¡Drama Real! Letizia y Felipe llaman a la hija de Isabel Sartorius tras filtrarse su grave estado: “¿Quién necesita privacidad cuando tienes un trono?”
La vida de Isabel Sartorius, aquella joven aristócrata que conquistó el corazón del entonces príncipe Felipe de Asturias en los años 80, parece estar atravesando uno de sus capítulos más oscuros y dramáticos.
En las últimas semanas, la noticia sobre su delicado estado de salud ha comenzado a filtrarse, generando un revuelo mediático que pocos esperaban.
Según fuentes cercanas, Isabel, que acaba de cumplir 61 años, no se encuentra en la residencia sanitaria madrileña que se había mencionado inicialmente.
Más bien, está bajo el cuidado cercano y amoroso de su madrastra Nora de Linchstein y, en menor medida, de su hija Mencía Fit James Stuart, quien vive en Londres y mantiene un perfil bajo pero comprometido con el bienestar de su madre.

Lo más sorprendente es que, en medio de este silencio forzado y la discreción habitual de la aristócrata, se ha confirmado que los mismísimos reyes Felipe VI y Letizia Ortiz han hecho una llamada a Mencía.
Este gesto, que algunos medios han preferido ignorar, revela la preocupación genuina que existe en Zarzuela por Isabel.
La periodista Amparo de la Gama, en su exhaustivo reportaje, nos recuerda que Isabel Sartorius ha vivido marcada por la codependencia emocional y el sufrimiento derivado de un amor que se transformó en dolor.
En su autobiografía “Por ti lo haría mil veces”, Isabel expone con crudeza cómo estas experiencias moldearon su vida, presagiando quizás lo que hoy enfrenta.
El reciente cumpleaños de Isabel fue un evento íntimo y discreto, celebrado en Madrid en la casa de Nora de Linchstein, la segunda esposa de su padre Vicente Sartorius.

Solo 17 personas asistieron, una muestra clara de cómo Isabel ha reducido su círculo social al mínimo indispensable.
Su hija Mencía, aunque ausente por motivos laborales en Londres, permanece como su principal apoyo moral y emocional.
Isabel no está recluida en una clínica cerrada, sino que lleva una vida relativamente normal dentro de una residencia sanitaria donde recibe tratamiento intermitente.
Sin embargo, sufre episodios de desorientación que requieren que siempre esté acompañada cuando sale.
Estos detalles, aunque sutiles, dejan entrever la gravedad de su estado.

Nora de Linchstein ha sido descrita como un verdadero ángel guardián, protegiendo a Isabel desde la muerte de su padre en 2002.
La relación entre ambas se fortaleció tras esa pérdida, y Nora ha asumido un papel fundamental en la vida diaria de Isabel, especialmente en estos momentos difíciles.
La enfermedad que padece Isabel ha sido calificada como un síndrome de difícil diagnóstico, probablemente de índole mental.
Las enfermedades mentales, como bien señala la fuente familiar citada por la periodista, son un mal silencioso que puede destruir el equilibrio de muchas familias, incluso las más poderosas.
Pese a su fama y pasado glamuroso, Isabel ha optado por un perfil bajo en los últimos años.
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Su círculo cercano incluye una amiga periodista incondicional y varios amigos en Marbella, aunque desde hace tiempo no responde a las llamadas ni mensajes, lo que añade un aire de preocupación sobre su aislamiento.
El impacto de la muerte de su íntima amiga Marta Olarzaban Lodch en enero de 2023 parece haber sido devastador para Isabel.
Esta amistad, que duró toda la vida y que incluyó incluso proyectos empresariales conjuntos, era el soporte emocional que paliaba la soledad tras la partida de su hija Mencía de su hogar.
Contrariamente a lo que muchos creen, la depresión de Isabel no estaría ligada a la muerte de César Alierta, su última pareja conocida, sino más bien a la pérdida de Marta.
Isabel cuidó a Alierta hasta sus últimos días, y su fallecimiento en enero de 2024 fue un golpe más en una cadena de pérdidas que ha marcado su vida reciente.
La historia de amor entre Isabel y Felipe VI, que duró cuatro años, fue un capítulo crucial en la vida de ambos.
Aunque el romance terminó sin un final feliz, Isabel mantuvo una relación cordial con Letizia, la actual reina, quien incluso la animó a seguir adelante en momentos bajos.
Este detalle revela una faceta poco conocida de la Casa Real: la capacidad de Letizia para ofrecer apoyo a quien fuera la primera novia oficial de su esposo, algo que rompe con la imagen de rivalidad que a menudo se pinta en la prensa.
Isabel, lejos de quedarse atrapada en el pasado, se reinventó profesionalmente especializándose en coaching de vida e inteligencia emocional.
Su mensaje siempre fue claro: solo el amor puede curar el sufrimiento y recomponer el alma rota.

Sin embargo, el paso del tiempo y las circunstancias han puesto a Isabel en una situación vulnerable.
Su estado actual, con episodios de desorientación y la necesidad de cuidados constantes, contrasta con la imagen de la joven aristócrata que una vez fue el centro de atención mediática.
Su hija Mencía, que trabaja en el sector de energías renovables en Londres y mantiene un perfil discreto, es descrita como el “ojo derecho” de su madre, la heredera discreta de un linaje marcado por el poder y la tragedia.
El entorno familiar de Mencía es tan complejo como fascinante, con vínculos que van desde la nobleza española hasta conexiones con figuras controvertidas de la sociedad.
A pesar de ello, Mencía ha elegido un camino alejado del foco público, dedicándose a su carrera profesional y al apoyo silencioso a su madre.

La llamada de Felipe y Letizia a Mencía no solo es un acto de cortesía, sino un indicio del delicado equilibrio que la Casa Real intenta mantener frente a una situación que podría convertirse en un escándalo si se descontrola.
En un mundo donde la privacidad es un lujo cada vez más escaso, la historia de Isabel Sartorius nos recuerda que detrás de las luces y cámaras siempre hay vidas humanas llenas de luchas internas, dolor y esperanza.
La aristócrata que fue la cara más codiciada del príncipe Felipe hoy enfrenta un desafío que pone a prueba su fortaleza y la de quienes la rodean.
Mientras tanto, la sociedad observa, con mezcla de curiosidad y compasión, el desenlace de este drama real que nadie pidió pero que todos seguimos con atención.
En definitiva, la historia de Isabel Sartorius es un recordatorio brutal de que la fama y el linaje no inmunizan a nadie contra el sufrimiento humano.

Y como bien ironizan algunos, “¿quién necesita privacidad cuando tienes un trono?”.
La salud de Isabel Sartorius continúa siendo un tema delicado y rodeado de misterio.
La discreción de su familia y la intervención silenciosa de la Casa Real muestran la complejidad de manejar una figura pública en crisis.
Solo el tiempo dirá si Isabel logra superar esta etapa y encontrar la paz que tanto ha buscado en su vida.
Mientras tanto, su historia sigue siendo un drama real que nos invita a reflexionar sobre la fragilidad humana más allá del brillo de la corona.