¡La UEFA sacude el tablero tras el Barça-Real Sociedad! “¿Tecnología para aclarar o para confundir? La crisis de confianza que nadie esperaba…”
La noche posterior al partido entre Barcelona y Real Sociedad no giró en torno a un gol anulado o una jugada polémica puntual.
Lo que realmente salió a la luz fue un problema mucho más profundo: la falta de criterio uniforme en la aplicación del VAR y la tecnología de fuera de juego semiautomático.
El enfado del Barça no es solo una reacción emocional, sino la expresión de una percepción generalizada de que el VAR, concebido para reducir la polémica, se ha convertido en una herramienta que la amplifica.
En el minuto 80, una jugada fue analizada con minuciosidad desde su origen, revisada y desmenuzada hasta anular un gol.

Sin embargo, en el minuto 32, una acción de impacto similar, con una falta clara al inicio que pudo condicionar el gol rival, pasó sin revisión ni siquiera una llamada al árbitro para consultar la pantalla.
Esta disparidad de criterios genera la pregunta inevitable: ¿existe un protocolo claro y único para la intervención del VAR? ¿O se aplica de forma arbitraria según la jugada o el momento?
La UEFA, máxima autoridad del fútbol europeo, ya no puede mirar hacia otro lado.
La tecnología de ayuda al arbitraje está destinada a aportar claridad, pero cuando deja más dudas que certezas, pone en jaque la reputación del sistema arbitral.
El caso del fuera de juego semiautomático es paradigmático.
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La imagen presentada como concluyente fue, para muchos espectadores, insuficiente y poco convincente.
Las líneas mostradas no transmitían la seguridad necesaria para una decisión que anulaba un gol por apenas milímetros.
Cuando la tecnología, que debería ser sinónimo de transparencia y justicia, genera incertidumbre, el debate trasciende el simple “fue fuera de juego” para cuestionar la confianza en todo el proceso.
Por ello, la UEFA está considerando intervenir no para cambiar resultados pasados, algo irrealista, sino para auditar, revisar protocolos y unificar criterios.
Entre las posibles medidas se encuentran:
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Solicitar un informe detallado que explique por qué el VAR intervino en una jugada y no en otra, pese a la similitud en su impacto.
Revisar la forma en que se presentan las decisiones de fuera de juego semiautomático al público, buscando mayor claridad y convicción.
Endurecer los protocolos sobre cuándo el árbitro debe acudir a la pantalla para revisar personalmente una jugada y cuándo la decisión se toma únicamente desde la sala de vídeo.

Esta búsqueda de coherencia es vital para recuperar la confianza de los aficionados, que no piden una competición sin errores —algo imposible— sino una competición donde los errores se midan con la misma vara para todos.
El Barcelona tiene derecho a exigir explicaciones oficiales, a reclamar justicia en los criterios y transparencia en los procesos.
Pero también debe evitar convertir cada partido en una guerra de comunicados que no aportan soluciones reales.
Del lado arbitral, el mensaje es claro: no solo se gestionan jugadas, sino la confianza del público y los clubes.
Esa confianza se construye con decisiones entendibles, coherentes y comunicadas con claridad.

El problema no es solo la protesta del Barça, sino la percepción de miles de espectadores que sintieron que las reglas se aplicaron de manera inestable e inconsistente.
En definitiva, si el VAR va a intervenir, debe hacerlo con un razonamiento uniforme; si no, debe explicarse con claridad por qué no interviene.
La alternancia entre una revisión exhaustiva y un silencio absoluto solo alimenta la crisis de confianza.
La UEFA tiene ante sí una responsabilidad histórica: actuar para garantizar que la tecnología sea una herramienta de justicia y no un motivo de división.
Cuando estas controversias se repiten, superan a cualquier club y se convierten en la historia de una competición entera.
La pregunta que queda en el aire es: ¿será esta la oportunidad para una revolución en el arbitraje europeo o seguiremos atrapados en la incertidumbre y la desconfianza?
El fútbol, y sus millones de seguidores, merecen respuestas claras y justas.
Y esta vez, la UEFA parece dispuesta a darlas.