¡Impactante y trágico! El mundo del periodismo llora a Javier Cid, el colaborador estrella de Sonsoles Ónega: “¿Quién apagó la voz que iluminaba la verdad?”
La mañana del viernes trajo consigo una noticia que nadie esperaba y que ha dejado en shock a todo el mundo del periodismo y la televisión española.
Javier Cid, periodista y colaborador habitual del programa “Y Ahora Sonsoles” presentado por Sonsoles Ónega en Antena 3, fue hallado sin vida en su domicilio.
Su repentina muerte ha conmocionado a compañeros, amigos y seguidores, quienes hoy lamentan la pérdida de una voz única y comprometida.
Javier Cid tenía tan solo 46 años, pero su trayectoria profesional era extensa y llena de logros.

Natural de Zamora, se había convertido en un referente dentro del periodismo contemporáneo.
Su presencia en tertulias televisivas, especialmente en el magazín vespertino de Antena 3, donde compartía espacio con figuras como Esther Doña y Carlos Pérez Jimeno, le otorgó un lugar privilegiado en la opinión pública.
Sin embargo, su carrera no se limitó a la televisión; también tuvo destacadas participaciones en programas como “La Sexta Explica” y “Buenos Días Madrid”, mostrando siempre una versatilidad y compromiso admirables.
La noticia fue dada en directo por su compañera Peppa Romero, quien no pudo contener la emoción al comunicar el fallecimiento de Javier.
En sus palabras, resaltó la elegancia profesional del periodista, su incansable defensa de los derechos del colectivo LGTBI y el afecto que siempre transmitía a quienes lo rodeaban.

“Tenemos que terminar con una triste noticia para la profesión, para el mundo del periodismo.
Nuestro compañero Javier Cid ha fallecido.
Destacó con elegancia en todos los ámbitos periodísticos a los que se dedicó.
Siempre se sintió especialmente orgulloso por su labor en defensa de los derechos LGTBI”, expresó Romero con evidente tristeza.
El cuerpo sin vida de Javier fue encontrado en su domicilio el pasado viernes, aunque por el momento las causas de su fallecimiento no han sido reveladas oficialmente.

Esta incertidumbre añade una capa más de misterio y dolor a la ya devastadora noticia.
Apenas semanas antes, el periodista había compartido en sus redes sociales imágenes de unas vacaciones en el Amazonas, mostrando vitalidad, entusiasmo y una energía que ahora parece tan lejana.
A lo largo de más de dos décadas, Javier Cid desarrolló una carrera prolífica que abarcó desde el reportaje hasta la dirección de suplementos periodísticos.
Además, fue un escritor talentoso, autor de obras como Diario de Martín Lobo y Llamarás un domingo por la tarde, donde plasmó parte de su visión sobre la vida y la sociedad.
Su compromiso con la justicia social y la igualdad se reflejaba no solo en su trabajo periodístico, sino también en su activismo.

En 2019, Javier recibió el prestigioso premio Alan Turí, un reconocimiento a su incansable lucha en favor de los derechos del colectivo LGTBI.
Este compromiso estaba profundamente ligado a sus propias experiencias personales, ya que en su infancia sufrió bullying por su orientación sexual.
Convertir el dolor en fuerza fue una constante en su vida, y eso lo convirtió en un referente para muchos que veían en él un ejemplo de valentía y autenticidad.
Las redes sociales se han inundado de mensajes de condolencia y tributo.
Periodistas, escritores y amigos han expresado su dolor y admiración, destacando la lucidez, el humor y el talento infinito de Javier para contar historias que tocaban el corazón y la conciencia de la audiencia.

Para muchos, su voz era una luz en un mundo a menudo opaco, y su partida deja un vacío imposible de llenar.
El periodismo español despide hoy a una de sus voces más brillantes e irrepetibles.
Javier Cid no solo fue un profesional excepcional, sino también una persona que supo combinar la pasión por la verdad con un profundo respeto por la dignidad humana.
Su legado perdurará en las páginas que escribió, en las historias que narró y en las vidas que tocó.
Pero más allá del homenaje y el duelo, esta tragedia invita a reflexionar sobre la presión y las dificultades que enfrentan quienes trabajan en el mundo de la comunicación.

¿Qué hay detrás del rostro público de un periodista que parece tenerlo todo?
¿Qué silencios y batallas internas permanecen ocultos tras el brillo de las cámaras y las luces del plató?
La muerte de Javier Cid, aún envuelta en misterio, es un recordatorio brutal de que las apariencias pueden engañar y que la salud mental es un tema que debe abordarse con urgencia en todos los ámbitos.
Mientras tanto, sus compañeros de Sonsoles Ónega y el equipo de “Y Ahora Sonsoles” han anunciado que dedicarán el próximo programa a su memoria, intentando honrar su legado y compartir con la audiencia quién fue realmente Javier Cid, más allá del periodista y el activista.
La emoción y el respeto serán los protagonistas de ese encuentro, un momento necesario para recordar y despedir a alguien que fue mucho más que un colaborador: fue un amigo, un luchador y una inspiración.
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En definitiva, la pérdida de Javier Cid es una herida abierta en el corazón del periodismo español.
Su vida y obra seguirán siendo un faro para quienes creen en la palabra como herramienta de cambio y en la justicia como objetivo ineludible.
Que su recuerdo no se apague, que su voz siga resonando y que su lucha inspire a nuevas generaciones.
Porque en un mundo donde la verdad a menudo se oculta, Javier Cid fue la luz que no se dejó apagar.
Y aunque ya no esté entre nosotros, su legado es eterno.

¿Quién podrá llenar ese vacío?
Quizás nadie.
Pero su historia, su lucha y su esencia quedarán para siempre grabadas en la memoria colectiva.
Y mientras algunos se preguntan qué pasó realmente, otros simplemente lloran la pérdida de un hombre que, con su pluma y su voz, hizo del periodismo un arte y una causa.
Descansen en paz, Javier.
Tu historia apenas comienza a contarse.