Así Dios es uno en esencia, pero tres en personas, Padre, Hijo, Espíritu Santo, tres que comparten la misma naturaleza divina.
No era analogía perfecta, pero me ayudó a entender.
Le preguntaba sobre la crucifixión.
¿Por qué Dios necesitaría morir en Islam? Alah es todopoderoso.
Puede perdonar sin necesidad de sacrificio.
Es verdad que Dios es todopoderoso, dijo, “Pero también es justo.
El pecado tiene consecuencia.
La muerte, alguien tiene que pagar ese precio.
En el Antiguo Testamento eran sacrificios de animales, pero esos eran temporales.
Apuntaban hacia el sacrificio definitivo, cuando Dios mismo, en la persona de Jesús pagó el precio completo de una vez por todas, no porque Dios necesitara sangre, sino porque Dios quería mostrarnos cuánto nos ama hasta el punto de morir por nosotros.
Empecé a leer la Biblia, primero el Biblia, evangelio de Juan, después Mateo, Marcos, Lucas, Hechos.
Leía buscando contradicciones, buscando errores que me había dicho toda mi vida que la Biblia tenía, pero no encontraba encontraba historia coherente de Dios revelándose gradualmente.
Primero a Abraham, luego a Moisés, luego a los profetas, todo apuntando hacia Jesús.
Cumplimiento de todas las promesas, leía y lloraba, porque cada página me mostraba a Dios de amor que nunca había conocido verdaderamente.
El peso en mi pecho nunca volvió.
Desde aquel día, Enas estaba completamente libre.
Podía respirar perfecto.
Era como prueba constante de que algo real había pasado.
Le conté a Julia todo lo que estaba aprendiendo.
Ella lloraba de alegría.
He rezado por esto durante 7 años.
Dijo.
Cada día pedía a Dios que te mostrara la verdad y ahora está pasando.
Pero, ¿qué hago con mi familia? Pregunté.
Si me bautizo, si me hago cristiano, mi padre nunca me va a hablar de nuevo.
Mi madre va a romper suness corazón.
Voy a ser considerado apóstata, traidor.
En Egipto hay gente que mataría por esto.
Lo sé, dijo.
Es decisión muy difícil.
Solo vos podés hacerla, pero yo voy a estar contigo pase lo que pase.
Luché durante semanas.
Parte de mí quería aceptar esta nueva fe completamente.
Otra parte tenía miedo.
Miedo de perder familia, miedo de romper contradición de 100 años.
Miedo de estar equivocándome.
Una noche, junio de 2025, dos meses después de visitar a Sis, estaba solo en casa.
Julia había llevado a los niños a casa de su madre.
Me arrodillé y por primera vez en mi vida hablé a Jesús directamente, no a Alahá, no a profeta, sino a Dios en la persona de Jesús, Yeshua.
Dije usando nombre hebreo.
Si sos real, si realmente sos Dios hecho hombre, si realmente moriste por mí, necesito que me lo muestres de forma que no pueda negar.
Necesito señal porque lo que estoy a punto de hacer va a destruir mi vida tal como la conozco.
Necesito saber con absoluta certeza que es verdad.
Recé así durante una hora, llorando, suplicando, desesperado.
Finalmente me quedé dormido ahí en el suelo y tuve sueño.
Sueño más vívido que cualquier sueño que había tenido en mi vida.
Estaba en lugar hermoso, jardín verde, con agua corriendo, paz absoluta.
Y alguien venía caminando hacia mí, hombre joven, treint y tantos.
Cabello oscuro, ojos llenos de amor, vestido con túnica blanca simple y supe, sin que nadie me dijera, supe en mi alma que era él.
Era Jesús.
Se acercó, me abrazó y en ese abrazo sentí amor que no puedo describir, amor que conocía todo sobre mí, todas mis dudas, todos mis pecados, todos mis miedos y me amaba completamente de todas formas.
Rashid dijo con voz que era como música.
Has estado buscándome toda tu vida.
Ahora me encontraste.
O mejor dicho, yo te encontré siempre, te estuve buscando, nunca te dejé, aunque no me conocías.
