“El Último Grito de la Liendra”
Era una noche oscura en el pueblo de San Martín, donde los rumores sobre la eliminación de los favoritos estaban a la orden del día.
El ambiente estaba cargado de tensión y expectativa, pues todos esperaban el desenlace de la competencia que había mantenido a todos en vilo.
La Liendra, un joven carismático y egocéntrico, se creía invencible.
Desde el primer día, había conquistado a la audiencia con su actitud desafiante y su forma de ser.
Sin embargo, no todos estaban de acuerdo con su comportamiento.
Muchos lo veían como un manipulador, un rey en su propio gallinero.
Esa noche, mientras los concursantes se preparaban para el gran evento, La Abuela, una mujer sabia y astuta, observaba desde la esquina.
Ella había sido una de las competidoras más queridas, pero su carácter fuerte la había llevado a enfrentarse a La Liendra en varias ocasiones.
Sabía que su tiempo estaba llegando a su fin, pero no estaba dispuesta a rendirse sin luchar.
Las luces del escenario comenzaron a brillar, y la multitud se llenó de gritos y aplausos.
La Liendra salió primero, con su típica arrogancia.
Se dirigió al público, haciendo alarde de su popularidad y de lo intocable que se creía.
“¡Nadie puede tocarme!”, exclamó, mientras la gente aplaudía y reía.
Pero entre la multitud, un grupo de seguidores de La Abuela comenzó a gritar.
“¡Fuera la Liendra! ¡Fuera la Abuela!” La tensión aumentó, y el ambiente se tornó hostil.
La Liendra miró a su alrededor, sintiendo cómo su reinado comenzaba a tambalearse.
En ese momento, La Liendra, otro concursante conocido por su manipulación, decidió intervenir.
“No podemos permitir que La Abuela se quede.
Ella es una amenaza para todos nosotros”, dijo con voz firme.
Sus palabras resonaron en el corazón de muchos, y los gritos en contra de La Abuela se intensificaron.
La Abuela, sin embargo, no se dejó intimidar.
Con su voz clara y fuerte, respondió: “¡No soy una amenaza, soy la voz de la razón! ¡Es hora de que la verdad salga a la luz!” Sus palabras resonaron en el corazón de algunos, pero la mayoría seguía alineada con La Liendra.
La competencia continuó, y cada ronda traía consigo nuevas sorpresas.
La Liendra parecía imbatible, pero algo en el aire comenzaba a cambiar.
La gente estaba cansada de su egocentrismo y de su actitud prepotente.
Los murmullos en la multitud se convertían en gritos de protesta.
Finalmente, llegó el momento de la eliminación.
Los concursantes se alinearon en el escenario, y el presentador anunció: “¡Es hora de saber quién se va!” La tensión era palpable, y todos contenían la respiración.
La Liendra sonreía, confiado, mientras La Abuela miraba con determinación.
Cuando el presentador comenzó a leer los nombres, la multitud estalló en vítores y abucheos.
“¡Fuera la Liendra! ¡Fuera la Abuela!” resonaban en el aire.
Pero, para sorpresa de todos, el nombre que salió fue el de Orejón.
La multitud se dividió entre risas y llantos, mientras Orejón se retiraba, dejando un vacío en el escenario.
La tensión seguía creciendo.
La Liendra, sintiéndose aún más seguro, comenzó a burlarse de La Abuela.
“¿Ves? ¡Yo soy el rey aquí! Nadie puede tocarme”, decía con una sonrisa burlona.
Pero, en su interior, sentía que la marea estaba cambiando.
Mientras tanto, La Abuela se mantenía firme.
Sabía que su momento estaba por llegar.
La siguiente ronda trajo consigo un desafío inesperado: los concursantes debían trabajar en parejas.
La Liendra eligió a un competidor que había sido su aliado, pero La Abuela decidió formar equipo con alguien inesperado, un joven que había sido subestimado por todos.
A medida que avanzaban en la competencia, La Abuela y su compañero comenzaron a destacar.
Su estrategia era clara: trabajar en equipo y apoyarse mutuamente.
Mientras tanto, La Liendra se encontraba luchando solo, ya que su compañero no estaba dispuesto a soportar su arrogancia.
La tensión aumentaba, y la gente comenzó a notar el cambio.
La Abuela estaba ganando simpatías, mientras que La Liendra se aislaba cada vez más.
En un giro inesperado, La Abuela y su compañero lograron ganar la ronda, lo que dejó a todos boquiabiertos.
El momento culminante llegó cuando el presentador anunció la eliminación final.
La multitud estaba al borde de sus asientos, y los gritos resonaban en el aire.
“¡Fuera la Liendra! ¡Fuera la Abuela!” se escuchaba en todas partes.
Finalmente, el nombre que salió fue el de La Liendra.
La multitud estalló en vítores, mientras él se quedaba atónito.
“¿Cómo es posible?”, murmuró, mientras La Abuela sonreía con satisfacción.
La competencia había cambiado para siempre.
La Liendra, quien una vez se creyó intocable, había caído del pedestal.
La Abuela, con su sabiduría y determinación, había demostrado que la verdad siempre prevalece.
Esa noche, el pueblo de San Martín celebró la victoria de La Abuela.
La gente comprendió que el egocentrismo no tiene cabida en un lugar donde la humildad y el trabajo en equipo son valorados.
Así, La Abuela se convirtió en un símbolo de esperanza y resistencia, recordando a todos que, a veces, los favoritos pueden caer, y los verdaderos héroes emergen de las sombras.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.