Crisis en las prisiones vascas: ¿Qué está provocando la ola de dimisiones?
El modelo penitenciario vasco fue inicialmente aclamado como un referente en reinserción social y gestión autónoma.
Sin embargo, desde que en 2021 el Gobierno de Pedro Sánchez transfirió las competencias al Ejecutivo Vasco, la realidad ha sido muy distinta.
En los últimos meses, la situación ha empeorado notablemente, con una preocupante cadena de dimisiones que ha desvelado la fragilidad del sistema.
En apenas seis meses, cuatro altos cargos vinculados a la Consejería de Justicia han renunciado a sus puestos.

Entre ellos destaca la dimisión del viceconsejero de derechos humanos, Alfredo Retortillo, y del director de la agencia de reinserción AERAC, pieza clave del modelo.
Estas salidas no son incidentes aislados, sino que coinciden con una huida masiva de funcionarios penitenciarios.
Según datos recientes, uno de cada tres empleados ha solicitado traslado a centros de otras regiones, cansados de la falta de personal, los bajos salarios y la creciente tensión entre los presos.
El caos no se limita a los despachos administrativos: la convivencia en los centros penitenciarios se ha deteriorado gravemente
Los conflictos entre reclusos se han disparado, en un contexto donde muchas plazas siguen siendo cubiertas por interinos sin experiencia.

Esta situación ha generado un malestar profundo entre los trabajadores y ha puesto en duda la eficacia del modelo penitenciario vasco.
La gestión política parece estar por encima de las prioridades operativas, lo que agrava la crisis.
Especialmente significativa fue la salida de Retortillo, impulsor de una reforma legal para sancionar a los grupos violentos Oñi Etorri.
Esta reforma fue respaldada en febrero por la consejera María Jesús San José, pero posteriormente rechazada por el Partido Socialista en el Parlamento Vasco.
Este giro político ha evidenciado la incoherencia interna de los socialistas y ha dejado sin el apoyo prometido a las víctimas del terrorismo.
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La falta de explicaciones claras por parte de San José ha generado aún más incertidumbre y críticas.
La defensa de la consejera sobre la discrecionalidad en la elección de su equipo ha sido percibida como una excusa burocrática ante una crisis política profunda.
El Partido Popular Vasco ha denunciado la situación con contundencia, calificando la gestión como inestable y opaca.
Además, han señalado que el modelo penitenciario, lejos de consolidarse como un referente, está haciendo aguas.
Esta crisis afecta no solo a la administración, sino que pone en riesgo la seguridad y la convivencia dentro de los centros penitenciarios.

La situación exige una respuesta urgente y medidas efectivas para restaurar la confianza y el orden.
La cadena de dimisiones y la fuga de funcionarios reflejan un sistema en descomposición que necesita una revisión profunda.
Los funcionarios denuncian condiciones laborales precarias, falta de recursos y un ambiente laboral tóxico.
El aumento de la violencia entre presos y la presencia de personal sin experiencia agravan la inseguridad dentro de las prisiones.
Estas circunstancias dificultan la reinserción social, uno de los pilares fundamentales del modelo vasco.

La crisis penitenciaria se ha convertido en un problema político que afecta la imagen y la gobernabilidad del Ejecutivo Vasco.
En conclusión, la situación actual en las prisiones del País Vasco es alarmante y pone en evidencia graves deficiencias en la gestión.
La lluvia de dimisiones y la fuga masiva de funcionarios son síntomas de un modelo penitenciario que no funciona como se prometió.
La incoherencia política y la falta de liderazgo agravan la crisis, afectando tanto a trabajadores como a internos.
El futuro del sistema depende de la capacidad del Gobierno Vasco para implementar reformas estructurales y recuperar la estabilidad.

Mientras tanto, el caos continúa, y la sociedad vasca observa con preocupación cómo se desmorona un modelo que fue presentado como ejemplar.
Así, el caos en las prisiones vascas no solo es un problema administrativo, sino un desafío político y social de gran magnitud.
La crisis exige respuestas claras y acciones firmes para garantizar la seguridad, la justicia y la reinserción efectiva.
El tiempo corre y la paciencia de trabajadores, internos y ciudadanos se agota.
El reto está servido para el Gobierno Vasco, que debe demostrar que puede gestionar con eficacia y responsabilidad.
Solo así podrá restaurar la confianza y evitar que esta tormenta institucional se convierta en un desastre irreversible.