Mi nombre es Gabriela Ferretti, tengo 68 años y durante 15 años fui vecina de Carlo Acutis en Milán, Italia.

Hoy necesito compartir algo que me ha perseguido desde octubre de 2006, una conversación que tuve con Carlo cuando él tenía apenas 6 años.
Una conversación en la que me predijo exactamente cómo y cuándo iba a morir y cómo después de su muerte el mundo entero conocería su nombre.
Era marzo de 1997.
Yo estaba regando mis plantas en el balcón cuando Carlos salió al suyo.
Él era un niño hermoso, de ojos profundos y sonrisa tímida, pero había algo en su mirada que siempre me inquietaba, una sabiduría que no correspondía a su edad.
Señora Gabriela, me llamó con esa vocecita aguda.
¿Usted cree que los niños pueden ser santos? Le respondí que sí, claro.
Muchos santos habían muerto jóvenes.
Lo que dijo después me heló la sangre.
Yo voy a ser santo, ¿sabe? Dijo con naturalidad, pero primero voy a morirme cuando tenga 15 años.
Va a ser en octubre y va a ser de una enfermedad en la sangre.
Me va a doler mucho, pero voy a estar feliz porque voy a ir con Jesús.
Me reí nerviosamente pensando que era imaginación infantil.
“Carlo, no digas esas cosas, vas a vivir muchos años”, le respondí.
Él negó con la cabeza lentamente.
No, señora.
Dios ya me lo mostró, pero no esté triste.
Después de que me muera, voy a ayudar a mucha gente desde el cielo.
Van a poner mi foto en iglesias de todo el mundo y usted va a contar esta historia cuando yo ya no esté aquí.
9 años después, en octubre de 2006, Carlo Acutis murió exactamente como lo había predicho.
Leucemia, fulminante.
Tenía 15 años.
Murió el 12 de octubre.
Hoy, mientras el mundo se prepara para su canonización en 2025, yo cumplo la promesa que le hice contar su historia desde el principio, desde el día que conocí a este niño extraordinario.
En mayo de 1994, yo tenía 37 años cuando me mudé al edificio de Vía Alesandro Volta número 28 en el corazón de Milán.
Había vivido toda mi vida en Nápoles trabajando como maestra de primaria, pero decidí mudarme al norte para estar cerca de mi hija que estudiaba en la Universidad de Milán.
El apartamento que compré estaba en el tercer piso, justo debajo del apartamento de la familia Cutis en el cuarto piso.
Era un edificio elegante en un barrio tranquilo, perfecto para empezar esta nueva etapa de mi vida.
La primera vez que vi a Carlo fue una tarde soleada de finales de mayo.
Yo organizaba mis plantas en el balcón.
cuando escuché una vocecita arriba.
Mamá, mira, tenemos una vecina nueva.
Levanté la vista y vi a un niño pequeño de apenas 3 años asomándose por el balcón superior.
Sus enormes ojos oscuros me miraron con una intensidad sorprendente.
No era la curiosidad infantil normal que había visto en miles de niños durante mis años de enseñanza.
Era algo más profundo, más penetrante.
Bonjor, no.
Le saludé con una sonrisa amable.
Él me devolvió la sonrisa y dijo con perfecta claridad, articulando cada palabra como un niño mucho mayor.
Buorno, señora.
Yo soy Carlo.
¿Usted ama a Jesús? Me quedé completamente atónita.
En todos mis años trabajando con niños pequeños, nunca había escuchado a uno de tres años hacer una pregunta así, como primera pregunta a un extraño.
Antes de que pudiera responder, apareció su madre, Antonia Salzano, una mujer elegante, de aproximadamente mi edad, con expresión ligeramente avergonzada.
Perdone, señora.
Mi hijo Carlo tiene obsesiones particulares con temas religiosos.
Dijo tímidamente mientras sujetaba a Carlo con suavidad.
No se preocupen absoluto, respondí sonriendo.
Es absolutamente encantador.
Yo soy Gabriela Ferretti.
Acabo de mudarme aquí.
Así comenzó una amistad que cambiaría mi vida para siempre.
En las semanas siguientes establecí una relación cercana con Antonia y con el pequeño Carlos.
Descubrí que la familia Cutis era acomodada.
Andrea Cutis trabajaba en el sector de seguros y Antonia había estudiado edición.
Pero lo que más me llamó la atención, incluso desde esos primeros días, fue la extraordinaria devoción religiosa de Carlo.
No era solo que le gustara ir a la iglesia, era una pasión que consumía sus pensamientos y conversaciones constantemente.
Una tarde de junio, mientras Antonia y yo tomábamos café en mi cocina, ella me confesó algo que claramente la tenía preocupada.
Gabriela, ni Andrea ni yo somos particularmente religiosos.
Yo fui bautizada y confirmada como la mayoría de los italianos, pero antes de que naciera Carl había ido a misa tal vez tres veces en mi vida adulta.
Mi primera comunión cuando era niña, mi confirmación de adolescente y mi boda.
No soy atea, pero tampoco soy practicante.
Andrea es igual.
