La Última Corazonada: La Madre de Yeison Jiménez Revela el Horror Previo a la Tragedia

Colombia está de luto.
El 10 de enero de 2026, la voz del “Aventurero” se apagó para siempre.
Yeison Jiménez, el querido cantante, perdió la vida en un trágico accidente aéreo.
Pero lo que muchos no saben es que su madre, Luz Mery Galeano, había sentido el peligro antes de que ocurriera la tragedia.
“Mi hijo tenía apenas 34 años,” comenzó Luz Mery, con la voz entrecortada.
“Una carrera hermosa, un público que lo amaba y muchos sueños por cumplir.”
Sin embargo, desde hacía un tiempo, algo en su corazón le decía que algo no estaba bien.
“Yeison me había contado que había soñado varias veces con un accidente aéreo,” reveló, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos.
“Él se veía morir, incluso se veía en las noticias después de la tragedia.”
Aunque trataba de decirlo como si fuera solo un miedo pasajero, Luz Mery sabía que esos sueños no eran casualidad.
“Cada vez que iba a viajar, especialmente en avioneta, sentía una angustia en el pecho,” continuó, recordando esos momentos desgarradores.
“Y se lo decía: ‘Hijo, ten cuidado, algo no me gusta.’”
Yeison la escuchaba, la abrazaba, intentaba tranquilizarla, pero ese presentimiento nunca se fue.
El día del accidente, Yeison volaba con su mánager y su equipo, rumbo a cumplir compromisos de trabajo.
“Como siempre, con responsabilidad y amor por su música, sin imaginar que ese viaje sería el último,” recordó Luz Mery, sintiendo que el dolor la atravesaba.
Cuando la noticia llegó, fue como si el tiempo se detuviera.
“Era como si todo lo que él había soñado y que yo había temido se hubiera convertido en realidad,” dijo, su voz quebrándose.

“Yeison no solo era un artista; era un hijo sensible, un hombre que hablaba de la muerte con respeto.”
Antes de muchos vuelos, Yeison la llamaba solo para escuchar su voz, como buscando protección.
“Hoy las autoridades investigan qué pasó,” continuó Luz Mery, sintiendo que la tristeza la envolvía.
“Pero en mi corazón queda la certeza de que algo lo estaba anunciando, que mi hijo, de alguna manera, sintió su final antes de que llegara.”
Como madre, hizo lo único que pudo: alertarlo, amarlo y acompañarlo hasta el último momento.
Desde muy joven, Yeison entendió que la música popular no era solo cantar; era contar verdades.
“Por eso logró conectar con tanta gente que se vio reflejada en sus letras, en su voz rasgada,” recordó su madre, sintiendo el orgullo y el dolor al mismo tiempo.
“A mí siempre me decían que Yeison no se parecía a nadie, que tenía carácter, valentía y una forma muy suya de enfrentar la vida.”
Lo veía cada vez que subía a una tarima.
“No iba a lucirse, iba a entregarse.”
Luz Mery recordó con claridad cuando Yeison comenzó a abrirse camino con esfuerzo.

“Grababa sus primeras canciones sin saber si algún día serían escuchadas.”
“Te deseo lo mejor” fue solo el inicio de un camino construido a pulso, disco tras disco, aprendiendo, cayéndose y volviéndose a levantar.
“Yo lo vi crecer musicalmente, pasar de cantar en lugares pequeños a llenar escenarios que jamás imaginó,” dijo, su voz llena de emoción.
“Siempre con los pies en la tierra y el corazón agradecido.”
Cuando lanzó “Mi promesa” y logró llenar el estadio El Campín, Luz Mery supo que ese niño de pueblo había hecho historia.
“No solo para él, sino para un género que durante años fue subestimado.”
La música de Yeison no solo era un arte; era un camino de vida, una forma de expresar su alma.
“Él conectaba con la gente de una manera única, y eso lo hacía especial,” reflexionó su madre, sintiendo que el legado de su hijo era eterno.
“Siempre decía que la música era su vida, y que debía vivirla intensamente.”
Pero en el fondo, Luz Mery sabía que había algo más.
“Los sueños premonitorios lo atormentaban, y yo no podía hacer nada para evitarlo,” confesó, sintiendo que la culpa la consumía.
“¿Por qué no lo escuché más? ¿Por qué no lo protegí mejor?” se preguntaba, sintiendo que el dolor la envolvía.
Yeison había sido un hombre valiente, pero también vulnerable.
“Siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás, a dar su apoyo incondicional,” recordó su madre, mientras las lágrimas caían.
“Papá me enseñó que la música era un lenguaje universal, y que debíamos usarla para unir a las personas.”
La revelación de Luz Mery resonó en el corazón de muchos.
“Él no era solo un artista; era un ser humano que sentía, amaba y sufría como todos nosotros.”
La noticia de su muerte sacudió a la nación, y Luz Mery se convirtió en la voz de aquellos que no podían hablar.
“Yeison merece justicia, y su historia debe ser contada,” dijo, sintiendo que la verdad debía salir a la luz.
La investigación sobre el accidente comenzó, y Luz Mery se sintió atrapada en una pesadilla.
“¿Por qué no se escucharon sus advertencias?” se preguntaba, sintiendo que la culpa la consumía.
“Hoy, quiero que el mundo sepa que Yeison no estaba solo, que siempre luchó por ser escuchado.”
La vida de Yeison Jiménez había sido un viaje lleno de emociones, y su final sería un recordatorio de la fragilidad de la vida.

“Hoy, la verdad siempre encontrará su camino,” reflexionó Luz Mery, sintiendo que la historia estaba de su lado.
“Hoy, finalmente, el pueblo de Colombia tiene una voz.”
La historia de Yeison no se acabaría con su muerte; al contrario, sería un nuevo comienzo.
“Hoy, celebramos su vida, y con ella, la esperanza de un futuro mejor.”
En la memoria de todos, Yeison Jiménez seguiría vivo, no solo como un cantante, sino como un símbolo de esperanza y perseverancia.
“Descansa en paz, querido hijo,” susurró Luz Mery, sintiendo que el legado de Yeison perduraría por siempre.
La tragedia había dejado cicatrices, pero también había unido a la comunidad.
“Yeison nos enseñó a amar, a vivir intensamente,” pensó su madre, sintiendo que el legado del cantante perduraría.
“Hoy, su voz será recordada, y su legado vivirá en cada rincón de Colombia.”
La historia de Yeison Jiménez no solo era una de éxito, sino también de lucha y resistencia.
“Hoy, su voz será recordada, y su legado vivirá en cada rincón de Colombia,” reflexionó Luz Mery, sintiendo que la verdad debía ser contada.
“Siempre estarás en nuestros corazones, Yeison.”