“Los Iracundos: La Historia Trágica y Legendaria de una Banda Inolvidable”
La música tiene el poder de trascender el tiempo y el espacio, y pocas bandas han logrado capturar los corazones de generaciones como lo hizo Los Iracundos.
Originarios de un pequeño pueblo rural en Uruguay, esta agrupación marcó un antes y un después en la música romántica latinoamericana.
Sin embargo, detrás de sus inolvidables éxitos, se esconde una historia de gloria, tragedia y pérdida que pocos conocen.
Los Iracundos nacieron en 1958, en Paysandú, Uruguay, cuando seis jóvenes adolescentes decidieron formar una banda.
En sus inicios, se llamaron “Brookings”, un nombre que reflejaba su influencia anglosajona.
Sin embargo, un profesor amigo les sugirió cambiar el nombre a algo más cercano, más nuestro, y así nació el nombre que los llevaría a la fama: Los Iracundos.
Los fundadores de la banda fueron seis jóvenes llenos de sueños y talento: Eduardo Franco, Leonardo Franco, Juan Bosco Sábalo, Jesús-María Febrero, Juan Carlos Velásquez y Hugo Burgueño.
Cada uno de ellos aportó algo único al grupo, y juntos crearon una química musical que los llevaría a conquistar América Latina.
Eduardo Franco, conocido como “Ungar”, fue la voz principal y el compositor de los temas más exitosos de la banda.
Canciones como “Puerto Montt”, “Te lo Pido de Rodillas” y “Va Cayendo una Lágrima” se convirtieron en clásicos que aún resuenan en emisoras románticas y reuniones familiares.
Sin embargo, la vida de Eduardo fue trágicamente breve.
En 1989, a los 43 años, falleció víctima de un cáncer en los ganglios linfáticos, dejando un vacío irreparable en la banda y en el corazón de sus seguidores.
Leonardo Franco, conocido como “León”, era el hermano de Eduardo y tocaba la primera guitarra.
Su talento y carisma lo convirtieron en una figura clave dentro de la banda.
Tras la muerte de su hermano, Leonardo continuó con la agrupación, pero el peso de las pérdidas fue demasiado.
En 2015, a los 73 años, falleció, dejando un legado imborrable en la historia de Los Iracundos.
Juan Bosco Sábalo, conocido como “Bosco”, era el encargado de la segunda guitarra.
Su estilo único y su pasión por la música lo hicieron destacar dentro del grupo.
Sin embargo, al igual que sus compañeros, su vida terminó de manera prematura.
En 1992, a los 48 años, falleció, dejando atrás recuerdos imborrables y una carrera que aún tenía mucho por dar.
Jesús-María Febrero, conocido como “Cerebro”, era el tecladista de la banda.
Su habilidad para crear melodías inolvidables lo convirtió en una pieza fundamental de Los Iracundos.
En 2003, a los 60 años, falleció, sumándose a la lista de pérdidas que marcaron la historia de la agrupación.
Juan Carlos Velásquez, conocido como “Juan”, fue el baterista original de Los Iracundos.
Su energía y ritmo dieron vida a muchas de las canciones que hoy son consideradas himnos románticos.
Lamentablemente, en 2023, a los 80 años, falleció en Ecuador debido a una aneurisma, dejando como legado su contribución a la música latinoamericana.
De los seis fundadores originales, solo queda con vida Hugo Burgueño, conocido como “Burgués”.
Además de tocar el bajo eléctrico y realizar coros, Hugo fue el compositor de muchas de las canciones de la banda.
Hoy, a sus 80 años, es el único sobreviviente de una era dorada que marcó a millones de personas.
Tras la muerte de Eduardo Franco en 1989, la banda continuó con otros cantantes, intentando mantener vivo el legado de Los Iracundos.
Sin embargo, con el paso del tiempo, surgieron varias agrupaciones que se presentaban bajo el mismo nombre, imitando su estilo, pero sin la esencia original que los hizo únicos.
La música de Los Iracundos sigue viva en los corazones de quienes crecieron escuchando sus canciones.
Temas como “Tú con Él”, “Apróntate a Vivir” y “El Triunfador” son clásicos que continúan formando parte de la banda sonora de la vida de muchas personas.
La historia de Los Iracundos es un recordatorio de la fragilidad de la vida y de cómo, a pesar de las pérdidas, el arte tiene el poder de trascender el tiempo.
Cada uno de sus integrantes dejó una huella imborrable en la música, y su legado seguirá vivo mientras haya alguien dispuesto a escuchar sus canciones.
Hoy, mientras recordamos a Juan Carlos Velásquez y a los demás miembros que ya no están con nosotros, no podemos evitar sentir gratitud por la música que nos regalaron.
Ellos nos enseñaron que, aunque el tiempo es imparable y la vida es efímera, las canciones pueden acompañarnos para siempre, hasta que también emprendamos nuestro propio viaje final.
Gracias, Los Iracundos, por la música, los recuerdos y las emociones que nos dejaron.
Su legado vivirá eternamente en los corazones de quienes los amaron y en las voces de quienes seguirán cantando sus canciones.
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