Entonces, no entiendo de dónde sacó Carlo esta pasión tan intensa por la fe.
Le expliqué que en todos mis años trabajando con niños había visto algunos casos de niños naturalmente religiosos, pero admití que nunca había visto algo tan marcado en uno tan pequeño.
Carlo no solo pedía ir a misa constantemente, sino que hacía preguntas teológicas profundas que Antonia no sabía responder.
Fue todos entonces cuando comenzaron a suceder las cosas verdaderamente inexplicables.
La primera ocurrió en junio de 1995 cuando Carlo tenía exactamente 4 años y un mes.
Yo estaba en mi balcón esa tarde disfrutando del cálido solano milanés cuando escuché a Carlo llamarme desde el balcón superior.
“Señora Gabriela, ¿usted conoce a San Francisco de Asís?” Le respondí que sí, por supuesto.
Todos los italianos conocíamos a San Francisco, el santo de Asís.
Lo que dijo después me dejó completamente congelada.
Él me habló anoche mientras dormía.
dijo con la naturalidad absoluta con la que un niño hablaría de un sueño ordinario.
Me dijo que yo también voy a amar mucho a los pobres como él lo hacía y que voy a irme al cielo cuando sea todavía joven, como San Tarcicio.
Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.
Le pregunté quién era San Tarcisio porque honestamente no lo sabía.
Era un niño mártir que murió defendiendo la Eucaristía cuando tenía como 12 años, explicó Carlo con una seriedad.
completamente impropia de su edad.
Los romanos lo apedrearon hasta matarlo porque no quiso entregarles el cuerpo de Cristo.
Bajé inmediatamente al apartamento de Antonia y le conté palabra por palabra lo que Carlo me había dicho.
Vi su rostro palidecer completamente.
Gabriela me susurró llevándome rápidamente a su cocina para que Carlo no nos escuchara desde su habitación.
Nunca, y digo nunca, le hemos hablado de Santarcisio.
Ni siquiera yo sabía quién era hasta que Carlo empezó a mencionarlo hace aproximadamente dos semanas.
Cuando busqué información en la biblioteca, descubrí exactamente lo que él me había contado, un niño mártir del siglo tercero.
Nos quedamos las dos sentadas en silencio por varios minutos, procesando lo completamente imposible de la situación.
¿Cómo podía un niño de 4 años conocer detalles históricos? precisos de santos oscuros que absolutamente nadie le había enseñado.
Esa tarde buscamos juntas en la enciclopedia católica que Antonia había comprado después de que Carlo empezara con estas cosas.
Todo lo que Carlo había dicho era exactamente correcto.
Santarcisio murió joven aproximadamente a los 12 años.
Fue martirizado mientras protegía la sagrada eucaristía de profanación y los historiadores católicos lo consideraban el santo patrono de los monaguillos y de los niños que sirven en la iglesia.
“Hay algo en mi hijo que no puedo explicar”, me dijo Antonia con lágrimas rodando por sus mejillas.
“A veces me asusta un poco, Gabriela.
A veces me pregunto si es normal o si debería llevarlo con un psicólogo infantil.
Le aconsejé que esperara un poco más antes de tomar medidas drásticas, pero que definitivamente mantuviera atención a cualquier comportamiento extraño.
Los meses siguientes trajeron más y más eventos completamente inexplicables.
Carlo hablaba constantemente de santos que nadie le había mencionado jamás.
Santo Domingo Sabio, San Luis Gonzaga, Santa Jacinta Marto de Fátima.
describía detalles específicos de sus vidas, sus virtudes, sus sacrificios con una precisión que era absolutamente asombrosa para su edad.
Pero lo más perturbador de todo era que Carlo parecía tener algún tipo de conocimiento profético de cosas que no había forma humana de que supiera.
En septiembre de 1995, pocos días antes de que comenzara su primer año de escuela, primaria en el Instituto Marceline Tomaseo, Carlos me dijo algo que me eló la sangre hasta los huesos.
Yo estaba en mi balcón cuando él salió al suyo con su mochila nueva y brillante.
Señora Gabriela me llamó con esa voz aguda, pero sorprendentemente clara.
Mi nueva maestra se va a llamar señora Benedetta.
Ella está está muy triste en su corazón porque su esposo está muy enfermo con cáncer, pero él se va a poner mejor si ella empieza a rezar el rosario todos los días.
Mi ángel de la guarda me lo dijo anoche.
Le pregunté tratando de mantener mi voz calmada, ¿cómo sabía el nombre de su maestra si aún no había empezado las clases? Me lo dijo mi ángel de la guarda noche mientras yo dormía, respondió con total naturalidad, como si hablar con ángeles fuera la cosa más normal del mundo.
Al día siguiente, cuando Carlos regresó de su primer día de escuela, confirmó que efectivamente su maestra se llamaba Benedetta.
Dos semanas después, Antonia me contó algo aún más perturbador y sorprendente.
La maestra Benedetta se había acercado a ella después de clase, visiblemente emocionada y muy confundida.
