Óscar Puente Responde con Dureza y Humilla a Feijóo por sus Críticas al Salario Mínimo
La reciente declaración de Alberto Núñez Feijóo criticando la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) ha desatado una tormenta política y digital.
Feijóo argumentó que este aumento supone un esfuerzo impositivo excesivo para los trabajadores y que perjudica tanto a las empresas como a los propios empleados.
Estas palabras provocaron una oleada de críticas inmediatas, especialmente en redes sociales, donde muchos usuarios consideraron que el líder del Partido Popular estaba desconectado de la realidad de miles de familias que luchan para llegar a fin de mes con sueldos bajos.
La indignación se intensificó al recordar que Feijóo percibe tres sueldos públicos que superan los 76,000 euros brutos anuales.

No tardó en llegar la respuesta de Óscar Puente, ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, quien utilizó su cuenta en X para lanzar una réplica cargada de ironía y contundencia.
“Había que dejar el SMI en 700 miserables euros y no veas el esfuerzo impositivo que se ahorraba no sé quién.
Y ya si restauramos la esclavitud, no veas el esfuerzo impositivo que ahorramos, pero tú con tres sueldos, cara dura”, escribió Puente.
Este mensaje se viralizó rápidamente, acumulando miles de “me gusta” y retuits, y fue celebrado por muchos como una defensa clara y directa del trabajo digno frente a la crítica política que, según ellos, ignora las necesidades reales de la población trabajadora.
El debate sobre el salario mínimo en España no es nuevo, pero ha cobrado especial relevancia en los últimos años.

Desde 2018, el SMI ha aumentado progresivamente, pasando de 735 euros a 1,134 euros mensuales en 2024.
Estas subidas han sido apoyadas por sindicatos, organismos internacionales y algunas empresas que han reconocido beneficios en el consumo interno.
Sin embargo, el Partido Popular ha mantenido una postura contraria, argumentando que estas medidas generan trabas al crecimiento empresarial y fomentan la economía sumergida.
No obstante, los datos oficiales indican que el aumento del salario mínimo no ha destruido empleo, sino que ha ayudado a reducir la brecha salarial y ha mejorado la calidad de vida de los trabajadores más vulnerables.
La respuesta de Puente no solo fue una reacción emocional, sino también una denuncia fundamentada de la desconexión entre la élite política conservadora y la realidad de la clase trabajadora.

Mientras algunos líderes del PP critican la subida del SMI, ellos mismos disfrutan de elevados ingresos públicos y privilegios institucionales, lo que ha sido señalado como una incoherencia por numerosos usuarios.
Este episodio también pone en evidencia la visión económica del Partido Popular, que prioriza los beneficios empresariales por encima de las condiciones laborales.
Para ellos, cualquier medida que incremente derechos o dignidad a los trabajadores se percibe como una carga para la economía.
En contraste, el gobierno de Pedro Sánchez defiende la subida del salario mínimo como una herramienta de justicia social indispensable, especialmente en un contexto de inflación, crisis energética y creciente desigualdad.
La vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, ha sido una de las impulsoras de estas actualizaciones, insistiendo en que el crecimiento económico debe llegar a todos los sectores, no solo a los más privilegiados.

Este choque de posturas refleja un debate más amplio sobre el modelo de país que España debe adoptar.
Mientras unos ven en la subida del SMI un peligro para la economía, otros la consideran una inversión en dignidad y bienestar social.
La polémica también ha evidenciado cómo las redes sociales han transformado la política, permitiendo respuestas inmediatas y virales que pueden cambiar la narrativa pública en cuestión de horas.
Óscar Puente ha sabido aprovechar este nuevo escenario con un mensaje directo, irónico y con una base argumental sólida.
La reacción ciudadana ha sido mayoritariamente favorable a Puente, que ha logrado conectar con un electorado cansado de discursos técnicos que parecen alejados de la realidad cotidiana.

Su intervención ha sido vista como un acto de pedagogía política y dignidad institucional frente a un discurso que muchos consideran retrógrado.
Por su parte, Feijóo y su equipo no han mostrado señales de retractación o matización tras la avalancha de críticas, sino que han reforzado su postura en posteriores intervenciones públicas, lo que ha profundizado la percepción de un modelo económico pensado para una élite y desconectado de las necesidades sociales.
Esta situación ha generado tensiones internas en el Partido Popular, con sectores moderados preocupados por el impacto negativo de estas declaraciones en la imagen del partido y su relación con el electorado más vulnerable y joven.
La oposición, incluyendo a líderes de Sumar, ERC y Bildu, también ha aprovechado para denunciar la hipocresía del discurso conservador, recordando que muchos de los que hoy critican el salario mínimo fueron responsables de congelarlo o recortarlo en el pasado.
En definitiva, el enfrentamiento entre Óscar Puente y Alberto Núñez Feijóo es mucho más que un intercambio de opiniones sobre una medida económica.

Es la expresión de una profunda división en la política española sobre la justicia social, la redistribución y el reconocimiento del valor del trabajo.
Puente ha demostrado que la política puede ser contundente y cercana, mientras que Feijóo parece quedar atrapado en un discurso que ya no conecta con la mayoría de los ciudadanos.
El futuro de la política económica en España dependerá en gran medida de cuál de estas visiones prevalezca, pero lo que está claro es que la ciudadanía exige respeto, coherencia y compromiso con sus necesidades reales.
Como bien dijo Óscar Puente con ironía y contundencia, si lo que se busca es ahorrar en derechos, el siguiente paso sería “restaurar la esclavitud”, una advertencia que resume el fondo del debate y la urgencia de avanzar hacia un modelo más justo e inclusivo.
Este episodio marca un antes y un después en la discusión sobre el salario mínimo y pone en evidencia que la política ya no puede darse el lujo de ignorar la voz de quienes viven con sueldos bajos y luchan por una vida digna.