Ahora conóceme, sígueme y te voy a dar vida.
Abundante no va a ser fácil.
Vas a sufrir pérdidas, pero vas a ganar algo mucho más grande.
Vas a ganar a mí y yo soy suficiente.
Desperté llorando.
Era 5 de la mañana.
El sueño había sido tan real que por un momento pensé que realmente había estado ahí.
Ese día llamé a Padre Antonio.
Estoy listo.
Dije, “Quiero ser bautizado.
¿Estás seguro?”, preguntó.
Completamente seguro.
Jesús me habló en sueño.
Me mostró que es real.
No puedo negar más.
Empezamos proceso de catecumenado, clases intensivas tres veces por semana.
Aprendí el credo, los sacramentos, la historia de la iglesia, todo.
Mi fecha de bautismo fue programada para agosto 15, fiesta de la Asunción de María.
Dos semanas antes del bautismo llamé a mis padres en Egipto.
La llamada más difícil de mi vida.
Baba dije a mi padre, necesito decirte algo.
Por favor, no cuelgues.
¿Qué pasó? Preguntó.
Me voy a bautizar.
Me estoy haciendo cristiano.
Silencio largo.
Luego, Rashid, ¿qué estás diciendo? Su voz temblando.
¿Has perdido la cabeza? No, baba.
Al contrario, encontré lo que había estado buscando.
Fui sanado de enfermedad que tuve durante 2 años.
Ningún doctor pudo ayudarme.
Fui sanado en tumba de santo cristiano y desde entonces he estado estudiando, aprendiendo y sé que esta es la verdad.
Es esa mujer dijo con voz dura.
Te lavó el cerebro.
¿Te alejó de tu f? No, baba.
Ella nunca me presionó.
Esto fue decisión mía.
Rashid, si haces esto, estás muerto para mí.
Ya no sos mi hijo.
Ya no sos mi familia.
No me llames más.
No vengas a Egipto, no existes.
Y colgó.
Llamé a mi madre.
Ella lloraba sin parar.
Abbi, hijo mío, ¿qué hiciste? ¿Cómo puedes traicionar a Ala? ¿Cómo puedes traicionar al profeta Paz sea con él? Voy a morir de tristeza por esto.
Traté de explicarle.
Ella no quería escuchar.
También colgó.
El día de mi bautismo, agosto 15 de 2025.
Fue día de alegría mezclada con dolor.
La iglesia estaba llena.
Julia estaba ahí con nuestros niños, su familia, amigos.
Algunos musulmanes que conocía me miraban con tristeza o enojo porque había corrido voz en comunidad.
Padre Antonio realizó ceremonia, me hizo preguntas.
Rashid, ¿renuncias a Satanás? Renuncio y a todas sus obras.
Renuncio y a todas sus seducciones.
Renuncio.
¿Crees en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra? Creo.
¿Crees en Jesucristo, su único hijo, nuestro Señor? Creo.
¿Crees en el Espíritu Santo, creo, derramó agua sobre mi cabeza tres veces.
Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
En ese momento sentí algo como si algo se rompiera.
Cadenas invisibles que había llevado toda mi vida cayendo y entró el Espíritu Santo.
Lo sentí.
Fuego gentil llenando mi pecho.
El mismo lugar donde había estado el peso.
Ahora lleno de luz.
Lloré.
Todos en la iglesia lloraban.
Recibí primera comunión ese día.
Esa pequeña que me daban cuando la puse en mi boca y la tragué, sentí presencia.
Sentí a Jesús entrándome literalmente, cumpliendo su promesa.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Después del bautismo, mi vida cambió completamente.
Perdí contacto con mi familia en Egipto.
Mi padre cumplió su palabra, no me habla.
Mi madre ocasionalmente me manda mensaje secreto diciendo que reza por mí, que espera que vuelva al Islam, pero mi padre no lo sabe.
Perdí muchos amigos musulmanes, algunos me llaman traidor, algunos dicen que vendí mi alma por mujer europea.