Señora Cutis, le había dicho con voz temblorosa, su hijo Carlo hizo algo muy extraño hoy durante el recreo.
Se me acercó, me tomó de la mano, me miró a los ojos y me dijo, “Maestra, no esté triste por su esposo enfermo.
Si reza el rosario todos los días con fe, él va a mejorar mucho.
Dios me lo prometió.
” Señora Cutis, absolutamente nadie en esta escuela sabe que mi esposo tiene cáncer de páncreas en etapa avanzada.
Nadie.
Ni siquiera se lo he contado a la directora porque no quiero que me traten diferente.
¿Cómo supo su hijo? Antonia no supo que responder.
¿Cómo explicar racionalmente que su hijo de 4 años sabía cosas que humanamente no podía saber? La maestra Benedetta, que hasta ese momento no era particularmente religiosa, según me contó después, comenzó a rezar el rosario diariamente con fe renovada.
Tres meses después, en diciembre de 1995, los médicos del Hospital San Rafaele confirmaron algo médicamente inexplicable.
El cáncer de su esposo había entrado en remisión completa, sin explicación científica clara.
Los oncólogos estaban desconcertados porque el tipo de cáncer que él tenía raramente entraba en remisión espontánea.
Benedetta estaba absolutamente convencida de que había sido un milagro directo resultado de las oraciones que Carlos le había sugerido hacer.
Esa fue solamente la primera de muchísimas coincidencias completamente imposibles que rodearon la vida de Carlo Acutis durante los años siguientes.
En marzo de 196, cuando Carlo tenía 5 años recién cumplidos, los eventos sobrenaturales se intensificaron dramáticamente en frecuencia y en intensidad.
Una noche que nunca olvidaré, alrededor de las 2:30 de la madrugada me desperté escuchando un canto hermosísimo que parecía venir del cielo mismo.
Al principio pensé confusamente que era la radio o tal vez la televisión de algún vecino, pero el sonido era demasiado hermoso, demasiado etéreo, demasiado puro para hacer algo grabado.
Parecía provenir del apartamento de arriba, del apartamento de los acutis.
Me levanté de la cama, me puse mi bata y salí silenciosamente a mi balcón.
La ventana de la habitación de Carlo estaba ligeramente entreabierta y había una luz extraña, completamente antinatural, brillando desde adentro de su cuarto.
No era la luz amarilla artificial de una lámpara eléctrica, era una luz dorada, casi plateada que pulsaba suave y rítmicamente como si estuviera viva.
Con el corazón latiéndome fuertemente, me asomé con mucho cuidado tratando de no hacer ruido, y lo que vi dejó literalmente sin aliento, paralizada de asombro y también de un poco de miedo.
Carlo estaba arrodillado en el suelo frente a su pequeño altar casero que tenía montado, un crucifijo de madera, una imagen hermosa de la Virgen María y algunas estampitas de santos.
Pero el niño definitivamente no estaba solo en esa habitación.
A su alrededor había lo que solo puedo describir como presencias angelicales.
Eran formas vagamente humanas, pero translúcidas, luminosas, que se movían lenta y grácilmente alrededor de él.
Parecían figuras humanas adultas, pero hechas completamente de esa luz dorada y plateada que llenaba toda la lavitación.
El canto celestial provenía directamente de esas presencias.
Era un canto en latín, aunque en ese momento yo no podía identificar el idioma.
Carlo hablaba con ellas con total naturalidad y familiaridad, exactamente como si conversara con amigos cercanos de la escuela.
“Sí, yo lo entiendo perfectamente.
” Le escuché decir con su vocecita infantil, pero con un tono de madurez sorprendente.
Voy a sufrir mucho cuando llegue el momento, pero va a ser solamente por un tiempo muy corto y después voy a estar con ustedes en el cielo para toda la eternidad.
Las figuras luminosas parecían asentir con sus cabezas translúcidas.
Una de ellas extendió lo que claramente parecía ser una mano brillante y tocó suavemente la cabeza de Carlo en un gesto de bendición o consuelo.
El niño cerró sus ojos y sonrió con una expresión de paz tan absoluta y profunda que me hizo llorar.
Me quedé completamente paralizada en mi balcón, sin atreverme siquiera a respirar fuerte, sin poder procesar mentalmente lo que mis ojos estaban presenciando.
El canto angelical continuó por aproximadamente 5 minutos más.
Después, las figuras luminosas comenzaron a desvanecerse muy gradualmente, como humo delgado que se disipa en el aire.
La luz dorada y plateada se apagó lentamente, suavemente, y la habitación de Carlo volvió a la oscuridad normal de la noche.
Carlos simplemente se levantó del suelo con movimientos tranquilos, se acostó en su cama pequeña y se durmió profundamente como si absolutamente nada extraordinario o sobrenatural hubiera ocurrido.
Yo me quedé temblando violentamente en mi balcón por casi una hora completa, tratando desesperadamente de convencerme a mí misma de que todo había sido un sueño muy vívido, una alucinación causada por el sueño, pero sabía en lo profundo de mi corazón que había sido completamente real.
A la mañana siguiente, apenas salió el sol, no pude resistir más.
