Puigdemont tumba la Ley Bolaños y deja a Sánchez en jaque político
Junts per Catalunya ha dado un golpe contundente al gobierno español al negarse a apoyar la tramitación de la controvertida reforma judicial impulsada por Félix Bolaños, conocida popularmente como la Ley Bolaños.
Con apenas siete diputados, el partido de Carles Puigdemont ha logrado paralizar una de las iniciativas más importantes del ejecutivo de Pedro Sánchez.
La reforma propuesta pretendía modificar aspectos fundamentales del acceso a la carrera judicial y la estructura de la Fiscalía, cambios que el gobierno consideraba esenciales para modernizar y mejorar el sistema judicial español.
Sin embargo, la negativa de Junts per Catalunya ha frenado en seco este proyecto.

Este rechazo se produce apenas un día después de una reunión entre Puigdemont y Pedro Sánchez en el Palacio de la Moncloa, en un contexto político muy tenso marcado por la reciente dimisión de Santos Cerdán.
La salida de Cerdán, implicado en un escándalo que amenaza con desestabilizar los acuerdos con el separatismo, ha complicado aún más la situación del presidente.
Junts per Catalunya ha utilizado este encuentro para escenificar una ruptura temporal con el Partido Socialista, dejando claro que no están dispuestos a regalar apoyos sin recibir contrapartidas claras.
Este movimiento estratégico pone en evidencia el poder que aún mantiene Puigdemont dentro del actual equilibrio político.
Desde la formación independentista han argumentado que la reforma de Bolaños no responde a las verdaderas necesidades de la judicatura española.

En cambio, proponen acercarse a un modelo europeo basado en la meritocracia, la experiencia acumulada y una visión integral del ejercicio judicial.
Esta postura no es aislada, ya que gran parte del sector profesional judicial también ha expresado su rechazo a la reforma propuesta, coincidiendo en que no aborda los problemas estructurales del sistema.
El bloqueo de la Ley Bolaños representa mucho más que un simple desacuerdo técnico.
Es un mensaje directo y contundente al presidente Sánchez en un momento delicado, justo cuando se renegocia el pacto de investidura firmado en Bruselas y revisado periódicamente en reuniones en Suiza.
Con la salida de Santos Cerdán como interlocutor clave, Sánchez se enfrenta ahora al reto de encontrar una nueva figura que pueda recuperar la confianza de Puigdemont y su partido.

Sin embargo, Junts per Catalunya ha dejado claro que no se someterá al calendario ni a los intereses del Partido Socialista.
Este “no” rotundo a la Ley Bolaños demuestra que Puigdemont sigue teniendo la llave para sostener la legislatura, manteniendo una posición de fuerza que puede condicionar futuras decisiones políticas.
Mientras tanto, Pedro Sánchez queda expuesto sin apoyos firmes y con un bloque de investidura cada vez más resquebrajado, lo que puede complicar la gobernabilidad en los próximos meses.
La situación política española se encuentra en un punto crítico, donde las alianzas y pactos están en constante tensión.
La negativa de Junts per Catalunya a apoyar la reforma judicial puede ser solo el inicio de una serie de desafíos que el gobierno deberá afrontar para mantener su estabilidad.

Analistas políticos señalan que esta crisis pone en evidencia la fragilidad del acuerdo de investidura y la dificultad de Sánchez para gestionar las demandas de sus socios independentistas.
Además, la humillación pública que supone este rechazo tras la reunión en Moncloa afecta directamente a la imagen del presidente, debilitando su liderazgo y capacidad de negociación.
La reforma judicial era vista como un paso necesario para mejorar la eficiencia y transparencia del sistema, por lo que su paralización genera incertidumbre sobre el futuro de la justicia en España.
El conflicto también abre el debate sobre la influencia que los partidos independentistas ejercen en el gobierno central y hasta qué punto condicionan las políticas nacionales.
En definitiva, la negativa de Puigdemont a apoyar la Ley Bolaños es un claro recordatorio de que la política española sigue marcada por profundas divisiones y una compleja red de intereses que dificultan la toma de decisiones.

El presidente Sánchez deberá replantear su estrategia y buscar nuevas vías para reconstruir alianzas y avanzar en sus reformas pendientes.
El escenario político se presenta complicado, y la capacidad de diálogo y compromiso será clave para evitar una mayor fragmentación del bloque de investidura.
Por ahora, Puigdemont ha demostrado que mantiene un poder significativo para influir en la agenda política nacional, y que no dudará en usarlo para defender sus intereses.
Este episodio marca un antes y un después en la relación entre el gobierno central y los partidos independentistas, con consecuencias que podrían extenderse más allá de la reforma judicial.

En conclusión, la Ley Bolaños queda paralizada y Pedro Sánchez enfrenta una humillación política que pone en riesgo la estabilidad de su gobierno.
La política española vive momentos convulsos y el futuro inmediato dependerá de cómo se gestionen estas tensiones.
La ciudadanía observa con atención y espera que los líderes encuentren soluciones que permitan avanzar sin sacrificar la gobernabilidad ni la justicia.
Solo el tiempo dirá si este enfrentamiento será un punto de inflexión o el preludio de una crisis mayor en el panorama político español.