¡Escándalo en el Bernabéu! Mbappé se borra de la pitada y Zidane dinamita al Madrid: “Aquí mandan los jugadores” — ¿Quién entrena realmente?
El Real Madrid vive una de sus crisis más profundas y dramáticas en años.
Lo que parecía un gigante imbatible, hoy es un polvorín a punto de estallar en mil pedazos.
Y en el epicentro, la figura de Kylian Mbappé, el supuesto líder que, curiosamente, se borra cuando más se le necesita.
La última bomba la lanzó Álvaro Arbeloa, que tras un ridículo histórico contra el Albacete, salió a defender a sus jugadores con un discurso que rozó el surrealismo.

Haciendo alusión a Juanito para justificar la actitud de las estrellas del equipo, Arbeloa pareció más un actor en una tragicomedia que un entrenador serio.
El Bernabéu, cansado de excusas, se prepara para una pitada monumental.
Cinco meses de promesas incumplidas, de “somos los mejores” y “el mundo está en nuestra contra”, han dejado a la afición madridista harta y decepcionada.
Los jugadores, con egos desmedidos, deciden cuándo jugar, cuándo esforzarse y cuándo desaparecer.
Mbappé, el máximo exponente de esta actitud, ha protagonizado episodios que ya son historia negra: se lesionó misteriosamente, se negó a jugar partidos clave y se ausentó en momentos decisivos.

No es casualidad que Zidane, en un gesto poco habitual, haya explotado públicamente y afirmado que “los jugadores mandan”.
Una frase que confirma lo que todos sospechábamos: el entrenador es un simple peón en un tablero dominado por las estrellas.
La gestión de Xavi Alonso fue un claro ejemplo de esta realidad.
Llegó con la intención de imponer disciplina y rigor, pero terminó devorado por los egos del vestuario.
Su intento de endurecer los entrenamientos y exigir compromiso chocó frontalmente con las divas que prefieren la comodidad a la exigencia.

Incluso Carlo Ancelotti, con su estilo más relajado, terminó pagando el precio.
Los jugadores, acostumbrados a la permisividad, vieron en Alonso una amenaza y no dudaron en minar su autoridad hasta forzar su salida.
Pero la bomba definitiva la lanzó Cidán, exjugador y testigo directo de la dinámica interna.
En una entrevista explosiva, confesó que en el Real Madrid “el entrenador está a disposición de los jugadores” y que “si a un jugador no le gusta un entrenamiento, ni se te ocurra ponerlo”.
Una declaración que desnuda la verdadera estructura de poder dentro del club.
Este control absoluto de los futbolistas ha llevado a un escenario insostenible.
Los entrenamientos son blandos, la disciplina brilla por su ausencia y el rendimiento en el campo es un reflejo directo de este caos.
Mientras tanto, Mbappé sigue jugando a su antojo.
Su récord de penales convertidos le ha valido el apodo de “Penalp”, pero su falta de compromiso en partidos decisivos ha sido evidente.
Se le ha visto ausente contra rivales como el Albacete o el Levante, y sólo aparece cuando quiere ser el héroe mediático.

Florentino Pérez, presidente del club, debe estar desesperado.
La imagen del Madrid se deteriora día a día, y la paciencia de la afición se agota.
Jurgen Klopp, entrenador del Liverpool, no dudó en calificar la situación como “anormal” y advirtió que nadie en su sano juicio querría entrenar un vestuario así.
Pero no solo el Madrid está en el ojo del huracán.
En Barcelona, otro drama se cocina a fuego lento.

El joven jugador Draw, que había generado ilusión, parece estar perdiendo la paciencia y podría abandonar el club pagando su cláusula de rescisión.
Este movimiento ha generado polémica, especialmente porque se trata de un talento prometedor que aún necesita tiempo para desarrollarse.
La impaciencia y las prisas, sin embargo, parecen dominar en ambos grandes del fútbol español.
Volviendo a Madrid, la figura de Arbeloa es cada vez más cuestionada.
Convertido en el punching ball del club, ha aceptado sin resistencia su rol de cabeza de turco.

Pero la realidad es que no puede controlar un vestuario donde los jugadores hacen y deshacen a su antojo.
Vinicius, otro de los protagonistas, fue señalado como líder en el último partido, pero su rendimiento y actitud han sido objeto de críticas.
Arbeloa intentó defenderlo con argumentos poco convincentes, lo que solo aumentó la sensación de caos y falta de liderazgo.
En definitiva, el Real Madrid atraviesa una tormenta perfecta.
La falta de autoridad, el dominio de los egos y la ausencia de compromiso están llevando al club a un abismo deportivo y mediático.
Mbappé, con su actitud de “yo decido cuándo y cómo jugar”, simboliza este problema.
Un jugador que debería ser el faro del equipo, pero que se ha convertido en un símbolo de la decadencia.
Zidane, Cidán, Alonso y Arbeloa han dejado claro que el verdadero poder está en manos de los futbolistas.
Y mientras ellos mandan, el club se desmorona.
El Bernabéu se prepara para una pitada histórica.

La afición ya no tolera más excusas ni más humillaciones.
El drama del Real Madrid no es solo deportivo, es un reflejo de una crisis profunda de liderazgo y gestión.
¿Será capaz Florentino Pérez de recuperar el control o estamos ante el principio del fin de una era?
Solo el tiempo lo dirá, pero una cosa es segura: el Madrid de ahora no es el Madrid de siempre.
Y mientras tanto, Mbappé sigue haciendo lo que quiere, sin importar el club ni la afición.
Porque en este circo, él es el verdadero amo del espectáculo.