Bajé al apartamento de los Acutis y le pedí a Antonia que por favor habláramos en completa privacidad.
Le conté exactamente, palabra por palabra, lo que había visto durante la madrugada.
Esperaba honestamente que me dijera que yo estaba loca, que había sido mi imaginación, que tal vez debería consultar con un médico, pero Antonia literalmente rompió en llanto desconsolado.
Gabriela me dijo entre soyosos profundos, esto ha estado pasando desde que Carlo tenía apenas 3 años.
Al principio yo pensé que eran pesadillas infantiles normales o que el niño simplemente tenía demasiada imaginación activa.
Pero después he entrado silenciosamente a su habitación durante la noche en múltiples ocasiones y he visto exactamente la misma luz dorada que tú describes.
He escuchado los cantos celestiales con mis propios oídos.
Una vez, cuando Carlo tenía exactamente 4 años, yo vi las sombras luminosas, las figuras angelicales con mis propios ojos, tal como tú las viste anoche.
Me sirvió café con manos que temblaban visiblemente.
Estaba tan aterrada que consulté con un psicólogo infantil muy recomendado, pensando que tal vez Carlo tenía alucinaciones o algún desorden mental.
Le hicieron todos los exámenes psicológicos posibles.
Todos los resultados salieron perfectamente normales.
El psicólogo me dijo que Carlo era literalmente uno de los niños más equilibrados y mentalmente sanos que había evaluado profesionalmente en toda su carrera.
Me contó que no se lo había contado a Andrea, su esposo, porque tenía miedo de que pensara que su hijo necesitaba medicación psiquiátrica fuerte.
En junio de 1996 ocurrió otro evento dramático que confirmó definitivamente que Carlo tenía algún tipo de conocimiento sobrenatural o profético.
Yo estaba haciendo compras en el mercado local cuando me encontré inesperadamente con Antonia, que estaba visiblemente muy agitada.
me agarró del brazo y me llevó casi corriendo a un café cercano.
Me contó que esa mañana, durante un desayuno completamente normal, Carlo había dejado su tazón de cereal a medio comer y la había mirado con una seriedad absoluta.
Mamá, le había dicho.
El abuelo Antonio está muy enfermo del corazón ahora mismo.
Tienes que llamar a la abuela Rosa inmediatamente y decirle que lo lleve al hospital de urgencia.
Tiene algo muy malo bloqueando su corazón.
Mi ángel de la guarda me despertó anoche específicamente para decirme esto.
Antonia se había quedado completamente congelada.
Su padre, Antonio Salzano, vivía en Campaña a más de 700 km de distancia.
Ella había hablado con él por teléfono apenas dos días antes y él estaba perfectamente bien, sin ningún síntoma.
¿Cómo sabes eso, Carlo? le había preguntado.
Me lo dijo mi ángel de la guarda anoche.
Dijo que si no lo operan de emergencia hoy o mañana como máximo, se va a morir muy pronto del corazón.
Los médicos después descubrieron que Antonio tenía una arteria coronaria 95% bloqueada y estaba literalmente al borde de un infarto masivo fatal.
Lo operaron esa misma tarde salvándole la vida.
Después de ese incidente con el abuelo de Carlo, tanto Antonia como yo, comprendimos definitivamente que no estábamos lidiando con un niño común.
Carlo tenía algún tipo de conexión directa con lo divino que ninguna de nosotras podía comprender completamente con nuestra lógica humana.
Los siguientes meses trajeron más y más coincidencias que desafiaban toda explicación racional.
Carlo predijo que nuestra vecina del segundo piso, la señora Rossy, estaba embarazada tres semanas antes de que ella misma lo descubriera.
Predijo que el hijo adolescente del portero del edificio, que había estado desaparecido durante dos semanas preocupantes, volvería a casa completamente sano y salvo exactamente el viernes por la tarde a las 5.
Y efectivamente regresó ese día exacto a esa hora exacta.
predijo que habría un pequeño incendio en el apartamento del quinto piso el martes siguiente y así sucedió, aunque afortunadamente sin víctimas, cada predicción se cumplía con precisión aterradora, pero todas estas predicciones sorprendentes no se comparaban en absoluto con lo que Carlo me reveló personalmente en marzo de 1997, en esa conversación que mencioné al principio de este testimonio.
Esta conversación que cambió mi vida.
Para siempre ocurrió un sábado tranquilo por la tarde.
Yo estaba en mi balcón regando mis geranios favoritos cuando Carlos salió al suyo con una expresión inusualmente seria y solemne para un niño de apenas 6 años.
Señora Gabriela me llamó con un tono que inmediatamente capturó toda mi atención.
Necesito decirle algo muy importante, algo que usted tiene que recordar para siempre.
Su tono era tan grave y solemne que inmediatamente dejé mi regadera y le presté toda mi atención completa.
¿Qué pasa, Carlos? Le pregunté sintiendo un nudo formándose en mi estómago.
Él me miró directamente a los ojos con esos ojos profundos y oscuros que siempre me intimidaban un poco.
