¡Herencia bomba! Irene de Grecia deja fuera a Leonor y Sofía y sorprende con millonaria cesión a Irene Urdangarín: ¿Un golpe a Letizia y Felipe? ¡Menuda jugada!
El fallecimiento de Irene de Grecia el pasado 15 de enero ha conmocionado no solo por la pérdida personal para la reina Sofía, sino también por la controversia que ha surgido en torno a su herencia.
A sus 83 años, tras una larga enfermedad degenerativa, la princesa dejó organizada la distribución de sus bienes, pero la decisión ha sorprendido a muchos.
Contrario a lo que muchos podrían esperar, ni la princesa Leonor ni la infanta Sofía figuran como beneficiarias directas de la herencia.
Este hecho ha causado un auténtico revuelo, considerando que ambas mantuvieron contacto frecuente con su tía abuela, especialmente cuando Irene residía en el Palacio de la Zarzuela y pasaba temporadas en Maribén.

Lejos de tratarse de un gesto de rechazo o de tensiones familiares, fuentes cercanas aseguran que la decisión responde a razones estrictamente personales.
Irene priorizó los lazos afectivos construidos a lo largo de su vida por encima de criterios protocolarios o jerárquicos.
Así, los principales beneficiarios son los hijos de la infanta Cristina y su esposo Iñaki Urdangarín, con Irene Urdangarín, la ahijada de la princesa y quien comparte su nombre, como heredera universal.
Esta relación cercana y prolongada explica el porqué de esta elección, que refleja un vínculo emocional profundo y no solo un parentesco formal.
El funeral de Irene de Grecia fue un reflejo de esta realidad.
La emoción de la reina Sofía, junto a la presencia constante de sus nietas Leonor y Sofía, contrastó con la destacada participación de Irene Urdangarín y Victoria Federica, quienes portaron los cojines con las condecoraciones de la princesa, simbolizando la unión entre generaciones y la cercanía especial con su tía abuela.
Este reparto ha generado debates y especulaciones, especialmente en medios y círculos sociales.
Algunos interpretan esta exclusión como un golpe a la imagen de Felipe VI y Letizia, aunque otros defienden que se trata de una decisión personal y legítima de la fallecida, sin intenciones políticas ni familiares.

Por otro lado, la figura del rey emérito Juan Carlos ha estado en el centro de la polémica por su ausencia en el funeral.
Oficialmente, su médico le aconsejó evitar viajes largos, pero se rumorea que su negativa a no alojarse en el Palacio de la Zarzuela fue decisiva para que no asistiera, lo que añade más capas a las tensiones dentro de la familia real.
En cuanto al patrimonio de Irene de Grecia, se ha hablado de una cuantía que ronda los 900.000 euros, obtenidos tras un acuerdo con el gobierno griego por la expropiación de bienes.
Parte de estos fondos se destinaron a una ONG creada por la princesa, dedicada a causas humanitarias, lo que refleja su compromiso social.

Algunos medios han difundido versiones que minimizan el valor material de la herencia, calificándola de simbólica, pero la realidad es que la distribución ha tenido un impacto significativo en la percepción pública sobre las relaciones internas de la familia real.
La interacción entre Leonor, Sofía e Irene Urdangarín durante el funeral, aunque breve y discreta, ha sido interpretada como una posible ruptura del distanciamiento que se atribuía entre estas ramas familiares.
Sin embargo, la falta de imágenes claras y la sombra del protocolo mantienen la incertidumbre sobre la verdadera naturaleza de estos vínculos.
En definitiva, esta polémica herencia pone en evidencia que, más allá de las apariencias y la formalidad, las emociones y las relaciones personales juegan un papel fundamental en las decisiones familiares, incluso en las casas reales.