🔴💔“Déjenlo a él, ya no tiene remedio”: la noche más desgarradora de los Flores, el grito que aún persigue a Rosario y el instante exacto en el que la tragedia se volvió irreversible

Cuando llegó el Samur a por Antonio Flores yo les dije: 'Déjenlo a él, que  ya no tiene remedio, y sálvenme a mi hermana Rosario'”

“Estaba destrozada.

Quería morirme sin mi hermano”.

Así describía Rosario Flores el estado emocional en el que se encontraba cuando supo que Antonio había fallecido.

No era solo la pérdida de un hermano.

Era el segundo golpe mortal en apenas quince días.

Primero se había ido Lola Flores, el pilar absoluto de la familia, la voz, la fuerza, la madre que sostenía todo.

Y cuando aún no habían terminado de llorarla, la vida volvió a cebarse con ellos.

Antonio Flores tenía 33 años cuando su vida se apagó de forma repentina.

Se encontraba en la pequeña cabaña que su madre le había mandado construir en la finca familiar de El Lerele.

Allí había dormido solo aquella noche, aunque una amiga, Irene, había pasado tiempo con él.

Antonio estaba extremadamente delgado, no dormía, apenas comía y bebía en exceso.

Tomaba tranquilizantes recetados, intentando sobrevivir a un dolor que no sabía gestionar.

Rosario lo recordó años después en una entrevista estremecedora.

Aquella noche, Antonio le dijo que tenía sueño.

Se abrazaron.

Le habló incluso de planes, de ir a Gredos a hacer deporte, como si aún existiera un futuro posible.

Rosario lo arropó, lo dejó en la cama y ella se fue a dormir al sofá.

Nunca imaginó que ese sería su último gesto de cuidado.

A las 6:45 de la mañana, algo la empujó a entrar en la habitación.

Antonio estaba exactamente igual que cuando lo había dejado.

En la misma postura.

Demasiado quieto.

Lolita pidió que salvasen a su hermana Rosario tras la muerte de Antonio

Rosario se acercó, puso los dedos en su nariz y en su boca para comprobar si respiraba.

No sintió nada.

Entonces salió corriendo por el jardín, gritando, pidiendo ayuda, con el corazón desgarrado.

La familia aún no se había repuesto de la muerte de Lola Flores.

Solo dos semanas antes habían enterrado a la Faraona.

Volvían a El Lerele con el alma rota, sin imaginar que aquel lugar volvería a convertirse en escenario de una tragedia aún mayor.

Hoy se sabe que la muerte de Antonio fue accidental, una parada cardiorrespiratoria.

Pero entonces, nada importaba.

El dolor lo ocupaba todo.

Antonio llevaba quince días sin comer ni dormir tras la muerte de su madre.

La pérdida fue devastadora.

Se rompió un brazo golpeando una pared al enterarse de que Lola había muerto.

Pasó horas encerrado en la habitación donde ella había fallecido.

Desde fuera, cuentan, se le escuchaba llorar, gritar, maldecir.

Aquel fue el principio del fin.

Cuando llegaron los servicios de emergencia, la escena fue dantesca.

Lolita lo recordaría años después, con una frialdad que solo da el paso del tiempo.

“Cuando llegó el Samur yo les dije: ‘Déjenlo a él, que ya no tiene remedio, y sálvenme a mi hermana Rosario’”.

Rosario estaba fuera de sí.

“Daba botes de un metro, como en El Exorcista”, relató.

La familia estaba completamente desquiciada.

Lolita tardó muchos años en verbalizar aquel momento.

Lo hizo en televisión, junto a Bertín Osborne, reconociendo que vivieron un año y medio absolutamente perdidos.

“Me volví loca.

Bebía, le pegaba puñetazos a las puertas.

Tenía una revolución dentro de mí.

No entendía lo de mi hermano”.

Fueron sus hijos quienes la salvaron.

Quienes alertaron a Rosario de que Lolita se estaba destruyendo.

Las dos hermanas se refugiaron juntas en un duelo que, en realidad, nunca han terminado de superar.

Rosario confesó años después que aún habla con Antonio, que le dice las cosas que se quedaron pendientes.

La culpa, esa sombra eterna, nunca desapareció.

“A lo mejor no hice lo suficiente”, reconoció entre lágrimas en una entrevista con Jordi Évole.

La adicción de Antonio también fue una herida abierta.

Rosario habló sin tapujos de la heroína como una enfermedad que entonces nadie sabía tratar.

“Nos mentía mucho esta enfermedad.

30 años sin Antonio Flores: los últimos días de un hijo que no superó la  muerte de su madre, Lola Flores - Infobae

No había información”.

El dolor fue inmenso, primero por él, y luego por todo lo que arrastró a su alrededor: padres, hermanas, amigos.

La mañana de su muerte, la finca se llenó de rostros conocidos.

Ana Belén, Víctor Manuel, Carmen Sevilla… Todos acudieron al lugar donde el dolor se había instalado para siempre.

Antonio había seguido trabajando hasta el final, como su madre.

Su último concierto fue en Pamplona, con el brazo escayolado.

Dibujaba en la furgoneta para entretenerse.

Nadie sabía que sería la última vez que su público lo vería con vida.

Poco antes había dicho algo que hoy resulta devastador: “Tengo una hija a la que no le puedo faltar”.

Alba tenía nueve años.

Antonio quería vivir por ella.

Quería durar.

Pero el destino no le dio tiempo.

Años después, sería la propia Alba quien encontraría la forma de acercarse a su padre a través del arte.

De esa necesidad nació el documental Flores para Antonio, un homenaje y una terapia.

Un viaje emocional que permitió a la familia descubrir algo esencial: que el amor y el respeto fueron siempre los valores supremos que los mantuvieron unidos, incluso cuando todo parecía perdido.

La familia Flores se salvó tras la muerte de Lola y de Antonio.

No sin cicatrices.

No sin dolor.

Pero con una capacidad de amor tan inmensa como la tragedia que les tocó vivir.

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