“Usted me preguntó hace unos días si los niños pueden llegar a ser santos”, comenzó con voz clara.
Sí, me acuerdo perfectamente de esa conversación, respondí, yo voy a ser santo, declaró con una convicción total y absoluta.
Pero no va a ser ahora mismo.
Primero tengo que hacer algo muy importante que Dios me ha encomendado.
Tengo que hablarle a todo el mundo sobre Jesús en la Eucaristía.
Voy a hacer un sitio web en la computadora sobre todos los milagros eucarísticos que han ocurrido en el mundo”, continuó Carlo con una claridad sorprendente.
“Me sorprendió enormemente que un niño de 6 años siquiera supiera que era un sitio web.
Estábamos en 1997 y las computadoras personales apenas estaban comenzando a popularizarse en los hogares italianos.
Muy pocos niños de su edad tenían algún conocimiento sobre internet o programación.
Después de que termine ese trabajo importante continuó Carlos sin pausa, cuando tenga exactamente 15 años voy a enfermarme gravemente.
Va a ser una enfermedad en la sangre que se llama leucemia.
Mi corazón literalmente se detuvo por un segundo.
Carl, por favor, ¿por qué dices esas cosas tan terribles? Le pregunté con voz temblorosa, sintiendo lágrimas formándose en mis ojos.
Porque Dios me lo mostró claramente, señora”, respondió con absoluta tranquilidad.
Anoche vino Jesús personalmente a mi habitación.
No fue un sueño normal, señora Gabriela.
Él estaba realmente aquí, físicamente presente, me tocó la cabeza con su mano y me mostró visualmente todo mi futuro completo, desde ahora hasta mi muerte.
Las lágrimas comenzaron a correr libremente por mis mejillas mientras escuchaba sus palabras imposibles.
Vi claramente que voy a morirme en octubre del año 2006, continuó Carlo con esa misma calma sobrenatural.
Voy a tener exactamente 15 años de edad.
Me voy a enfermar de leucemia muy agresiva y voy a durar enfermo solamente un tiempo muy corto, como una semana aproximadamente.
Me va a doler muchísimo.
El dolor va a ser terrible, pero yo voy a ofrecer absolutamente todo ese sufrimiento por el Santo Padre, el Papa y por toda la Iglesia Católica Universal.
No podía creer lo que estaba escuchando.
Carlos, mi amor, no puedes saber esas cosas, le dije soyosando.
Absolutamente nadie sabe cuándo va a morir.
Esas son cosas que solo Dios sabe.
Él me sonrió con una sabiduría que parecía de alguien de 80 años de experiencia, no de un niño de apenas 6 años.
Pero yo sí lo sé, señora, porque Jesús mismo me lo mostró y está perfectamente bien así.
No tenga ningún miedo por mí.
Ahora yo voy a estar feliz cuando llegue ese momento, porque finalmente voy a estar con Jesús para toda la eternidad.
Se acercó más a la varanda de su balcón y bajó un poco la voz como compartiendo un secreto.
Después de que yo me muera, continuó con absoluta certeza.
Dios va a hacer muchísimos milagros extraordinarios a través de mi cuerpo y de mi intersión desde el cielo.
Mi fotografía va a estar colgada en iglesias de absolutamente todo el mundo.
Van a venir personas peregrinas de muchísimos países diferentes a rezar y pedir favores donde esté ubicada mi tumba.
hizo una pausa y me miró intensamente.
Y lo más importante de todo, señora Gabriela, es que usted específicamente tiene la misión de contar esta historia completa.
Cuando yo ya no esté aquí físicamente en la tierra, usted va a ser mi testigo principal de que yo ya sabía exactamente lo que iba a pasar.
Por eso le estoy diciendo absolutamente todo esto ahora con tanto detalle, para que cuando todo suceda exactamente como lo estoy prediciendo, usted sepa con total certeza que no fue ninguna casualidad ni coincidencia.
Fue el plan perfecto de Dios desde toda la eternidad.
Le pregunté con voz quebrada si su madre Antonia sabía todo esto.
No, todavía no respondió moviendo la cabeza.
Mamá se pone demasiado triste y llora mucho cuando yo hablo de mi muerte futura.
Pero usted es muy fuerte, señora Gabriela.
Usted puede guardar este secreto sagrado hasta que llegue el momento correcto de revelarlo.
Me quedé sola en mi balcón ese atardecer, completamente destrozada emocionalmente, viendo como Carlos regresaba tranquilamente a su apartamento como si acabara de hablar del clima.
Esa noche no pude dormir absolutamente nada.
Di vueltas y vueltas en mi cama durante horas interminables, tratando desesperadamente de procesar lo que había escuchado.
Era realmente posible que un niño de solamente 6 años supiera con exactitud matemática, cómo, cuándo y de qué iba a morir.
O era algún tipo de fantasía infantil mórbida que requería urgentemente intervención psicológica profesional.
Pero algo profundo en mi corazón, algo en mi intuición más básica, me decía con certeza absoluta que Carlo estaba diciendo la pura verdad.
