Felipe González desata la tormenta contra Pedro Sánchez en El Hormiguero: críticas sin filtro y verdades incómodas
Felipe González entró en el plató de El Hormiguero con la serenidad de un veterano, pero pronto dejó claro que su mensaje no sería complaciente ni diplomático.
Desde el primer momento, el ex presidente abordó con dureza la gestión política de Pedro Sánchez, especialmente en relación a la crisis provocada por la Dana en la Comunidad Valenciana.
Criticó que la responsabilidad no podía recaer solo en el presidente valenciano, Carlos Mazón, sino que se trataba de una emergencia nacional que el Estado no supo gestionar adecuadamente.
González señaló que la descentralización del Estado autonómico se ha convertido en un mecanismo para diluir responsabilidades y evitar rendición de cuentas.

“Si todos hubiesen sido del mismo partido, quizá la respuesta habría sido diferente”, afirmó, dejando entrever una crítica velada a la fragmentación política que dificulta la acción coordinada.
Más allá de la crisis climática, Felipe González no dudó en abordar el polémico apagón nacional que dejó a gran parte del país sin suministro eléctrico durante horas.
Con ironía y contundencia, denunció la falta de explicaciones claras por parte del gobierno, desmintiendo teorías conspirativas y saboteos que se habían manejado como posibles causas.
“Cada día tenemos una aventura nueva, parece que estamos rodeados de sabotajes que no existen”, afirmó, evidenciando la confusión y descoordinación del Ejecutivo.
Además, subrayó que la recuperación del suministro no fue mérito del gobierno, sino de las empresas privadas que fueron satanizadas públicamente.
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Este dato fue una bofetada directa a la narrativa oficial y a la política de confrontación con el sector energético.
Uno de los momentos más destacados de la entrevista fue cuando González habló sobre la nacionalización y la gestión energética.
Aclaró que, aunque en su mandato nacionalizó la red de alta tensión para garantizar un precio justo y homogéneo para todos los ciudadanos, no es partidario de nacionalizaciones indiscriminadas.
“Eso no es ser de izquierdas, eso es ser tonto útil para que gane la derecha”, sentenció, criticando la obsesión actual del gobierno por controlar y estatizar sectores estratégicos sin un plan claro.
Con esta afirmación, lanzó un dardo directo a Pedro Sánchez y a sus ministros, a quienes acusó de improvisar y de vivir más en redes sociales que en la realidad de la gestión pública.

La comparación con un “primo pobre de Maduro con máster en TikTok” fue una imagen contundente que resume su desaprobación.
Durante toda la entrevista, Pablo Motos mantuvo una actitud respetuosa pero sorprendida ante la crudeza de las palabras de González.
El ex líder socialista, con una sonrisa casi paternal, fue desgranando sus críticas con una mezcla de ironía y gravedad que no dejó lugar a dudas sobre su diagnóstico.
Felipe González dejó claro que el actual PSOE, bajo la dirección de Sánchez, se ha alejado de los principios y la eficacia que él defendía.
La imagen del presidente saliendo escoltado y abucheado en Valencia contrastaba con la serenidad y autoridad del veterano político, que parecía hablar desde la experiencia y el desencanto.
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Este choque generacional y político expone la profunda crisis interna del partido y la pérdida de confianza en su liderazgo actual.
Finalmente, González lanzó un mensaje que va más allá de las críticas específicas: una llamada a la cordura y la responsabilidad en la política española.
Advirtió que el gobierno actual vive de relatos y poses, mientras los problemas reales se agravan y la ciudadanía pierde la paciencia.
“Cuando hasta Felipe te deja en evidencia, lo mejor es apagar la luz, cerrar la puerta y fingir que te han cortado la red eléctrica”, concluyó con sorna.
Este consejo irónico refleja la sensación de abandono y desconexión que muchos ciudadanos sienten hacia sus gobernantes.
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La entrevista se ha convertido en un punto de inflexión que invita a reflexionar sobre el rumbo del PSOE y del país.
En resumen, la aparición de Felipe González en El Hormiguero fue mucho más que una entrevista: fue un ajuste de cuentas público y una denuncia sin tapujos.
Sus palabras pusieron en evidencia las fallas y contradicciones del gobierno de Pedro Sánchez, especialmente en momentos críticos como la Dana y el apagón.
La mezcla de autoridad histórica, ironía y sentido común de González contrastó con la imagen de un Ejecutivo que parece perdido y desorientado.
Este episodio ha reavivado el debate sobre el futuro del PSOE y la necesidad de recuperar la confianza de los ciudadanos.
Mientras tanto, la política española observa atenta cómo las viejas glorias no dudan en señalar las debilidades del presente.