Ada Colau, PILLADA “poniéndose hasta el cul0” en Menorca en la Flotilla Pro Gaza – HTT

¡Ada Colau PILLADA en Menorca: De Heroína Solidaria a Reina del Mojito! “Claro, porque ¿qué es Gaza comparado con una cala paradisíaca?”

La flotilla Global Sumuth, presentada con grandes aspavientos como la mayor operación humanitaria jamás vista, ha terminado siendo un auténtico ridículo político que marcará este verano para siempre.

Ada Colau, quien se erigió como la líder de esta epopeya solidaria, ha visto cómo su promesa de compromiso se desmoronaba ante los ojos de miles de personas que financiaron la iniciativa con esperanza y confianza.

De los 40 barcos anunciados para zarpar desde Barcelona, apenas 24 lograron hacerlo, y de estos, solo 17 llegaron a las islas de Menorca y Mallorca, muy lejos de alcanzar el objetivo final de Gaza.

La excusa oficial para este fracaso fue un supuesto temporal violento que habría destrozado los sistemas de comunicación y frenado el avance de la flotilla.

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Sin embargo, los datos oficiales de la Agencia Meteorológica de Baleares (AMed) desmintieron esta versión, mostrando que los vientos apenas soplaban a dos o tres nudos y que las condiciones marítimas eran ideales para cualquier embarcación, incluso para un velero artesanal.

Lo que en realidad sucedió fue que la llamada misión humanitaria se transformó en un crucero turístico con tintes políticos, una farsa que ha sido desvelada gracias a las redes sociales.

Un usuario viral denunció que el yate de Ada Colau, el Alma Explorer, estuvo fondeado durante días en diversas calas de Menorca, sin intención alguna de avanzar.

Las pruebas no se hicieron esperar: capturas, vídeos y testimonios que mostraban a la alcaldesa relajada, riendo a bordo mientras justificaba la falta de progreso con el pretexto del mal tiempo.

Pero la verdad era evidente para todos.

They say I should clean floors': Barcelona's working-class, leftwing mayor Ada  Colau fights for third term | Barcelona | The Guardian

Mientras la alcaldesa y sus acompañantes disfrutaban de cócteles, mojitos y hasta porros, el dinero recaudado a través de un crowdfunding que superó los 3,000 euros se esfumaba en lo que muchos califican como un derroche innecesario y una burla para quienes creyeron en la causa.

La supuesta misión solidaria no pasó del tramo Barcelona-Menorca, y en lugar de avanzar hacia Gaza, el viaje se convirtió en una especie de vacaciones de lujo con propaganda política incluida.

Las críticas en redes sociales no tardaron en llegar, calificando la operación como un fracaso grotesco y una tomadura de pelo a los donantes.

Ada Colau, que había prometido ser una heroína solidaria, se ha convertido en el símbolo del engaño y la protagonista del que ya se conoce como el ridículo histórico del verano.

Usuarios indignados se preguntan cómo es posible que mientras millones sufren en Gaza, la alcaldesa se dedique a disfrutar de la vida en calas menorquinas, culpando a Israel y Europa de un fracaso que solo tiene un responsable: ellos mismos.

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Este episodio no solo pone en entredicho la seriedad de la iniciativa, sino que también cuestiona el uso político que se ha dado a una causa humanitaria tan delicada.

La flotilla Global Sumuth, lejos de ser un acto de solidaridad, ha quedado como un circo mediático que ha desperdiciado recursos y generado desconfianza entre la ciudadanía.

Mientras tanto, Ada Colau sigue en el ojo del huracán, enfrentándose a la crítica pública y al descrédito que supone haber convertido una acción de ayuda en una fiesta privada en alta mar.

El contraste entre la imagen proyectada y la realidad vivida a bordo del Alma Explorer ha sido brutal, y las redes sociales no han perdonado ni un detalle.

El caso ha generado un debate profundo sobre la responsabilidad de los líderes y figuras públicas al frente de iniciativas sociales y humanitarias, y sobre la importancia de la transparencia y el compromiso real cuando se moviliza a la sociedad para causas tan sensibles.

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En definitiva, lo que debía ser una muestra de apoyo y solidaridad con Gaza ha terminado siendo un episodio vergonzoso que quedará grabado en la memoria colectiva como un ejemplo de cómo no debe gestionarse un proyecto humanitario.

Ada Colau, lejos de ser la heroína que muchos esperaban, ha quedado atrapada en la polémica y el escarnio público, recordándonos que las buenas intenciones no bastan si no se traducen en acciones responsables y auténticas.

Y mientras la flotilla se disuelve entre críticas y memes, la pregunta que queda es clara: ¿quién responderá por este fiasco?

Porque en medio del ruido y las risas, lo que realmente importa es el sufrimiento que permanece sin respuesta.

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