Los años siguientes confirmaron una y otra vez que Carlo Acutis definitivamente no era un niño ordinario de ninguna manera.
En 1998, cuando cumplió 7 años, recibió su primera comunión en una ceremonia hermosa en el convento de Santrogo, Adnemus en Milán.
Antonia me contó con una mezcla de admiración y preocupación que desde ese día exacto, Carlo insistió absolutamente en asistir a misa diariamente, sin ninguna excepción y en pasar tiempo prolongado en adoración eucarística cada tarde.
Es como si la Eucaristía fuera literalmente el centro gravitacional de toda su existencia”, me dijo Antonia con asombro.
No puede pasar ni un solo día sin recibir la comunión.
Cuando estamos de vacaciones de verano y no hay ninguna iglesia católica cerca con misa diaria, él se pone genuinamente ansioso y angustiado.
Pero lo que más me impresionaba profundamente era la consistencia absoluta de Carlo.
A diferencia de otros niños y adolescentes que pasan por fases religiosas intensas que después se desvanecen con el tiempo, la devoción de Carlos solamente crecía y se profundizaba más con cada año que pasaba.
A los 9 años, en el año 2000, Carlo comenzó a aprender completamente por su cuenta sobre programación de computadoras y diseño web.
Un día le pedí curiosa que me explicara exactamente qué estaba haciendo y me mostró orgulloso un proyecto ambicioso que estaba desarrollando meticulosamente, un sitio web profesional sobre milagros eucarísticos documentados alrededor del mundo entero.
“¿Recuerda que le dije hace 3 años que iba a ser exactamente esto?”, me preguntó con una sonrisa tímida.
Yo recordaba perfectamente cada palabra.
Era exactamente precisamente lo que me había predicho en marzo de 1997.
Los años pasaron inexorablemente.
Carl creció y se transformó en un adolescente delgado, pero saludable, de ojos intensos y profundos, siempre con una computadora portátil bajo el brazo, siempre hablando apasionadamente de la Eucaristía.
Pero yo no podía dejar de pensar obsesivamente en su predicción de años atrás.
Estábamos ya en 2005.
Según lo que Carlos me había dicho con tanta certeza, en marzo de 1997 solamente le quedaba aproximadamente un año más de vida.
Cada vez que lo veía subir las escaleras del edificio con su pesada mochila del prestigioso Liceo Leone 13, mi corazón se comprimía dolorosamente, pensando que tal vez ese sería su último año de vida.
Intenté varias veces sacar cuidadosamente el tema, preguntarle indirectamente si todavía creía en lo que me había dicho siendo un niño pequeño, pero nunca encontraba el momento apropiado ni las palabras correctas.
¿Cómo preguntarle directamente a un adolescente de 14 años si todavía cree firmemente que va a morir en exactamente un año? En marzo de 2006, exactamente 9 años completos después de nuestra conversación profética en el balcón, Carlos vino a visitarme personalmente a mi apartamento.
Era un sábado tranquilo por la tarde y tocó mi puerta con expresión inusualmente seria.
“Señora Gabriela, ¿podemos hablar un momento en privado?”, me preguntó con tono solemne.
Me senté con él en mi pequeña sala y le serví limonada fresca casera.
Carlo me miró directamente con esos ojos profundos que ahora pertenecían a un joven casi adulto de 15 años, pero que conservaban exactamente la misma intensidad espiritual que tenían cuando era un niño pequeño.
Se acuerda perfectamente de nuestra conversación en el balcón cuando yo tenía exactamente 6 años, me preguntó directamente sin rodeos.
Sentí que mi corazón literalmente se detenía.
Sí, Carl, me acuerdo viívidamente de cada palabra que me dijiste ese día.
Respondí con voz temblorosa.
Quiero que sepa con absoluta certeza que todo, absolutamente todo lo que le dije ese día hace 9 años sigue siendo completamente verdad, dijo mirándome intensamente.
Ya falta muy poco tiempo, señora.
Este año 2006 va a pasar exactamente todo lo que le conté hace tantos años.
Las lágrimas comenzaron a correr incontrolablemente por mis mejillas.
Carlo, por favor, no hables así.
Eres tan joven, tan lleno de vida.
Tienes toda una vida hermosa por delante todavía.
Él tomó mis manos arrugadas con una ternura infinita que me partió el corazón.
Señora Gabriela, por favor no esté triste por mí.
Yo estoy genuinamente feliz y en paz.
He completado exitosamente mi misión principal.
Aquí en la tierra, el sitio web sobre los milagros eucarísticos está completamente terminado y ya está ayudando a miles de personas en todo el mundo a descubrir y comprender la presencia real de Jesús en la Eucaristía.
He recibido la comunión diariamente durante muchísimos años consecutivos.
He intentado vivir cada día amando a Dios con todo mi corazón y ayudando activamente a los pobres y necesitados.
Estoy completamente listo y preparado para lo que viene muy pronto.
Su paz era absolutamente desconcertante, casi antinatural.
Aquí estaba un joven de apenas 15 años hablándome tranquilamente de su muerte inminente, con más serenidad y aceptación que yo hablando del clima diario.
