¡El Madrid y su show de robos! Penalti invisible a Huijsen y roja perdonada: ¿El VAR o el VAR-ato del fútbol?
Sinceramente, queridos amantes del fútbol, cada jornada que pasa es más difícil expresar lo que sentimos al ver cómo se manejan los partidos en LaLiga.
Ya no es cuestión de simples errores arbitrales, es una constante que raya en lo absurdo y en lo escandaloso.
Hoy, el enfrentamiento entre Real Madrid y Villarreal nos dejó una muestra más de lo que muchos llaman “la nueva normalidad”: decisiones arbitrales que parecen dictadas por un guion invisible, donde el club blanco nunca pierde sin la ayuda de un árbitro protagonista.
Imposible imaginar que si la acción hubiera sido cometida por un jugador del Villarreal, la sanción no habría sido inmediata.

Pero cuando el defensa lleva la camiseta blanca, las reglas parecen cambiar mágicamente.
Empujones, codazos y cargas que en otros equipos serían motivo de expulsión aquí se convierten en “acciones permitidas”.
El penalti no pitado a Huijsen es la última joya de esta saga.
El defensor del Villarreal sufrió una falta clara dentro del área, pero el árbitro decidió mirar hacia otro lado.
Y no solo eso, una roja directa que parecía inevitable quedó en nada.

La indignación no es solo por el error puntual, sino porque estas situaciones se repiten una y otra vez.
Si alguien piensa que la polémica se limita a este partido, está muy equivocado.
La historia se repite constantemente, con árbitros que parecen tener un doble rasero.
Cuando el Madrid tiene una posible falta en contra, el penalti se pita sin dudar.
Pero cuando es al revés, el silencio es sepulcral.
Mbappé, por ejemplo, puede caer dentro del área y automáticamente se concede la pena máxima.
Sin embargo, para otros jugadores, incluso faltas evidentes quedan sin sancionar.
Esto no es casualidad ni mala suerte, es un patrón que se ha instalado en el fútbol español.
Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, podría plantearse cambiar el nombre del club a “Real Penalti de Madrid” porque, sinceramente, la cantidad de penales a favor es tan desproporcionada que parece una broma de mal gusto.
El Villarreal, que tampoco mostró demasiada resistencia, fue víctima de esta dinámica.
¿Cómo cambiaría el partido si a ellos les hubieran pitado ese penalti? Probablemente el marcador y el ánimo del equipo serían muy distintos.
Lo más grave es la resignación que ya se respira en muchos equipos y aficiones.
Cada semana, la sensación es que no van a conseguir nada a menos que la injusticia sea tan evidente que no puedan ignorarla.
Esta normalización del robo arbitrario es una herida para el fútbol.
Y lo peor es la cara dura con la que se venden estas decisiones.

El árbitro Soto Grado, apodado “Soto Atraco” por muchos, tiene un historial que habla por sí solo.
Mientras el Barça sufre decisiones adversas constantemente, el Madrid gana la mayoría de sus partidos con un porcentaje altísimo de decisiones polémicas a su favor.
Sin embargo, la narrativa oficial insiste en que “el árbitro es enemigo del Madrid”, una mentira tan grande que solo sirve para distraer a los aficionados y ocultar la realidad.
La manipulación va más allá del campo.
Los medios de comunicación y plataformas como Movistar también juegan su papel, controlando qué se muestra y cómo se interpreta.
Por ejemplo, la semana pasada se habló de que Mbappé “se tiró antes de tiempo”, un argumento ridículo que apenas se sostiene frente a las imágenes.
El caso de Huijsen es aún más flagrante.
El jugador recibió un codazo directo en la cara, una acción que normalmente significaría tarjeta roja y penalti.
Pero como lleva la camiseta blanca, la regla cambia.
Se ha visto cómo jugadores del Villarreal o de otros equipos son expulsados por faltas mucho menos graves.

Pero aquí, con el Madrid, la permisividad es total.
Real Madrid Televisión incluso ha dedicado videos para defender estas decisiones arbitrales, intentando vender un relato que cada vez convence a menos gente.
Mientras tanto, los jugadores del Villarreal sufren lesiones graves, como en el caso de Fo, cuyo estado es preocupante justo en un año mundialista.
La impotencia crece entre los afectados y sus seguidores.
El espectáculo de favoritismo no solo es frustrante, sino que está empezando a ser ridículo.

La credibilidad de LaLiga está en juego, y si no se toman medidas, el daño será irreversible.
La comparación con otros partidos es demoledora.
El año pasado, un penalti a favor del Barça fue pitado con una falta mucho menos clara que la que sufrió Huijsen.
Pero claro, el Madrid tiene privilegios que otros no.
La famosa “Carvajaliña” —esa permisividad para cargar y empujar— es un ejemplo claro de cómo se permiten faltas que a otros jugadores les costarían sanciones.
Estamos en una era donde el fútbol debería ser inteligente, justo y transparente.
Pero lo que vemos es lo contrario: manipulaciones, decisiones arbitrales sesgadas y un uso perverso de la tecnología para confundir al espectador.
Árbitros que sacan 40 amarillas por partido y otros que perdonan faltas claras solo porque el beneficiado es el Madrid.
Cada partido es una nueva oportunidad para que el club blanco reciba un penalti dudoso o para que se ignore una falta clara en su contra.
Esta rutina de robos y favoritismos es una herida abierta para el deporte rey en España.
Los aficionados merecen respeto, y los jugadores, igualdad de condiciones.
Mientras tanto, el fútbol español sigue siendo testigo de cómo el Real Madrid se convierte en el protagonista de un espectáculo donde la justicia deportiva brilla por su ausencia.
La pregunta que queda es: ¿Hasta cuándo aguantaremos este circo?

¿Cuándo veremos un arbitraje justo y sin favoritismos?
Porque si esto continúa, no estaremos hablando de fútbol, sino de un teatro de operaciones donde el único ganador es la mafia del balón.
Y como bien dice el dicho, “el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón”, pero aquí el robo es tan descarado que ya ni perdón merece.
Lo único claro es que el fútbol necesita un cambio urgente, antes de que la desilusión se convierta en odio y el deporte más hermoso del mundo pierda su esencia para siempre.