No entienden que no fue por Julia, fue por Jesús.
Pero gané algo infinitamente más valioso.
Gané relación personal con Dios.
Gané paz que supera entendimiento.
Gané comunidad de fe que me acepta completamente.
Gané vida espiritual rica.
donde cada día descubro algo nuevo sobre amor de Dios.
Mis hijos ahora están siendo criados cristianos.
Omar tiene siete.
Aisha cinco.
Les enseño sobre Jesús, sobre su amor, sobre cómo murió por nosotros.
Les enseño a rezar no oraciones mecánicas, sino conversación real con Dios.
Les enseño que son amados incondicionalmente, no tienen que ganar favor de Dios, ya lo tienen por gracia.
Volví a SIS cada año en aniversario de mi sanación.
Abril 12.
Voy solo.
Me arrodillo frente a la urna de Carlo.
Toco el vidrio.
Agradezco Carlo.
Gracias por mostrarme el camino.
Gracias por sanarme.
Gracias por guiarme a Jesús.
Tu vida corta de 15 años cambió mi vida de 34 años.
Ahora tengo 42 años en 2033.
8 años desde aquella fecha y cada día agradezco a Dios por ese día, por ese toque, por ese milagro.
Empecé blog en árabe contando mi historia.
Muchos musulmanes me escriben, algunos con curiosidad, algunos con rabia.
Trato de responder a todos con amor.
No trato de convertirlos a la fuerza.
Solo comparto mi experiencia, lo que pasó, lo que encontré.
Algunos me dicen que soy munafic, hipócrita, que vendí mi alma, pero otros me dicen en secreto que están cuestionando también, que sienten vacío en Islam, que quieren conocer más sobre Jesús.
A esos les doy materiales, los conecto con sacerdotes que entienden situación de musulmanes que cuestionan, si estás escuchando esto y eres musulmán, si has estado sintiendo que algo falta en tu vida espiritual, si has estado haciendo todas las oraciones, todos los ayunos, todas las accat, pero aún sentís vacío, querés decirte algo, no es traición buscar la verdad, no es traición cuestionar, no es traición investigar quién es realmente Jesús.
Porque si el Islam tiene razón, entonces tu investigación solo fortalecerá tu fe.
Pero si el cristianismo tiene razón, entonces tu investigación te llevará a vida eterna.
Yo no te digo que dejes tu fe inmediatamente.
Te digo que busques, que preguntes, que pidas a Dios que te muestre la verdad, sea cual sea.
Si Dios es verdaderamente Dios, entonces no tiene miedo a tus preguntas.
No se ofende por tu búsqueda.
Te va a guiar, te va a mostrar así como me mostró a mí.
Mi nombre es Rachid Almansur.
Nací musulmán en el Cairo, Egipto.
Pasé 34 años de mi vida creyendo que el Islam era la única verdad.
Haciendo cinco oraciones al día, ayunando Ramadán, tratando de ser buen musulmán, pero siempre sintiendo distancia con Alah, siempre sintiendo que tenía que ganar su favor.
Hasta que un día mi esposa italiana me llevó a tumba de santo adolescente en Asís.
Toqué la urna de cristal donde está su cuerpo.
Fui sanado instantáneamente de enfermedad de 2 años.
Escuché voz diciéndome que Jesús es el camino.
Comencé viaje de búsqueda que terminó en mi bautismo.
Perdí mi familia de nacimiento, pero gané familia eterna.
Perdí mi identidad como musulmán, pero gané identidad como hijo de Dios.
Perdí mi religión de reglas, pero gané relación de amor y ahora vivo cada día en gratitud por aquella tarde de abril de 2025, cuando Dios me encontró en el lugar menos esperado, usando un santo adolescente que murió hace casi 20 años, mostrándome que su amor no conoce fronteras, no conoce religiones, solo conoce corazones que lo buscan sinceramente y cuando encuentra esos corazones los transforma completamente.
Gracias por guiarme a Jesús.
Jesús, gracias por amarme cuando aún no te conocía.
Espíritu Santo, gracias por transformarme cada día.