Cuando suceda todo, continuó Carlo con voz suave.
Mi mamá va a necesitar muchísimo apoyo emocional y espiritual.
Ella todavía no entiende ni acepta completamente lo que va a pasar muy pronto.
Por favor, esté muy cerca de ella.
Cuando llegue el momento correcto, cuéntele nuestra conversación detallada de hace 9 años.
Eso la va a ayudar enormemente a entender que todo esto fue cuidadosamente planeado por Dios desde toda la eternidad.
No fue ningún accidente trágico.
Le prometí solemnemente que así lo haría, aunque cada palabra me costaba un esfuerzo enorme pronunciar.
Y recuerde siempre, añadió Carlándose lentamente para irse.
Después de que yo me vaya al cielo, van a pasar muchísimas cosas extraordinarias y milagrosas.
Mi cuerpo físico no se va a corromper y descomponer normalmente como sucede con todos los cadáveres.
Dios va a preservarlo de manera sobrenatural.
Dios va a realizar milagros médicos documentados a través de mi intersión desde el cielo.
Y mi mamá va a tener dos bebés más, mellizos, exactamente como le predije hace muchos años que pasaría.
Absolutamente todo esto va a confirmar definitivamente que lo que viví no fue una vida ordinaria común.
sino una vida guiada total y completamente por la voluntad perfecta de Dios.
Salió de mi apartamento ese día, eh, dejándome completamente destrozada emocionalmente.
Durante los siguientes meses viví en un estado constante de ansiedad paralizante.
Cada vez que veía a Carlo en el edificio, me preguntaba con angustia si sería la última vez que lo vería vivo.
Cada vez que escuchaba pasos o la puerta del apartamento de arriba abrirse, contenía la respiración esperando escuchar malas noticias devastadoras.
El verano de 2006 pasó aparentemente normal.
Carlo disfrutó tranquilamente sus vacaciones de verano.
Pasó tiempo alegre con sus amigos del colegio.
Trabajó dedicadamente en actualizaciones y mejoras de su sitio web de milagros eucarísticos.
A principios de octubre yo estaba en un estado de nervios constantes e incontrolables.
Según su predicción precisa de 9 años atrás, octubre era el mes.
El lunes 2 de octubre de 2006 vi a Carlos salir normalmente del edificio para ir a la escuela como cualquier día completamente ordinario.
Se veía perfectamente sano, sonriente, absolutamente lleno de vida y energía juvenil.
Pero el martes 3 de octubre por la tarde escuché movimiento muy inusual y preocupante en el apartamento de arriba.
Voces claramente preocupadas, pasos apresurados yendo y viniendo.
Mi corazón comenzó a latir violentamente con fuerza.
Subí rápidamente las escaleras y toqué urgentemente la puerta de los acutis.
Antonia abrió inmediatamente con el rostro completamente pálido y los ojos rojos e hinchados de llorar.
Es Carlo, me dijo con voz quebrada y desesperada.
Tiene fiebre altísima que no baja y se siente extremadamente débil.
Lo estamos llevando de emergencia al hospital ahora mismo.
Vi a Carlos salir lentamente de su habitación, apoyándose pesadamente en su padre Andrea.
El joven que yo había visto perfectamente sano y sonriente apenas 24 horas antes, ahora se veía extremadamente débil, con ojeras profundísimas y la piel pálida como papel.
Pero cuando sus ojos me vieron parada en la puerta, me sonrió débilmente y me susurró.
con voz apenas audible.
Ya empezó, señora Gabriela.
Recuerde absolutamente todo lo que le dije.
Los siguientes días fueron una pesadilla indescriptible.
Carlo fue ingresado urgentemente en la clínica de Marchi en Milán, donde le hicieron rápidamente múltiples exámenes médicos exhaustivos.
El diagnóstico llegó con velocidad devastadora.
Leucemia promielocítica aguda tipo M3.
una de las formas más agresivas, fulminantes y mortales de cáncer de sangre que existen.
Los médicos le dieron a la familia Acutis las noticias terribles con rostros sombríos y profesionalmente compasivos.
Era un caso extremadamente avanzado que aparentemente había progresado a velocidad increíble e inusual.
Le daban solamente de vida, tal vez una semana como máximo.
Carlo fue trasladado inmediatamente al Hospital San Gerardo de Monza para tratamiento intensivo de emergencia.
Antonia estaba absolutamente destrozada, completamente rota.
Pasaba todas las noches enteras en el hospital sin dormir ni un minuto, aferrándose desesperadamente a cada momento precioso con su único hijo.
Yo la visitaba religiosamente todos los días llevándole comida casera, ropa limpia y palabras de consuelo que sonaban completamente huecas, incluso a mis propios oídos.
El viernes 6 de octubre, cuando visité a Carlo en su habitación del hospital, me impactó profundamente su actitud increíble.
A pesar del dolor físico obvio que estaba sufriendo intensamente, a pesar de todas las agujas, los tubos intravenosos, los monitores médicos conectados por todas partes a su cuerpo frágil, Carlo tenía una paz sobrenatural en su rostro que desafiaba completamente toda lógica humana normal.
