¡Florentino en modo censura total! Pitos históricos borrados por Movistar y Raphinha baja en el Barça — “¿Quién manda aquí, el presidente o la afición?”
Una pitada que quedará para la historia. El Santiago Bernabéu estalló en un clamor unánime: “Florentino dimisión”.
Los madridistas, cansados de ser el hazmerreír del fútbol español, descargaron su frustración contra el presidente y los jugadores.
Pero la respuesta de Florentino fue la típica de un hombre que se siente intocable: ordenó a Movistar borrar todo rastro de la pitada, intentando censurar la voz de su propia afición.

Movistar, cómplice o víctima, eliminó vídeos y registros donde se escuchaba el clamor popular, dejando al descubierto la red de control mediático que Florentino ha tejido durante años.
No es ninguna sorpresa para quienes siguen el fútbol de cerca: la manipulación mediática y el control absoluto sobre los canales de comunicación han sido la fórmula del Real Madrid para mantener su hegemonía.
Sin embargo, esta vez la estrategia parece haber fracasado. La pitada fue tan masiva y clara que no pudo ocultarse fácilmente.
Además, Arbeloa, entrenador provisional y figura polémica, añadió leña al fuego al llamar “antimadridistas” a los propios seguidores que protestaban, profundizando la crisis interna del club.

En paralelo, el Barça afronta un duro revés con la baja confirmada de Raphinha, un jugador clave que no podrá disputar el próximo encuentro.
Este partido se presenta complicado, más aún con la presencia arbitral de Gil Manzano y Del Cerro Grande, un dúo que ya ha generado polémicas y que podría inclinar la balanza en contra del Barça.
La tensión entre ambos gigantes del fútbol español se intensifica, con un Madrid en crisis y un Barça que busca aprovechar la situación para consolidarse.
Los aficionados madridistas están divididos, muchos avergonzados por la actitud de su presidente y la censura impuesta, mientras que otros mantienen una lealtad ciega.
Las imágenes de Florentino riéndose en el palco durante la pitada solo aumentaron la indignación, mostrando a un dirigente desconectado de su gente.
La presión crece también sobre los medios de comunicación, acusados de manipular la información y silenciar las voces críticas.
En este contexto, la lucha por el control del relato se vuelve tan importante como la lucha en el campo.
Florentino parece jugar una partida peligrosa, intentando mantener el poder a toda costa, incluso a riesgo de perder a su propia afición.

Mientras tanto, el Barça, pese a las dificultades, mantiene la esperanza y la ambición de seguir peleando por títulos con un proyecto limpio y honesto.
La pregunta que flota en el aire es clara: ¿podrá el Madrid superar esta crisis interna o está condenado a desmoronarse?
¿Y el Barça logrará aprovechar esta debilidad para volver a la cima?
Lo que está claro es que el fútbol español vive momentos de máxima tensión, donde la política, el poder y el espectáculo se entrelazan como nunca antes.