Señora Gabriela me dijo con voz débil, pero sorprendentemente clara, por favor, no llore por mí.
Estoy ofreciendo voluntariamente todo este sufrimiento terrible por el Santo Padre y por toda la Iglesia Católica Universal.
Cada dolor, cada punzada tiene un propósito divino específico.
Siento la presencia física de Jesús conmigo constantemente todo el tiempo, especialmente durante las noches largas cuando el dolor se vuelve casi insoportable.
El martes 10 de octubre, Carlo pidió específicamente recibir la unción de los enfermos.
El padre Giovanni, que había sido su confesor espiritual durante muchos años, vino solemnemente al hospital.
Cuando terminó de administrar el sacramento, el sacerdote salió de la habitación con lágrimas corriendo libremente por sus mejillas.
“Ese joven es un santo viviente”, me dijo con voz quebrada.
Esa misma tarde del martes, Carlo pidió específicamente que Antonia me llamara urgentemente al hospital.
Cuando llegué a su habitación, él estaba extremadamente débil, pero todavía completamente lúcido mentalmente.
Me hizo una seña débil para que me acercara mucho a su cama.
Señora Gabriela susurró tomando mi mano con la poca fuerza que le quedaba.
Quiero que sepa que absolutamente todo lo que le dije cuando tenía 6 años se está cumpliendo exactamente, palabra por palabra, como Dios me lo mostró.
Mañana miércoles voy a andar, voy a entrar en coma profundo y pasado mañana jueves, el 12 de octubre voy a ir finalmente con Jesús al cielo.
No tenga absolutamente ningún miedo y por favor no permita que mi mamá pierda su fe en Dios.
Todo esto tiene un propósito hermoso y divino que ella vas a entender completamente con el tiempo.
Sus palabras fueron proféticas con precisión aterradora.
El miércoles 11 de octubre de 2006, aproximadamente a las 3 de la tarde, Carlo entró en coma irreversible debido a una hemorragia cerebral masiva causada por la leucemia.
Los médicos hicieron absolutamente todo lo humanamente posible, pero su condición era completamente irreversible.
Todas las funciones cerebrales comenzaron a cesar progresivamente.
A las 6:45 de la tarde del jueves 12 de octubre de 2006, los monitores emitieron ese sonido continuo y horrible que indica que el corazón ha dejado de latir.
Carlo Acutis, de exactamente 15 años, 5 meses y 9 días de edad, había muerto precisamente, como me lo había predicho, con exactitud imposible, 9 años, 7 meses y 10 días antes.
Exactamente en octubre, como dijo, exactamente a los 15 años, como dijo, exactamente de leucemia, como dijo, exactamente después de aproximadamente una semana de enfermedad, como dijo, todo, absolutamente todo lo que ese niño extraordinario de 6 años me había dicho en el balcón se había cumplido con precisión matemática imposible, pero las predicciones de Carlo no habían terminado de cumplirse.
En enero de 2019, más de 12 años después de su muerte, el cuerpo de Carlos fue exumado para el proceso de beatificación.
Los expertos médicos encontraron que estaba en un estado de preservación que la ciencia no podía explicar completamente.
En 2020, el Papa Francisco reconoció oficialmente un milagro médico documentado atribuido a la intersción de Carlo.
El 10 de octubre de 2020, Carlos fue beatificado en Asís y exactamente como Carlo había predicho, Antonia tuvo mellizos en octubre de 2010, 4 años después de su muerte, cuando ella tenía 44 años y había pensado que era imposible tener más hijos.
En 2024, un segundo milagro fue confirmado oficialmente y ahora, en 2025, Carlo Acuti será canonizado santo de la Iglesia Católica Universal.
Hoy, mientras escribo este testimonio con manos temblorosas, han pasado casi 19 años desde que Carlo partió al cielo.
Yo tengo ahora 68 años.
Mi cabello es completamente blanco y mi cuerpo siente el peso de las décadas.
Pero mi memoria de ese niño extraordinario es más clara y vívida que nunca.
Cumplo hoy la promesa sagrada que le hice a Carlo cuando tenía apenas 6 años.
contar su historia completa para que el mundo entero sepa que él sabía exactamente lo que iba a pasar, que su vida no fue truncada trágicamente por una enfermedad cruel, sino completamente cumplida según el diseño divino perfecto, que su muerte no fue el fin devastador, sino el principio glorioso de un ministerio celestial desde el cielo que ha tocado y transformado millones de vidas alrededor del mundo.
Carlo Acutis me enseñó que la santidad no es exclusivamente para monjes ancianos en monasterios remotos.
Es para jóvenes modernos con jeans y zapatillas que aman a Jesús con absolutamente todo su corazón.
Él me enseñó que cuando vivimos total y completamente para Dios, sin reservas, incluso solamente 15 años pueden ser más que suficientes para cambiar el mundo entero para siempre.
Veato Carlo Acutis.
Pronto Santo Carlo Acutis, ruega por todos nosotros.
Amén.